El alto costo de la arena: cómo Lagos se construye sobre la destrucción de sus comunidades pesqueras
El auge de las dragas alimenta el desarrollo urbano, pero desplaza a pescadores y agrava el riesgo de inundaciones en la megaciudad nigeriana
LAGOS, Nigeria — Bajo las imponentes estructuras de una autopista de ocho carriles que cruza la laguna de Lagos, decenas de hombres se sumergen con cubetas a cuestas. Bajo el agua revuelven el lecho, sacando arena húmeda y pesada que alimentará los proyectos de construcción en toda la ciudad. Es un trabajo agotador y peligroso, pero se ha convertido en el sustento diario de muchos que han sido expulsados del mar por una industria que, irónicamente, también transforma el paisaje costero que solía sostenerlos.
Una ciudad construida sobre su propia destrucción
Con una población que supera los 17 millones de habitantes, Lagos es el motor económico de Nigeria. Su rápida urbanización exige insaciablemente recursos, siendo la arena uno de los más críticos. Utilizada como insumo clave en la mezcla de concreto, Lagos consume decenas de millones de metros cúbicos de arena cada año. Para que nos hagamos una idea, esta cantidad equivale a llenar al menos 16.000 piscinas olímpicas.
Esta demanda ha impulsado el auge de las actividades de draga —extracción de arena del lecho de ríos y lagunas— de manera tanto formal como informal. Decenas de empresas registradas, además de miles de trabajadores independientes, se sumergen en las aguas con el objetivo de extraer arena que ahora se vende hasta en 290.000 nairas (unos 202 dólares) por cada camión de 30 toneladas cargado con lo que se conoce como "arena afilada" (sharp sand, en inglés), debido a su textura gruesa y espinosa, ideal para construir concreto resistente.
El precio humano del desarrollo urbano
Sin embargo, si bien esta actividad genera ingresos para trabajadores como Akeem Sossu, de 34 años —quien abandonó su labor como sastre para convertirse en buceador de arena—, la creciente operación de dragas ha transformado radicalmente el entorno marino. Las áreas de desove para peces en aguas poco profundas han desaparecido. Las embarcaciones pesqueras ahora deben aventurarse más lejos, asumiendo mayores riesgos y costos de combustible.
En Makoko, una de las comunidades pesqueras más antiguas de Lagos, lo que antes era una extensión acuática abierta está siendo rápidamente convertida en islotes arenosos y canalizaciones angostas. Los complejos lujosos que emergen sobre tierras ganadas al agua desplazan lentamente a las poblaciones tradicionales.
“Los dragados han arruinado toda el agua”, comenta con resignación Baale Semede Emmanuel, líder comunitario. “Donde hay dragado, no hay peces. El ruido los ahuyenta.”
Pescadores desplazados, nuevas ocupaciones forzadas
La crisis de sobreexplotación ha hecho que muchos pescadores abandonen su oficio ancestral. Uno de ellos es Joshua Monday, quien ahora se desempeña como mecánico de motores para barcos. “A veces vas al mar y regresas con las manos vacías. Todo el combustible se ha gastado”, dice.
Monday considera inviable la pesca debido al alto precio del combustible —hasta 150.000 nairas (104 dólares) por viaje— y a las escasas capturas. “Los ricos están empujándonos fuera”, agrega. Vive ahora en otra comunidad costera también amenazada por proyectos inmobiliarios: Sagbo-Koji.
Dredging: una industria con reglas borrosas
Mientras las manos de las comunidades pesqueras escasean, las autoridades parecen multiplicarse para los comerciantes de arena. Los operarios informales aseguran que interactúan regularmente con la policía marítima y las agencias estatales como la Autoridad Nacional de Vías Acuáticas del Interior (NIWA), a las cuales "arreglan" sus operaciones pagando sus “deudas” para evitar sanciones.
“Los agentes llegan, les damos su dinero y seguimos trabajando”, explica Joshua Alex, operador de draga. Estas prácticas, según defensores ambientales, confunden aún más la frontera entre lo legal e ilegal, permitiendo que, tras cerrarse un sitio, las operaciones se reanuden rápidamente tras un pago.
Autoridades entre la pasividad y la complicidad
El gobernador Babajide Sanwo-Olu ha prometido frenar el dragado ilegal, especialmente en sitios que agravan la erosión y las inundaciones costeras. No obstante, líderes comunitarios como Emmanuel afirman que las autoridades priorizan los ingresos fiscales y los acuerdos urbanísticos con empresas constructoras sobre la supervivencia de las comunidades.
“Cuando paran las actividades, les cobran y luego les dicen que reanuden”, denuncia Emmanuel. “El gobierno tiene el poder, nosotros no”.
Impactos ecológicos: la ciencia coincide con los pescadores
Un número creciente de estudios científicos ha confirmado lo que los pescadores denuncian hace años: el dragado ha alterado irreversiblemente el ecosistema lagunar de Lagos. Investigaciones lideradas por universidades nigerianas muestran que zonas como el corredor Ajah–Addo-Badore presentan niveles de turbidez del agua que superan los límites de seguridad, complicando la alimentación, reproducción y migración de los peces.
Asimismo, se han identificado suelos inestables y zonas proclives a la erosión debajo de los sitios de dragado. En áreas sin dragado, los lechos y corrientes se mantienen estables. En algunos casos, incluso se ha detectado contaminación bacteriana del agua subterránea vinculada a residuos humanos mal gestionados.
Los científicos alertan que estas alteraciones también socavan la capacidad de la laguna para amortiguar las inundaciones, aumentando los riesgos para una ciudad ya marcada por crecientes niveles de agua cada temporada de lluvias.
En 2022, por ejemplo, las inundaciones desplazaron a más de 100.000 personas en Lagos, según estimaciones de la Organización Internacional para las Migraciones.
Arena como síntoma y símbolo
El fenómeno del dragado en Lagos no es un caso aislado. La arena se ha convertido en un recurso global estratégico, cuya extracción sin control pone en jaque tanto a los ecosistemas como a las comunidades vulnerables. Naciones Unidas ha advertido reiteradamente sobre la minería de arena no regulada, incluyéndola como uno de los factores que agravan la degradación costera.
En países como India, Malasia o Vietnam, ya se han reportado consecuencias similares. En muchos de estos contextos, al igual que en Nigeria, los beneficiarios finales son compañías de construcción e intereses privados mientras los costos los pagan los más pobres.
¿Qué soluciones se proponen?
Expertos coinciden en que, aunque el dragado no puede eliminarse completamente —dado que sustenta el crecimiento de ciudades densamente pobladas—, sí puede y debe regularse más estrictamente.
- Establecer zonas protegidas donde está prohibida la extracción de arena, especialmente en áreas críticas para la biodiversidad.
- Invertir en alternativas al material de dragado, como concreto reciclado, para disminuir la dependencia.
- Reforzar los mecanismos de control y endurecer las penas contra el dragado ilegal.
- Garantizar que las comunidades locales participen en la toma de decisiones sobre su entorno.
Como afirma Emmanuel al final de una asamblea comunitaria en Makoko: “Nosotros no estamos en contra del progreso. Solo queremos sobrevivir junto con él.”
