La marcha de la paz en Estados Unidos: Monjes budistas, mindfulness y un perro llamado Aloka

Un viaje de 3.700 km por el sur de EE. UU. que une espiritualidad, sacrificio y esperanza

Desde Texas hasta Washington D.C., un grupo de 18 monjes budistas ha emprendido una travesía espiritual por las carreteras estadounidenses con un mensaje simple pero poderoso: paz. Esta caminata, que comenzó el 26 de octubre de 2025 y culminará en febrero de 2026 frente al Congreso de EE. UU., no tiene como fin la conversión religiosa ni la notoriedad mediática, sino más bien sembrar semillas de calma interior y conciencia plena en tiempos de división social.

Una peregrinación moderna sobre tierra dividida

Vestidos con túnicas azafrán y ocre, los 18 monjes caminan en fila india por caminos rurales y autopistas, acompañados por su perro rescatado, Aloka. Son exponentes del budismo Theravāda, una rama tradicionalmente más común en el Sudeste Asiático. En esta misión, pretenden conectar con los estadounidenses a un nivel profundo, más allá de ideologías o credos.

El líder de la caravana, el Venerable Bhikkhu Pannakara, lo resume con humildad:

“Mi esperanza es que cuando esta caminata termine, las personas que conocimos continúen practicando la atención plena y encuentren la paz”,

Afirma mientras camina descalzo, como parte de su práctica de estar presente y conectar con cada paso.

El símbolo silencioso: Aloka, el perro guía de luz

Aloka, cuyo nombre significa “luz divina” en sánscrito, no es solo una mascota de viaje. Fue un perro callejero que se unió a los monjes en una caminata previa por India en 2022. Pasó de seguidor casual a símbolo viviente de lealtad, persistencia y sanación. En un punto del trayecto, Aloka enfermó gravemente, y fue el mismo Pannakara quien lo cuidó hasta su recuperación.

Desde entonces, Aloka se ha convertido en una fuente de inspiración para los monjes. Su presencia, ahora ampliamente documentada en redes sociales, ha captado la atención de millones.

Una travesía de dolor físico y sanación emocional

El viaje no ha estado exento de pruebas físicas. Ya se han recorrido más de 2.000 kilómetros, atravesando seis estados sureños. A lo largo del camino, los pies del Venerable Pannakara se han lesionado por clavos, piedras y vidrio. Su caminar descalzo es una forma de reforzar la conexión con el sufrimiento del mundo y con cada paso meditativo consciente.

Pero no solo los monjes reciben. La caminata ha servido como bálsamo para muchas personas que buscan sanar sus heridas personales. Audrie Pearce condujo más de cuatro horas para verlos en Saluda, Carolina del Sur:

“Miré a sus ojos y vi paz. Ellos están atravesando un tormento físico, y aún así irradian serenidad.”

Recibiendo hospitalidad en cada paso

La hospitalidad que han recibido ha sido abrumadora. En Opelika, Alabama, el reverendo Patrick Hitchman-Craig abrió las puertas de su iglesia metodista para que los monjes pasaran la Nochebuena. Esperaba unas pocas decenas de personas. Llegaron mil.

“Parecían los Magos de Oriente, pero budistas. Cualquier persona que trabaje por la paz mundial de forma pública y sacrificial, está cerca del corazón de Jesús”, comentó Hitchman-Craig.

En la granja Collins de Cusseta, Alabama, más de 200 personas se presentaron, la mayor reunión jamás vista en ese terreno.

“Había una calidez y sentido de comunidad entre personas que nunca antes se habían visto, y eso fue muy especial”,

expresó Judy Collins Allen, miembro de la familia anfitriona.

Un objetivo claro: reconocer el Día de Vesak

Al llegar a Washington, D.C., los monjes solicitarán al Congreso de EE. UU. que reconozca el Día de Vesak —la fecha en que se conmemora el nacimiento, iluminación y muerte de Buda— como feriado federal. Según Long Si Dong, portavoz del templo de Fort Worth desde donde partió la caminata:

“Hacerlo representaría un día de reflexión, compasión y unidad para todas las personas, más allá de su fe.”

Sin embargo, Pannakara insiste: este no es un viaje de proselitismo religioso. El objetivo es despertar una conciencia colectiva del poder del silencio, la caminata y la atención plena.

Una tradición reciente, pero con profundas raíces

Becki Gable, una mujer de Alabama, condujo casi 400 millas para encontrarlos. Su intención: romper el ciclo de dolor tras la pérdida de su hija y sus padres.

“Sentí que esto me ayudaría a encontrar paz. Ya he adoptado una enseñanza de Bhikkhu Pannakara: cada mañana, apenas despierto, escribo cinco palabras: ‘Hoy es mi día pacífico’.”

Este tipo de caminatas no son nuevas dentro del budismo Theravāda. Según Brooke Schedneck, profesora de Religión en Rhodes College en Tennessee, el Venerable Maha Ghosananda ya lideró caminatas de paz durante los años 90 en Camboya, en medio de zonas infestadas de minas, después del genocidio y la guerra civil. Su misión fue de sanación nacional.


Una potente presencia digital

El viaje de los monjes, incluyendo a Aloka, ha alcanzado millones de visualizaciones en redes sociales. Videos, transmisiones en vivo y publicaciones han convertido la meditación caminante en una especie de espectáculo viral —aunque su propósito es radicalmente opuesto a la entretención superficial.

Con cada paso, y en el silencio de su andar, estos hombres demuestran cómo la acción silenciosa puede movilizar emociones, atención y esperanza colectiva, especialmente en tiempos de ruido ensordecedor social y político.

El impacto invisible del mindfulness

Los monjes practican meditación Vipassanā, una técnica antigua enseñada por el mismo Buda. Es el arte de observar sin juicio las sensaciones corporales y respirar profundo para entender la impermanencia y el sufrimiento.

En un mundo donde las redes atacan nuestra atención a cada segundo, este viaje plantea una contraofensiva lenta pero poderosa: la mente reposada, la caminata sin prisa, el silencio que enseña.

En palabras del propio Bhikkhu Pannakara:

“Podremos atravesar Estados y kilómetros, pero la verdadera travesía es hacia adentro.”
Este artículo fue redactado con información de Associated Press