El cierre del Hotel Commodore: Fin de una era en el corazón de Beirut

Refugio de periodistas y símbolo de resistencia durante la guerra civil libanesa, el mítico hotel cierra sus puertas tras décadas marcadas por la historia

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En el panorama cambiante de una Beirut marcada por conflictos, reconstrucciones y crisis económicas, se ha cerrado un capítulo fundamental para la memoria del periodismo internacional y la historia libanesa: el Hotel Commodore, ubicado en el distrito de Hamra, en pleno corazón occidental de la ciudad, ha cesado sus operaciones definitivamente.

Un bastión del periodismo en guerra

Durante la guerra civil del Líbano (1975-1990), el Commodore se convirtió en mucho más que un hotel: era un búnker informativo, un hub diplomático sin insignias y un lugar donde la tinta de las crónicas sobrevivía a las tormentas de metralla. Periodistas de renombre mundial se alojaron, trabajaron y se refugiaron ahí, transformando las zonas comunes en redacciones improvisadas cuando el resto de la ciudad quedaba incomunicada por los cortes de electricidad o los ataques de artillería.

El ex corresponsal de la BBC en Medio Oriente, Tim Llewellyn, lo recuerda como un lugar donde se cruzaban guerrilleros, diplomáticos, espías y reporteros. “En una ocasión, incluso Yasser Arafat se pasó por el bar para tomar un café con el padre del gerente”, relató.

El telégrafo nunca dormía: la importancia de las telecomunicaciones

En tiempos de total aislamiento informativo, el Commodore ofrecía algo que valía más que el oro: telexes funcionando. Dos teleimpresoras cerca de la recepción transmitían despachos de agencias internacionales como AP y Reuters. En ese entonces, era casi el único canal real hacia el mundo exterior para los periodistas internacionales que cubrían eventos tan críticos como la invasión israelí de 1982 o los enfrentamientos entre facciones libanesas.

Según Robert H. Reid, exeditor regional de AP en Medio Oriente, “el Commodore tenía cierto encanto decadente. Las camas eran incómodas, la comida poco inspirada, pero la camaradería del staff y los periodistas lo hacía sentir como un club privado en medio del caos”.

Un hotel hecho a medida para la prensa

Llewellyn contó que, durante un vuelo desde Londres a Beirut en 1975, convenció a Yusuf Nazzal, futuro gerente del hotel, de crear un lugar que satisficiera las necesidades específicas de un corresponsal de guerra. Y vaya si lo hizo. Aquel hotel ofrecería teléfonos, redes de contactos, protección armada, y hasta créditos para periodistas sin efectivo, permitiendo que sus redacciones les enviaran dinero directamente a la cuenta de Nazzal en Londres.

El loro Coco y otros personajes inolvidables

Cada leyenda necesita un personaje excéntrico, y el Hotel Commodore tenía a uno muy especial: Coco, el loro. Vivía en una jaula cerca del bar, y su talento para imitar silbidos de morteros y risas humanas era famoso (aunque también causaba más de un susto entre los huéspedes). Su desaparición durante los combates de 1987 alimentó aún más el mito del lugar.

Otro personaje icónico fue Terry Anderson, corresponsal jefe de AP, quien fue secuestrado en 1985 y estuvo retenido más de siete años. En vídeos difundidos por sus captores, se le podía ver con una camiseta que decía “Hotel Commodore Lebanon”. Una imagen que reforzó el nombre del hotel incluso en contextos dramáticos.

Una estructura abatida, reconstruida y finalmente silenciada

El primer Commodore fue construido en 1943 y funcionó hasta que fue seriamente dañado por combate en 1987, especialmente durante enfrentamientos entre milicianos chiitas y drusos. Después, fue demolido y reconstruido. El nuevo edificio abrió sus puertas oficialmente en 1996, sin Coco y con un nuevo diseño, pero intentando preservar el espíritu del original.

En las décadas siguientes, el hotel cambió con la ciudad: menos centrado en los corresponsales de guerra, más enfocado en turistas y visitantes locales. Pero la crisis económica iniciada en 2019, que condujo a una devaluación brutal y una inflación galopante, deterioró el turismo y dejó a miles de negocios en situación crítica.

Una muerte anunciada: el reflejo de un Líbano herido

Los múltiples apagones diarios, la dependencia de generadores privados, y las tensiones regionales exacerbadas tras el conflicto entre Israel y Hezbolá en 2024, acabaron por asestar un golpe mortal a la viabilidad económica del hotel.

“Fue un salvavidas para la prensa internacional en el Beirut occidental, donde dormían, comían, bebían, escribían y se escondían de los bombardeos”, comenta la ex corresponsal de AP Scheherezade Faramarzi. “Ganó fama y notoriedad a partes iguales”.

Entre cascos y copas: el Commodore como microcosmos electoral y militar

En sus pasillos se tejieron alianzas y se libraron batallas ideológicas igual de intensas que las del exterior. En la pista del club nocturno Le Casbah, ubicado en el sótano, se organizaron fiestas improvisadas tras jornadas de tensión. Durante los bombardeos más intensos, periodistas y personal se refugiaban allí durante la noche.

El hotel no solo ofrecía camas y comida. Ofrecía una dosis de humanidad, identidad profesional y comunidad en un entorno desprovisto de ambas. En tiempos más tranquilos, el área del bar, la piscina y los balcones se convirtieron en puntos de debate, intercambio de fuentes y análisis del conflicto.

El ocaso de una era nostálgica y valiente

“Muchas veces pasaba más tiempo en el Commodore que en mi oficina del canal”, recuerda un periodista libanés veterano, que pidió mantener el anonimato. “Allí se filtraban rumores políticos, se analizaban los moves de los señores de la guerra y se captaban matices que ningún comunicado oficial podía compartir”.

Su sistema informal de seguridad, sus redes de contacto y su compromiso con la información como elemento de resistencia lo convirtieron en algo único. Era una extensión del campo batallado, pero también del escritorio y la verdad. Ese espíritu hoy se apaga con la clausura de sus puertas principales.

¿Qué queda del Commodore?

Queda la memoria. Queda la camiseta de Anderson, las crónicas transmitidas por teleimpresora, los sonidos de Coco, y el eco de periodistas corriendo escaleras arriba para capturar una imagen desde la azotea. Queda el ejemplo de cómo, incluso en medio del horror, se puede construir una pequeña utopía de oficio, valor y café humeante.

El cierre del Hotel Commodore no es solo una nota en los periódicos. Es un símbolo del fin de una época de corresponsales empotrados en la adrenalina de la guerra, un tapiz de historias que puso a Beirut bajo el foco del mundo. Hoy, esas ventanas se cierran, pero el mito —como el eco de los bombardeos narrados desde sus habitaciones— seguirá resonando en la historia moderna del Líbano.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press