El Mundial sin su fiesta: ¿Merece EE.UU. ser anfitrión si excluye a los aficionados de África?

Opinión crítica sobre la prohibición de viajes a EE.UU. que impide a los aficionados de Senegal y Costa de Marfil asistir a la Copa Mundial 2026

Una celebración global que excluye a algunos

La Copa Mundial es más que un torneo deportivo: es una celebración global. Sin embargo, las restricciones migratorias impuestas por la administración Trump, aún vigentes para ciertos países, han puesto en duda ese concepto. Senegal y Costa de Marfil, dos potencias futbolísticas africanas con una sólida tradición en el torneo, ven cómo sus aficionados quedan fuera del evento que tanto esperaban. ¿Cómo es posible que una nación que acoge el Mundial cierre sus puertas a aquellos que más emoción aportan a sus estadios?

“Si EE.UU. no está dispuesto a permitir la entrada de los aficionados de las selecciones clasificadas, entonces no deberían ser anfitriones del Mundial”, expresó Djibril Gueye, un seguidor de Senegal, desde Tánger. Y no es el único que lo piensa.

El veto migratorio: una cicatriz en la inclusión del fútbol

Las restricciones, justificadas por supuestas “deficiencias en los procesos de control y evaluación”, afectan particularmente a los ciudadanos de países como Senegal, Costa de Marfil, Irán y Haití. Todos ellos tienen selecciones clasificadas a la próxima Copa Mundial 2026, que se celebrará del 11 de junio al 19 de julio en conjunto entre Estados Unidos, Canadá y México.

Sin embargo, mientras los jugadores y oficiales de los equipos tienen permiso para entrar por una excepción específica, ese beneficio no se extiende a los aficionados.

Fatou Diedhiou, presidenta de un grupo de fans femeninas de Senegal, expresó su incertidumbre: “Queremos ir, pero no sabemos cómo. Esperamos que cambien de parecer.”

¿Qué tan importante es el aficionado?

En torneos como el Mundial, los fans son algo más que espectadores: son parte del espectáculo. Las canciones, los trajes típicos, los bailes y los colores que aportan naciones como Senegal y Costa de Marfil se han convertido en símbolos del espíritu de la Copa. ¿Sería el famoso estadio MetLife el mismo sin los “leones de Teranga” en sus gradas?

Sheikh Sy, un fan senegalés que estuvo en la Copa de Qatar 2022, lo dejó claro: “Desde que Senegal clasificó, tenemos que estar ahí. Somos los fans nacionales.”

Senegal y Costa de Marfil: una historia de orgullo y pasión

Las selecciones de Senegal y Costa de Marfil no son nuevas en estas lides. Senegal llegó a los cuartos de final del Mundial 2002 y ha estado presente en múltiples Copas Africanas. Costa de Marfil, capitaneada por leyendas como Didier Drogba o Yaya Touré, ha ganado la Copa Africana y siempre ha mostrado un fútbol ofensivo y dinámico. Ambos países cuentan con una enorme diáspora en Europa y América, pero su núcleo de aficionados sigue estando en casa.

Impedirles asistir a ver a sus equipos nacionales es más que un gesto político: es un menosprecio cultural y emocional.

Discriminación selectiva bajo una fachada burocrática

El veto migratorio, iniciado en 2017 por el entonces presidente Donald Trump, ha cambiado de forma y contenido, pero sigue afectando a países mayoritariamente africanos o con poblaciones de mayoría musulmana. Aunque el veto fue parcialmente derogado bajo la administración Biden, hay políticas que continúan vigentes de manera tácita o administrativa.

Emerse Faé, técnico de Costa de Marfil, expresó esperanza: “En la Copa Africana, también hubo restricciones, pero al final los aficionados vinieron. Espero que pase lo mismo en el Mundial.”

El Mundial: ¿para todos o para unos pocos?

La FIFA promueve el lema “For the Game. For the World.”, reflejando su misión de hacer del fútbol un deporte verdaderamente global. Sin embargo, cuando los anfitriones del Mundial establecen barreras selectivas, se contradice esa filosofía. Los Juegos Olímpicos y la Copa Mundial son los eventos más globales del planeta. Un Mundial en territorio estadounidense sin aficionados africanos se sentiría incompleto, desconectado de su esencia.

“El fútbol es una fiesta, y sería una pena enorme excluir a los fans africanos solo por decisiones políticas,” añadió Faé con un dejo de tristeza.

Los costos, otro muro difícil de escalar

Más allá del veto migratorio, incluso quienes podrían obtener visas se enfrentan a otros problemas como los elevados precios. Entradas, vuelos, estadía, transporte interno... el costo general estimado para asistir a tres partidos del Mundial en EE.UU. se acerca fácilmente a los 3,000-5,000 dólares por persona.

“Lo han convertido en algo de negocios solamente,” afirmó Pape, un seguidor senegalés con pasaporte francés. “Han olvidado por completo el alma de la afición.”

Un Mundial lleno de vacíos emocionales

Cuando las gradas estén llenas de espectadores silenciosos, turistas eventuales o patrocinadores corporativos luciendo camisetas recién compradas, se notará la ausencia de quienes llevan generaciones cantando, bailando y llorando por sus equipos nacionales. La selección sin su afición es como un tambor sin vibración: tiene forma, pero no sonido.

Yan Diomande, jugador de Costa de Marfil, lo resumió bien: “Sí, podemos jugar sin ellos. Pero no es lo mismo.”

¿Cambiará algo antes de junio de 2026?

Ese es el deseo de muchos. Que la presión colectiva de los países afectados, las federaciones, la prensa y los organismos internacionales lleve a una revisión de las políticas migratorias. Que se entienda que el fútbol sin inclusión pierde valor.

Franck Kessié, capitán marfileño, expresó su confianza: “Con el gobierno y la federación, podríamos encontrar una solución para nuestros seguidores.”

La FIFA no puede mirar hacia otro lado

La FIFA, como organizadora, también tiene responsabilidad. “Un Mundial para el mundo” no puede convertirse en “un Mundial para quienes pueden pagar y tienen pasaporte privilegiado”. Ya ha habido escándalos de derechos humanos en sedes anteriores como Catar 2022, lo último que necesita el organismo rector es otro Mundial manchado de controversia política y discriminación selectiva.

Si el organismo quiere mantener su legitimidad, debería exigir a sus anfitriones condiciones mínimas de inclusión, incluyendo jurisprudencia migratoria especial durante el torneo. No se trata de política; se trata de respeto por la pasión de millones.

Una cita con la historia truncada para muchos

La próxima Copa Mundial será histórica: la primera con 48 selecciones, la primera organizada por tres países, y la de mayor presupuesto logístico jamás montado. Sin embargo, si millones de aficionados africanos deben verla desde sus casas, esta edición también pasará a la historia por lo contrario: por ser la Copa de la exclusión.

Como dijo Faé: “Sería una vergüenza dejar fuera a nuestros aficionados; ellos también hacen parte del fútbol.”

Este artículo fue redactado con información de Associated Press