Trump, Cuba y Venezuela: una nueva era de confrontación política
El expresidente estadounidense reinventa su cruzada contra la isla caribeña tras la caída de Maduro y pone en jaque la débil economía cubana
Un nuevo capítulo latinoamericano en la narrativa de Trump
Donald Trump ha vuelto a colocarse en el ojo de la tormenta geopolítica. Desde su residencia en West Palm Beach, Florida, el expresidente lanzó una amenaza directa al gobierno cubano luego de la captura de Nicolás Maduro en una operación liderada por fuerzas estadounidenses. La advertencia no deja lugar a dudas: “¡NO HABRÁ MÁS PETRÓLEO NI DINERO PARA CUBA – CERO!”
La posición de Trump hace eco de un enfoque que ha tenido durante toda su administración y que podría anticipar una reanudación de su beligerancia diplomática si regresa al poder. Este enfoque vincula directamente la seguridad energética de Cuba con su involucramiento con el régimen venezolano, a la vez que sugiere una nueva ofensiva diplomática, económica e incluso militar.
La interdependencia Cuba–Venezuela: ¿una relación rota?
Durante más de dos décadas, Cuba se ha beneficiado de los recursos venezolanos, particularmente el petróleo. A cambio, el régimen de la isla ofrecía servicios de inteligencia y cooperación militar en Venezuela.
Cuando Hugo Chávez llegó al poder en 1999, esta relación se institucionalizó, y bajo Maduro se intensificó aún más. Según datos de la empresa estatal venezolana PDVSA, en su punto máximo, Venezuela enviaba hasta 100,000 barriles de petróleo al día a Cuba.
Pero esta alianza comenzó a tambalearse frente a las sanciones internacionales y el colapso de la producción venezolana. Con la captura de Maduro, Cuba pierde a su principal proveedor y aliado estratégico. Y ahora, la presión directa de Washington amenaza con asfixiar aún más a la ya desgastada economía cubana.
Las bajas cubanas en Caracas: ¿una intervención encubierta?
El gobierno cubano confirmó que 32 de sus agentes murieron durante la captura de Maduro. Se trata de personal vinculado al Ministerio del Interior y las Fuerzas Armadas Revolucionarias, presentes en Caracas como parte de un acuerdo bilateral de cooperación en seguridad desde principios de los 2000.
Esta revelación es clave porque subraya el nivel de involucramiento directo de Cuba en el aparato de defensa de Maduro. Y otorga a Trump una justificación más sólida para intensificar su retórica y, tal vez, imponer sanciones aún más duras.
Trump recurre al estilo “America First” contra el Caribe
Trump no solo celebró la derrota del régimen venezolano, sino que afirmó tajantemente: “Venezuela ya no necesita protección de los matones y extorsionadores. Ahora la tiene Estados Unidos, el ejército más poderoso del mundo.”
A lo largo de su mandato, Trump convirtió la crisis venezolana en bandera política. En el año 2019, impulsó junto a su entonces asesor de seguridad John Bolton la fallida operación para reconocer a Juan Guaidó como presidente interino, y en 2020, ofreció una recompensa de $15 millones por la captura de Maduro. Su retórica siempre ha buscado deslegitimar a regímenes que considera “enemigos” de la libertad: Cuba, Venezuela, Irán y Corea del Norte.
En este nuevo episodio, el expresidente vuelve a personificar el conflicto y capitaliza políticamente el colapso del chavismo. Incluso llegó a celebrar en redes sociales una publicación que especulaba con que su secretario de Estado, Marco Rubio, podría ser el futuro presidente de Cuba. “Me parece bien”, escribió Trump.
La economía cubana al borde del colapso
Cuba ya atravesaba una de sus peores crisis económicas desde el periodo especial (1991–2000), tras la caída de la URSS. Los apagones han sido constantes, los alimentos escasean, y las colas en gasolineras suelen durar horas. El desabastecimiento, sumado a la inflación galopante, ha generado descontento en la población.
Según cifras del Banco Central de Cuba, el PIB decreció más del 11% entre 2020 y 2021, y no ha logrado recuperarse desde entonces. El corte definitivo del petróleo venezolano complicará aún más la operativa energética nacional. Cuba importa más del 60% del combustible que consume, y si antes contaba con Caracas, ahora se encuentra sin respaldo.
Trump lo resumió así: “Cuba se irá a pique. Está contra las cuerdas.”
¿Guerra fría 2.0? El ajedrez geopolítico latinoamericano
Este episodio se produce en medio de una reconfiguración de alianzas en América Latina. Regresan los liderazgos de izquierda como Lula da Silva en Brasil o Gustavo Petro en Colombia, mientras la derecha se reorganiza en otros países. En este contexto, Estados Unidos vuelve a apostar por el intervencionismo clásico, reviviendo tensiones propias de la Guerra Fría.
La estrategia de Trump no es nueva: debilitar a los aliados de Rusia y China en el hemisferio occidental, mientras fortalece gobiernos alineados con Washington. La ofensiva contra Cuba también puede entenderse en esta lógica. Además, podría ser una carta electoral si decide postularse nuevamente en 2024, consolidando su capital político entre exiliados cubanos en Florida, una base clave del voto republicano.
Marco Rubio y la hipótesis del nuevo “líder cubano”
Uno de los guiños más provocadores de Trump fue apoyar la idea de que su secretario de Estado, Marco Rubio, llegue a ser presidente de Cuba. Rubio, de origen cubano, ha sido uno de los halcones más activos del Senado estadounidense en temas de política exterior para América Latina.
Sus propuestas han incluido bloquear remesas a Cuba, restringir los viajes, y sancionar a funcionarios del régimen por violaciones a los derechos humanos. El hecho de que Trump respalde tal idea, aunque sea de manera simbólica, puede ser visto como un anticipo de una campaña ideológica más agresiva contra el actual gobierno cubano.
Escenario regional: ¿quién tomará el liderazgo?
Con Maduro fuera del tablero y Cuba debilitada, queda la incógnita sobre qué país tomará el liderazgo ideológico en la región. México, bajo Andrés Manuel López Obrador, ha tratado de permanecer al margen de los conflictos, aunque en ocasiones se ha expresado en solidaridad con Cuba y Venezuela. Brasil, bajo Lula, puede buscar una mediación.
Pero es Estados Unidos quien ha dado el primer golpe. Al intervenir directamente y capturar a Maduro, Washington no solo eliminó un eslabón de la cadena bolivariana, sino que envió un mensaje: cualquier país que respalde dictaduras pagará un precio alto.
Una oportunidad perdida: el silencio de Europa y la ONU
Mientras Trump lanza amenazas y se celebra en redes sociales, ni la Unión Europea ni las Naciones Unidas han emitido comunicados contundentes sobre la operación militar en Venezuela ni sobre las posibles consecuencias para Cuba. El silencio puede interpretarse como aprobación tácita, o como una señal de que nadie desea interferir con la narrativa hoy dominante en Washington.
Esto deja a Cuba más sola que nunca, con escaso margen para maniobrar diplomáticamente y sin apoyo logístico. La atención de Moscú está centrada en Ucrania, y Pekín, ocupado en sus propios desafíos económicos, no ha mostrado interés real en la isla caribeña.
¿Qué puede venir?
- Más sanciones económicas: Se espera una restricción mayor en envíos de remesas, transacciones bancarias y acceso a créditos internacionales.
- Deserciones dentro del régimen cubano: Si aumenta la presión interna y empeora la situación económica, podría haber fracturas políticas.
- Refugio de ex funcionarios venezolanos en Cuba: La isla podría convertirse en un santuario para antiguos aliados de Maduro, como lo fue para miembros de la RDA tras la caída del Muro de Berlín.
- Una nueva ola migratoria: Ante el colapso económico, podría producirse un aumento en los flujos migratorios hacia EE.UU., especialmente por la frontera con México y por mar hacia Florida.
¿Es este el fin del castrismo?
No sería la primera vez que se pronostica el “fin del régimen cubano”. Lo cierto es que ha sobrevivido a la caída del bloque soviético, al endurecimiento del bloqueo estadounidense y a incontables crisis internas. Sin embargo, el momento actual es distinto. Nunca antes la isla había estado tan vulnerable, sin aliados claros, con una economía devastada y con una amenaza directa desde Washington.
La historia de Cuba ha sido una de resistencia, pero también de aislamiento. Lo que está en juego esta vez no es solo la permanencia del régimen, sino la posibilidad de un cambio radical. Y Trump, como suele hacer, ha encendido la mecha.