Canadá, China y el ocaso del romance comercial con EE.UU.: una nueva era en la política exterior canadiense
El primer ministro Mark Carney encabeza un ambicioso intento de renovar las relaciones con China mientras se distancia de su aliado histórico, Estados Unidos.
El giro geoestratégico de Canadá: entre tensiones con EE.UU. y el abrazo a China
En un momento histórico para la diplomacia canadiense, el primer ministro Mark Carney ha iniciado un viaje diplomático a China, lo que representa la primera visita de un jefe de gobierno canadiense al gigante asiático en casi una década. El objetivo: reparar las relaciones bilaterales, sacudidas en los últimos años, y construir una economía menos dependiente del volátil vecino del sur, Estados Unidos.
“En tiempos de disrupción global del comercio, Canadá está centrada en construir una economía más competitiva, sostenible e independiente”, declaró Carney antes de volar a China. Y añadió: “Estamos forjando nuevas alianzas alrededor del mundo para transformar nuestra economía, dejando atrás la dependencia de un único socio comercial”.
Las heridas de un viejo vínculo: Canadá se replantea su relación con EE.UU.
Estados Unidos ha sido históricamente el mayor socio comercial de Canadá, con un flujo comercial de más de US$ 750.000 millones anuales. Sin embargo, bajo las políticas arancelarias recientes del expresidente Donald Trump —quien impuso tarifas a productos como acero, aluminio y vehículos eléctricos— esa relación ha caído en un terreno espinoso. Trump incluso llegó a sugerir que Canadá podría convertirse en “el estado 51” de EE.UU., desatando una ola de preocupación en la clase política canadiense.
Estas tensiones han llevado a una profunda revisión de la estrategia de política exterior canadiense. El objetivo del gobierno de Carney es claro: duplicar las exportaciones no dirigidas a Estados Unidos en los próximos 10 años.
La diplomacia del pragmatismo: el nuevo enfoque hacia China
La relación entre Canadá y China estuvo marcada por una confrontación amarga desde 2018, cuando Canadá detuvo a Meng Wanzhou, alta ejecutiva de Huawei, a pedido de Washington. En respuesta, China arrestó a dos ciudadanos canadienses, Michael Kovrig y Michael Spavor, acusándolos de espionaje. Este impasse solo se resolvió en 2021, con un acuerdo tripartito que permitió la liberación de los tres.
Desde entonces, las tensiones comerciales no han cesado completamente. Canadá ha impuesto aranceles del 100% a los vehículos eléctricos chinos y del 25% al acero y aluminio. China respondió con represalias contra el canola, mariscos y carne de cerdo canadienses.
Pero ahora, con la visita de Carney, Beijing ha expresado cauteloso optimismo. El diario estatal Global Times llamó al viaje “un nuevo punto de partida” y pidió que Ottawa levante las restricciones “irrazonables”.
¿Puede Canadá realmente liberarse del abrazo estadounidense?
Los expertos internacionales advierten sobre las limitaciones estructurales de una autonomía canadiense plena. Zhu Feng, decano de la Facultad de Estudios Internacionales de la Universidad de Nanjing, señaló que “la visita de Carney refleja un espacio nuevo para el desarrollo de las relaciones entre China y Canadá, en medio del proteccionismo estadounidense”.
No obstante, advirtió: “No debemos sobrevalorar este acercamiento. Canadá sigue siendo un aliado histórico de EE.UU., con el que comparte una profunda herencia cultural y geográfica”.
En sintonía con el mundo: Canadá no está sola en su estrategia de reapertura hacia China
Carney no es el único líder occidental que intenta reconfigurar la relación con China. Otros países también han empezado a suavizar sus posturas:
- En 2024, Australia levantó restricciones comerciales impuestas por Beijing, incluida la prohibición a las langostas australianas.
- El primer ministro británico Keir Starmer ha expresado su intención de visitar China, tras años de enfriamiento diplomático durante el mandato conservador.
- Hasta el propio Donald Trump ha anunciado su intención de visitar China en abril, en un intento visible de normalizar los vínculos tras la guerra comercial que desató entre 2018 y 2020.
Un cambio de timón tras el legado de Trudeau
Mark Carney asumió el liderazgo del país después de casi una década del mandato de Justin Trudeau. Si bien parte de la estrategia actual hereda la visión globalista de Trudeau, Carney ha endurecido su pragmatismo económico.
Bajo su mandato, la política exterior canadiense está centrada en expandir alianzas comerciales con Asia y Medio Oriente, reducir la dependencia estadounidense y relanzar negociaciones estancadas con potencias como India y la Unión Europea.
El frente diplomático con India: heridas y reconciliación
Uno de los momentos más complejos se vivió en 2024, cuando Canadá acusó a India de estar implicada en el asesinato de un activista sij en suelo canadiense. La tensión llevó a la expulsión de diplomáticos y congeló las negociaciones comerciales. Pero en junio se inició un deshielo: se restauraron servicios consulares, se retomó el diálogo diplomático, e incluso la canciller canadiense Anita Anand anunció la reanudación de las conversaciones para un acuerdo de libre comercio.
¿Qué significa todo esto para el ciudadano común canadiense?
La estrategia del gobierno apunta, sobre todo, a diversificar oportunidades económicas fuera de Norteamérica. Entre las prioridades están:
- Acceder a mercados asiáticos con alta demanda de proteínas animales, tecnología limpia y servicios financieros.
- Reducir la vulnerabilidad frente a medidas proteccionistas o decisiones unilaterales desde Washington.
- Fomentar la innovación tecnológica mediante colaboraciones con polos como Shenzhen, Seúl o Bangalore.
El comercio con China ya representa el segundo mayor flujo comercial para Canadá, alcanzando US$ 100.000 millones anuales. El nuevo objetivo oficial es elevar esa cifra un 50% para 2030.
¿Estamos ante el fin de una era comercial con EE.UU.?
Probablemente no. Pero sin dudas estamos en las postrimerías de la exclusividad. Estados Unidos, a pesar de sus desaires, sigue siendo el principal cliente y proveedor de Canadá. Más del 70% de las exportaciones canadienses siguen yendo a suelo estadounidense.
No obstante, el desgaste —ya visible en el plano político, comercial e incluso emocional— ha incentivado un viraje hacia un mundo multipolar, en el cual Ottawa busca no desaparecer entre gigantes, sino posicionarse como puente: entre aliados tradicionales y nuevas potencias emergentes.
¿Un equilibrio delicado o la nueva normalidad?
Carney tendrá que navegar las aguas convulsas del siglo XXI con inteligencia diplomática y visión estratégica. Una apertura excesiva a China podría tensar aún más las relaciones con Estados Unidos. Pero ignorar al gigante asiático implicaría perder oportunidades cruciales en comercio, inversión y tecnología. Encontrar el punto de equilibrio será el arte que defina una nueva doctrina canadiense.
En palabras del analista político canadiense Martin Lougheed: “Canadá está reescribiendo su narrativa exterior. Ya no se trata de elegir entre Washington o Beijing... sino de escribir las reglas para convivir con ambos”.
— Escrito por Redacción Mundo
