La bala y la cámara: ¿quién narra la historia cuando la violencia policial vuelve a escena?
Del caso George Floyd al asesinato de Renee Good, el rol de los videos, la política polarizada y la desconfianza digital están reescribiendo el debate sobre el uso de la fuerza policial en Estados Unidos
Cinco años después del asesinato de George Floyd a manos de un oficial de policía en Minneapolis, Estados Unidos se ve envuelto en otro caso similar que pone en tela de juicio la actuación de las fuerzas de seguridad. Esta vez, las imágenes no muestran una rodilla inmovilizando a un hombre durante más de nueve minutos, sino los segundos finales de vida de Renee Good, una mujer que murió dentro de su SUV tras recibir disparos de un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).
La historia como espectáculo: imágenes, interpretación y manipulación
En 2020, el video de la muerte de George Floyd se convirtió en una suerte de catalizador de un movimiento social global. El propio New York Times lo calificó en su momento como un ‘evento definitorio’ de nuestra era moderna. Miles de personas salieron a las calles, surgieron campañas encabezadas por #BlackLivesMatter y se abrió un necesario pero espinoso debate sobre el racismo institucional.
Hoy, las circunstancias que rodean el caso de Renee Good también están siendo grabadas y compartidas masivamente. Sin embargo, el contexto y el impacto son visiblemente diferentes. Lo que para algunos es una evidencia de brutalidad, para otros es una justificación de defensa.
El problema, según Duy Linh Tu, documentalista y profesor de la Universidad de Columbia, es que “los videos pueden mostrar hechos irrefutables —una mujer fue baleada por un agente—, pero no pueden mostrar la intención”. ¿Estaba Renee Good intentando agredir al agente? ¿Fue un acto de defensa desproporcionado?
Las versiones enfrentadas: ¿quién crea la narrativa?
La administración Trump no tardó en ofrecer su versión: Renee Good era, según palabras del Secretario de Seguridad Nacional, Kristi Noem, una "terrorista doméstica". El argumento fue que quiso arrollar al agente con su vehículo. El presidente Donald Trump y el vicepresidente JD Vance defendieron la actuación del agente Jonathan Ross basándose en esa hipótesis.
Por otro lado, el alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, desestimó esa afirmación con un exabrupto ante la prensa. Grupos de derechos civiles y representantes demócratas, como Chuck Schumer, pusieron el grito en el cielo: "¿Cómo puede alguien mirar ese video y creer que lo que dice JD Vance es correcto? La administración está mintiendo".
Los múltiples ángulos no traen claridad
En la era de los smartphones y las redes sociales, los hechos ya no están acompañados por una sola toma. Videos desde distintos ángulos circulan por plataformas como X (anteriormente Twitter), TikTok y Truth Social. Pero lejos de lograr un consenso, estos ángulos han fragmentado aún más la opinión pública.
¿Qué vemos cuando vemos algo? Un análisis forense del New York Times afirma que “en un video parece que el agente es golpeado por el SUV, pero al sincronizarlo con otra grabación se ve que no es arrollado”. El Washington Post, por su parte, indicó que “no queda claro si el vehículo efectivamente impactó al agente Ross”.
El debate se vuelve kafkiano: hay quienes creen ver una agresión, otros interpretan que el agente estaba en peligro y algunos simplemente ven una ejecución a sangre fría. La conclusión del periodista David Bauder es contundente: “Más ángulos no significan más claridad”.
IA, desinformación y erosión de la confianza
En 2020, cuando la imagen de Chauvin sobre el cuello de Floyd se viralizó, el video fue visto como una prueba incuestionable. Hoy, sin embargo, la inteligencia artificial ha cambiado las reglas del juego. Según la profesora Francesca Dillman Carpentier, especialista en medios en la Universidad de Carolina del Norte, “ahora puedes ver un video y no saber con certeza si es auténtico. La IA no está ayudando en absoluto”.
BBC Verify reportó que antes de que el agente Ross fuera identificado, ya circulaban imágenes falsas en redes especulando su apariencia. También se propagó un video manipulado de una protesta en Minneapolis que nunca ocurrió. Esto forma parte de una alarmante tendencia: la proliferación de imágenes falsas que alteran la realidad y condicionan la opinión pública.
Una opinión pública cada vez más cauterizada
En un estudio publicado en la Houston Law Review, la académica Angela Onwuachi-Willig argumenta que el video de Floyd provocó un "epifanía cultural" sobre el racismo, pero con el tiempo su impacto fue menguando, especialmente entre la población blanca. Las políticas recientes del gobierno de Trump, que incluyen la revocación de programas de diversidad, parecen confirmar esa disminución del impulso transformador.
De acuerdo con Carpentier, hoy el público está más desensibilizado ante la violencia: “Ahora la gente está acostumbrada a ver muertes, tiroteos y agresiones en cámara, y muchas veces ya no genera la misma reacción emocional”.
¿Justicia o espectáculo mediático?
La muerte de George Floyd desencadenó una ola de reformas en departamentos policiales, promesas legislativas y protestas multitudinarias. Pero según Kelly McBride, experta en ética periodística del Instituto Poynter, el caso de Good demuestra un cambio significativo: “Las personas que ahora escriben la narrativa cultural del tiroteo de Good tomaron notas del caso Floyd y están manejando la narrativa de manera distinta”.
La rapidez con la que se difundieron las imágenes fue superada por la forma calculada en la que ciertos actores políticos intentaron dominar la interpretación pública. A diferencia de hace cinco años, la polarización ideológica ha invadido también la percepción de la imagen. Pareciera que los hechos ya no importan tanto como su versión.
Lo que está en juego
La pregunta no es solo si se justifica o no un disparo, sino quién controla el relato y qué herramientas tienen para moldear la percepción pública. Con el avance de la inteligencia artificial, la manipulación de contenidos y las versiones políticas enfrentadas, el video deja de ser una prueba objetiva y se convierte en un arma retórica.
La historia de Renee Good, a diferencia del caso Floyd, no parece destinada a encabezar una revolución social, pero sí podría marcar un antes y un después en cómo la tecnología, los medios y la política redactan en conjunto la verdad.
Y en este nuevo escenario, donde la verdad es cada vez más relativa, quizás sea más difícil que nunca saber realmente lo que ocurrió.
¿Y tú, qué ves cuando ves el video?
