Texas y la revolución silenciosa del cannabis medicinal: ¿modelo nacional en ciernes?
Con una expansión histórica de su programa de uso compasivo, el estado gobernado por republicanos apunta a convertirse en un hub médico y comercial de la marihuana
Texas, tradicionalmente uno de los bastiones políticos más conservadores de Estados Unidos, ha dado pasos decisivos hacia una transformación profunda en su política medicinal del cannabis. Si bien sigue manteniendo restricciones firmes sobre su uso recreativo, el estado ha iniciado una expansión significativa de su Programa de Uso Compasivo de Texas (TCUP), permitiendo el acceso a más pacientes, autorizando más distribuidores y eliminando barreras burocráticas que frenaban su desarrollo.
Un cambio sin precedentes desde 2015
Desde la creación del TCUP en 2015, Texas ha mantenido uno de los marcos más restrictivos del país. Originalmente, el programa solo permitía cannabis con bajo contenido de THC (menos del 0.5%) a pacientes con epilepsia intratable. El acceso se limitaba a tres operadoras licenciadas y el catálogo de productos era mínimo.
Sin embargo, a partir de septiembre de 2025, entró en vigor la expansión más amplia del programa hasta la fecha. Esta contempla:
- Nuevas condiciones médicas elegibles, como dolor crónico, enfermedad de Crohn, lesiones cerebrales traumáticas, cáncer terminal y enfermedad inflamatoria intestinal.
- Incrementos en el límite de THC permitido por producto.
- Uso legalizado de formatos vaporizados e inhaladores.
- Incremento de tres a quince licencias de distribuidores activos.
Una explosión de pacientes y operadores
De acuerdo con datos del Departamento de Seguridad Pública de Texas, a finales de 2025 más de 135,000 pacientes estaban inscritos en el registro estatal, lo que representa un aumento del 32% respecto al año anterior. Esta cifra podría multiplicarse con la incorporación de las nuevas condiciones médicas.
El CEO de Texas Original, Nico Richardson, señaló:
“Al ampliar el programa, el costo marginal de los productos comenzará a disminuir. Esto generará un mercado más competitivo y accesible.”
Texas Original, Goodblend y Fluent —las tres operadoras originales— ya operan instalaciones satélite en diversas regiones, y planean expandir su infraestructura para cubrir las 11 regiones de salud pública en un plazo de seis meses.
¿Qué cambia con las nuevas licencias?
La expansión incluye la aprobación de nuevas organizaciones dispensadoras, como la empresa Verano (con sede en Chicago), que recibió en diciembre de 2025 una licencia condicional para operar en la región de salud del oeste de Texas. Aunque estas licencias no autorizan producción o venta inmediata, se espera que nueve de estas empresas estén operativas entre nueve meses y dos años después de obtener su autorización final.
Entre los beneficios se encuentra la descentralización geográfica del acceso, ya que la legislación exige que cada operadora funcione al menos en una región antes de abrir más sucursales en otra.
El rol de los médicos: una barrera aún infranqueable
Una de las grandes debilidades del programa sigue siendo la baja inscripción de médicos autorizados para recetar cannabis. De los aproximadamente 80,000 médicos certificados en Texas, solo 800 están registrados en el TCUP.
Esta escasa participación se atribuye a:
- Baja difusión oficial del programa estatal.
- Desconocimiento médico sobre usos terapéuticos del cannabis.
- Dificultad burocrática para completar el proceso de inscripción.
Este último punto es clave, ya que los proveedores deben registrarse en un portal específico del DPS utilizando múltiples credenciales. Sumado a la sobrecarga administrativa en la atención médica, impide que muchos médicos adopten este nuevo modelo.
“Como proveedor médico, es muy difícil prescribir algo sobre lo que no has recibido formación”, indicó el Dr. Matthew Brimberry, director médico de Texas Cannabis Clinic.
Empresas como Goodblend y Texas Original solventan esta carencia usando telemedicina para conectar pacientes con expertos autorizados, pero la meta es integrar el cannabis en la medicina primaria familiar.
Infraestructura, inversión y expansión
La industria tiene motivos para ilusionarse. Texas Original trasladó su centro de operaciones a una sede de 75,000 pies cuadrados en Bastrop, donde podrá cultivar nuevas cepas y ampliar su variedad de productos. Goodblend, por su parte, inauguró un punto de recogida en San Antonio con entregas en el mismo día y proyecta nuevas ubicaciones para cubrir zonas rurales.
Los precios promedio de los productos medicinales oscilan entre $40 y $70, pero se espera que bajen con el ingreso de nuevos actores y economías de escala, como sucedió en Florida, otro estado donde el modelo se amplió bajo liderazgo republicano.
Políticas federales y el cambio de paradigma
Los avances de Texas coinciden con una señal sorprendente desde la Casa Blanca. En diciembre, el expresidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva para acelerar el proceso de reclasificación del cannabis de Sustancia de Lista I (drogas peligrosas sin uso médico válido) a Lista III, que ahora incluye fármacos controlados como la ketamina.
Según el Departamento de Salud y Servicios Humanos, 43 jurisdicciones de EE. UU. permiten recomendar cannabis para más de 6 millones de pacientes con al menos 15 condiciones diferentes.
“Finalmente vemos a un gobierno federal reconociendo los beneficios médicos del cannabis. Ya era hora”, apuntó Nico Richardson.
Esta señal podría consolidar una nueva corriente federal que impulse la inversión, permita el acceso a servicios bancarios y elimine cargas impositivas desproporcionadas para el sector del cannabis, cuya tributación bajo el código 280E ha sido un gran obstáculo.
Texas: ¿nuevo epicentro del cannabis medicinal en el sur?
Con su vasto territorio, densidad poblacional, red médica y recursos financieros, Texas aparece ahora como ejemplo para otros estados del sur que buscan transitar esta ruta. Aun conservando su prohibición recreativa, el estado ofrece una alternativa escalable para tratamientos especializados a gran escala.
Richardson lo resume bien:
“La mayoría de los problemas estructurales del TCUP ya se han resuelto. Existe acceso geográfico, mejores productos y más condiciones aprobadas. Es un programa viable y en expansión.”
Queda ahora por ver si esta apertura, silenciosa pero poderosa, logra trascender la retórica política y se consolida como una revolución médica real, generando empleo, innovación y bienestar en una de las regiones más influyentes del país.
