Irán arde: protestas, represión brutal y el juego político de Estados Unidos

Mientras cientos mueren en las calles iraníes por la represión del régimen, Trump sugiere negociaciones. ¿Cambio de estrategia o manipulación geopolítica?

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La presión del pueblo versus la brutalidad del régimen

Irán afronta una de sus mayores crisis internas desde las protestas del movimiento Verde en 2009. En un contexto marcado por la represión violenta, la censura informativa y un colapso económico, miles de iraníes han salido a las calles para manifestarse contra el gobierno teocrático liderado por el ayatolá Alí Jamenei.

Las protestas comenzaron el 28 de diciembre, inicialmente debido al colapso del rial iraní —que actualmente cotiza a más de 1.400.000 por cada dólar estadounidense— pero rápidamente evolucionaron hacia una denuncia abierta al sistema político-religioso del país. Según la organización Human Rights Activists News Agency (HRANA), con sede en Estados Unidos, la represión ya ha dejado al menos 544 muertos, de los cuales 496 eran manifestantes y 48 miembros de las fuerzas de seguridad. Además, se estima que más de 10.600 personas han sido arrestadas.

Censura total: Irán se desconecta del mundo

Uno de los factores clave de la represión ha sido el bloqueo casi total del internet en Irán. El gobierno ha cortado líneas telefónicas y censurado medios sociales, dejando a los manifestantes prácticamente incomunicados con el exterior.

Esta táctica no sólo reduce la visibilidad internacional de la situación, sino que también empodera a los sectores más duros del aparato represor del régimen. En contextos similares, como en 2019 durante las protestas por el aumento del precio del combustible, la represión alcanzó un horizonte de violencia que incluyó francotiradores y asesinatos en masa.

Trump y la estrategia de la amenaza

En medio de este contexto represivo, el expresidente estadounidense Donald Trump ha declarado que “Irán llamó, quieren negociar”. Sin embargo, lo más controvertido es que estas palabras vienen acompañadas de amenazas directas de acción militar. Trump declaró desde el Air Force One:

“Si ellos se atreven, los golpearemos a niveles que nunca antes han sido golpeados”.

Según fuentes de la Casa Blanca, EE. UU. considera una gama de respuestas que incluye desde ciberataques hasta ataques militares directos —incluso con posible participación israelí—. Lo cierto es que estas amenazas elevan peligrosamente la tensión en la región.

¿Negociaciones reales o distracción estratégica?

Desde la perspectiva de Washington, cualquier negociación con Irán exige condiciones claras: desmantelamiento del programa nuclear, suspensión del desarrollo de misiles balísticos y detención de su apoyo a milicias armadas en Siria, Irak y Líbano. Pero el régimen iraní, acorralado pero firme, insiste en que su arsenal es “fundamental para su defensa nacional”.

Entonces, ¿qué tan reales son estas supuestas llamadas para negociar? Existen dudas fundadas sobre si Irán realmente tomó la iniciativa o si esta narrativa es una estrategia discursiva de Trump para justificar futuras acciones militares.

La calle versus la teocracia: movilización pro-régimen

En respuesta a las protestas, el gobierno iraní también ha convocado manifestaciones masivas a favor del régimen. Las cámaras de la televisión estatal mostraron a miles coreando “¡Muerte a América!” y “¡Muerte a Israel!”, lo que evidencia que el gobierno busca reafirmar su legitimidad a través de demostraciones organizadas de respaldo popular.

Sin embargo, muchos analistas sugieren que estas manifestaciones son parte de un teatro político. En un país donde expresar disidencia puede costar la vida o la prisión indefinida, asistir a una marcha oficialista puede ser una forma de sobrevivir o simplemente una obligación emitida por las autoridades religiosas o educativas.

El miedo como arma: mensajes de advertencia a la población

La policía iraní ha enviado mensajes de texto masivos a los iraníes advirtiendo sobre el peligro de participar en las protestas. Uno de estos mensajes decía:

“Dado la presencia de grupos terroristas y armados en algunas reuniones, se tomará una política de cero tolerancia. Se recomienda a las familias cuidar de sus jóvenes”.

Otro mensaje, esta vez atribuido a la Guardia Revolucionaria, fue aún más explícito:

“Queridos padres, limiten la presencia en las calles para evitar daño a sus hijos. Cooperar con mercenarios terroristas es traición a la patria”.

Este tipo de comunicación tiene un claro objetivo: sembrar el miedo en la población y desmovilizar las protestas ciudadanas.

Diplomacia en la sombra: el rol de Omán

Otro actor clave en esta historia es Omán, país que ha servido como canal oficioso de comunicación entre Teherán y Washington desde el gobierno de Barack Obama. Recientemente, el canciller omaní visitó Irán, avivando especulaciones sobre una plataforma de negociaciones secretas.

Omán fue fundamental para el acuerdo nuclear de 2015, también conocido como el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA por sus siglas en inglés), del cual Trump se retiró unilateralmente en 2018, lo que reavivó la tensión entre ambas naciones.

Geopolítica de la protesta: ¿utiliza EE. UU. los derechos humanos como excusa?

Indudablemente, la represión en Irán es condenable y merece la atención internacional. Sin embargo, la historia demuestra que la política exterior de EE. UU. ha utilizado recurrentemente la bandera de los derechos humanos como justificación para intervenir militarmente o imponer sanciones políticas y económicas.

Desde Irak en 2003 hasta Libia en 2011, la narrativa humanitaria ha sido instrumentalizada para propósitos geoestratégicos. ¿Está ocurriendo lo mismo con Irán?

El dilema moral de la acción militar

Una posible intervención militar estadounidense podría empeorar la situación del pueblo iraní. La historia reciente de Oriente Medio muestra que las intervenciones externas suelen derivar en conflictos prolongados, destrucción de infraestructura y, en muchos casos, caos político que da lugar a nuevos extremismos (como fue el caso de ISIS en Irak y Siria).

¿Realmente una intervención ayudaría a los manifestantes o reforzaría el poder del régimen bajo la excusa del enemigo externo?

La figura envejecida del ayatolá Jamenei

El ayatolá Alí Jamenei, con 86 años de edad, se enfrenta quizás al momento más álgido de su liderazgo supremo. Sucesor de Jomeini y líder de facto del país desde 1989, su figura representa la continuidad de un sistema que ha resistido guerras, sanciones, reformas políticas fallidas y múltiples olas de protesta.

Hoy, se encuentra ante un dilema de supervivencia del régimen: reformar o reprimir. Y hasta ahora, ha optado por lo segundo.

¿Qué sigue para Irán?

  • Continúa la represión: Si el régimen mantiene su retórica de fuerza, las protestas podrían convertirse en una revuelta generalizada o incluso en una guerra civil a largo plazo.
  • Presión internacional: Las organizaciones de derechos humanos piden sanciones más severas y mediación vía ONU.
  • Hipótesis de negociación: Si realmente se abren canales diplomáticos, podrían marcar el principio de una nueva etapa.

Mientras tanto, los iraníes siguen poniendo el cuerpo en las calles, en una lucha desproporcionada pero simbólicamente poderosa, contra uno de los regímenes más opresivos del mundo contemporáneo.

La historia nos observa, y el mundo no puede mirar hacia otro lado.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press