Uvalde: La tragedia que dejó al descubierto el fracaso de la policía ante una masacre escolar
El juicio al exoficial Adrian Gonzales pone en la mira la inacción policial en uno de los tiroteos escolares más mortales en la historia de EE.UU.
El 24 de mayo de 2022, Uvalde, un tranquilo pueblo de Texas, fue escenario de una de las peores tragedias escolares en la historia de Estados Unidos: 19 niños y dos maestras perdieron la vida a manos de un joven armado de 18 años. El país entró en luto, pero con el tiempo surgieron interrogantes más peligrosos que las balas usadas ese día: ¿Por qué hubo más de 370 policías en el lugar y ninguno actuó a tiempo? Esta es la historia del juicio contra el oficial Adrian Gonzales, uno de los pocos responsabilizados legalmente por su inacción.
Una masacre anunciada
Salvador Ramos, de 18 años, llegó armado con un fusil estilo AR-15 a la primaria Robb, ubicada en un barrio hispano de clase trabajadora. El ataque duró más de una hora antes de que una unidad táctica finalmente irrumpiera en el aula y abatiera al agresor. Durante ese tiempo, decenas de oficiales permanecieron en pasillos, algunos en posición de espera, otros simplemente sin saber qué hacer.
Desde el primer momento, las autoridades comenzaron a recibir críticas por la pobre respuesta. En cuestión de días, comenzaron las investigaciones estatales, locales y federales para entender qué falló. Y el fallo resultó ser sistémico.
El rol de Adrian Gonzales
Adrian Gonzales, un veterano oficial de policía escolar de 52 años, fue uno de los primeros en llegar a la escuela. Sin embargo, jamás intentó confrontar al atacante en los primeros minutos ni darle seguimiento cuando este empezó a disparar desde el exterior.
El juicio contra Gonzales es un caso raro y sin precedentes. Se le imputan 29 cargos de abandono o puesta en peligro de menores. La fiscalía sostiene que Gonzales ignoró su entrenamiento contra tiroteos activos —protocolo que exige enfrentar al agresor inmediatamente— y prefirió evacuar salones sin enfrentarlo ni intentar detenerlo.
¿Un chivo expiatorio o justicia justa?
La fiscalía, liderada por el fiscal especial Bill Turner, sostiene de forma tajante: “Cuando un niño llama al 911, tenemos el derecho de esperar una respuesta”. Se refieren a las múltiples llamadas hechas por niños desde el interior del aula donde finalmente murieron, mientras esperaban ayuda durante más de 60 minutos.
Pero la defensa asegura que Gonzales nunca vio al atacante directamente, y que ayudó a evacuar a estudiantes de otros salones. Además, sostiene que Ramos ingresó por una puerta lateral sin seguro, lo que hizo que en segundos la situación escalara.
La pregunta que muchos se hacen es si Gonzales está pagando por la negligencia de toda una institución. Más de 370 oficiales llegaron al lugar: del FBI, de la policía estatal, del Departamento de Seguridad Pública de Texas, entre otros. Sin embargo, solo él y el exjefe de policía escolar Pete Arredondo han sido acusados penalmente.
La evidencia que conmociona
Durante la primera semana del juicio, los miembros del jurado vieron pruebas fotográficas estremecedoras: aulas llenas de sangre, el cuerpo del atacante abatido, ventanas destrozadas por disparos. Además, docentes sobrevivientes relataron el horror vivido:
- Lynn Deming, una maestra que recibió esquirlas al romperse una ventana, dijo haberle dicho a sus alumnos "los amo" para que sintieran que alguien los quería, en caso de morir.
- Jennifer Garcia, madre de Eliahna, una niña de 9 años asesinada, relató cómo su hija le pidió irse antes ese día, pero ella le pidió quedarse para su fiesta de película y pizza.
El testimonio de una maestra que describió haber visto al atacante acercarse vestido de negro y disparando afuera fue desestimado por el juez al no haberse revelado durante la instrucción del caso, debilitando momentáneamente a la fiscalía.
Una policía paralizada
Uvalde no es una excepción aislada. En 2018, otro oficial fue llevado ante la justicia por haberse escondido sin actuar durante la masacre de Parkland, Florida. Fue absuelto. Pero el caso de Gonzales podría sentar un precedente nuevo: Penar al que no actúa, no solo al que ejecuta.
Según un reporte del Departamento de Justicia de EE.UU. de 2023, las fuerzas del orden en Uvalde “fallaron en todos los niveles” y mostraron carencia de liderazgo, comunicación y ejecutividad. Muchos oficiales no sabían quién estaba al mando y dudaban en avanzar. Algunos incluso esperaban autorización que nunca llegó.
Más de una hora después, fue un equipo táctico de la Patrulla Fronteriza el que finalmente confrontó y mató a Salvador Ramos, poniendo fin al episodio sangriento.
Las heridas abiertas
Tras casi dos años, las familias aún exigen justicia, rendición de cuentas y sobre todo, garantías de que nunca volverá a ocurrir. El juicio a Adrian Gonzales podría, según algunos expertos, ser más simbólico que efectivo. Pero otros lo ven como una piedra angular en la construcción de una cultura de responsabilidad policial.
Las escuelas estadounidenses enfrentan una epidemia de violencia armada: en 2023 hubo más de 150 incidentes de disparos escolares en el país, según datos de Everytown for Gun Safety. La pregunta ya no es si habrá otro tiroteo, sino cuándo. Y si los oficiales se arriesgarán para impedirlo.
¿Y si sí lo vieron?
Una de las piezas clave del caso es el recorrido de balas fuera del recinto. Los fiscales insistieron en que los múltiples casquillos y señales del tiroteo externo deberían haber alertado a Gonzales. Sin embargo, la defensa mantiene que en el caos y el pánico, era imposible actuar inmediatamente sin poner a más estudiantes en peligro deliberado.
El jurado debe decidir si esta inacción fue criminalmente negligente o una decisión desafortunada bajo presión. Cualquier veredicto podría desencadenar una ola de litigios similares en otros estados.
¿Se hará justicia?
El juicio sigue su curso en medio del dolor de las familias, la protesta nacional contra la violencia armada, y un sistema judicial que aún tropieza para adaptarse a este tipo de tragedias.
Mientras tanto, los cruces blancos con los nombres de los pequeños fallecidos frente a la Robb Elementary School nos recuerdan lo imperdonable del silencio institucional cuando más se necesitaba acción. Quizás el juicio a Adrian Gonzales no repare el daño, pero sí podría marcar el comienzo de una nueva era de responsabilidad en la policía escolar de Estados Unidos.
