La geopolítica del hielo: ¿Por qué Trump quiere comprar Groenlandia (otra vez)?
Detrás de los discursos sobre seguridad nacional y submarinos rusos, se esconde una larga historia de estrategias militares, mitos coloniales y ambiciones globales en el Ártico
Groenlandia: el remate de una idea congelada
Donald Trump hizo estallar la noticia hace unos años cuando, con su estilo característico, propuso que Estados Unidos debería comprar Groenlandia. No era broma. Tampoco era nueva la idea, ya que el país norteamericano lleva décadas coqueteando con la idea de controlar esta gran isla ártica. Pero ahora, en su aparente regreso a una propuesta de campaña para un segundo mandato, Trump ha vuelto a la carga con declaraciones aún más extravagantes, incluso mencionando la posibilidad del uso de la fuerza.
¿Qué hay realmente detrás de semejante planteamiento? ¿Es Groenlandia tan estratégica como afirma Trump? ¿Está amenazada por una supuesta presencia militar rusa o china? ¿Realmente Dinamarca apenas la defiende con trineos tirados por perros? En este artículo analizamos las afirmaciones, el contexto histórico y geopolítico, y qué papel juega el Ártico en los conflictos del siglo XXI.
El mito del interés militar ruso-chino
Una de las principales acusaciones de Trump en sus discursos recientes ha sido que Groenlandia será tomada por Rusia o China si Estados Unidos no actúa. Falso, según los expertos.
Andreas Østhagen, director de investigación del Instituto Fridtjof Nansen en Oslo, asegura: “No hay embarcaciones rusas y chinas rodeando Groenlandia”. De hecho, la actividad militar rusa en el Ártico se centra en el Mar de Barents, cerca de la costa escandinava, mientras que tanto Rusia como China operan principalmente en el Mar de Bering, al sur de Alaska.
Si bien China ha mostrado interés investigativo con buques científicos en el Océano Ártico Central, no tiene presencia militar sólida en las cercanías de Groenlandia. Por su parte, Rusia ha hecho ejercicios militares conjuntos con China en la región, pero más hacia el Pacífico.
Naaja Nathanielsen, ministra de Negocios de Groenlandia, fue tajante: “No estamos al tanto de ninguna presencia militar china o rusa en nuestras aguas”. También enfatizó que no perciben a Estados Unidos como un país que deba recurrir a la ocupación para proteger sus intereses.
¿Una defensa «de trineo»?
Otra de las burlas utilizadas por Trump fue afirmar que el único sistema de defensa de Dinamarca en Groenlandia es “un par de trineos tirados por perros”
Si bien existe una unidad élite danesa conocida como la patrulla Sirius, que patrulla el noreste del territorio usando trineos, su misión es altamente especializada y efectiva en reconocimiento en zonas árticas inaccesibles para maquinaria pesada.
Steven Lamy, experto en seguridad ártica de la Universidad del Sur de California, explica por qué: “No hay carreteras, ni tanques, ni vehículos Bradley. El transporte se da por mar, aire, o en trineos”.
Pero eso no es todo. Dinamarca ha invertido recientemente más de 2.300 millones de dólares en reforzar su presencia en el Ártico. El acuerdo incluye:
- Tres nuevos buques navales árticos
- Dos drones de vigilancia de largo alcance
- Reforzamiento de capacidades satelitales
Además, el Comando Ártico Conjunto Danés tiene su sede en Nuuk y mantiene bases satélite a lo largo del territorio.
EE.UU. ya tiene presencia militar en Groenlandia
Adicionalmente, Estados Unidos ya tiene una base militar en terreno groenlandés clave para la defensa de la OTAN: la Base Espacial de Pituffik (antes llamada Thule Air Base). Se construyó gracias al Tratado de Defensa entre EE.UU. y Dinamarca en 1951 y permite el monitoreo de misiles y vigilancia espacial.
Groenlandia también forma parte del corredor estratégico GIUK (Groenlandia, Islandia y Reino Unido), donde la OTAN vigila los movimientos navales rusos hacia el Atlántico Norte. Es decir, su valor militar ya está reconocido por Estados Unidos desde hace décadas.
Entonces ¿por qué Trump quiere «comprarla»?
Trump ha llegado a decir que Groenlandia forma parte del Reino de Dinamarca solo porque “ellos enviaron un barco allí hace 500 años”, ironizando sobre cualquier legitimidad histórica. Pero veamos los hechos.
Los primeros pobladores llegaron al norte de Groenlandia hacia el 2.500 a.C. desde lo que hoy es Canadá. Más adelante, en el año 985, el explorador vikingo Erik el Rojo estableció la primera colonia europea y, en 1721, el misionero luterano Hans Egede marcó el inicio de la colonización danesa moderna.
Groenlandia se convirtió en colonia oficial en 1814 y pasó a tener autonomía desde 2009. Hoy es un país autónomo dentro del Reino de Dinamarca. Tiene su propio parlamento y puede incluso declarar su independencia si lo decide en referéndum.
Como dice el investigador Ulrik Pram Gad, “el derecho internacional pos-Segunda Guerra Mundial se basa en el respeto a la soberanía, no en ‘llegar con barcos’”.
La obsesión de los Estados Unidos con Groenlandia
Trump no fue el primero. En 1946, el presidente Harry Truman ofreció 100 millones de dólares por la isla, pero Dinamarca se negó.
Según informes del Departamento de Estado de EE.UU. de la época, se consideraba a Groenlandia como “clave para cualquier defensa de América del Norte frente a ataques navales soviéticos”.
Hoy, el cambio climático ha abierto nuevas rutas de navegación en el Ártico a medida que se derrite el hielo, lo que aumenta la importancia de Groenlandia tanto en términos comerciales como militares. Además, se han encontrado abundantes recursos minerales como tierras raras, esenciales para la industria tecnológica y armamentística.
Esto ha renovado la competencia geopolítica en la región, y China ha intentado invertir en minería e infraestructura en la isla, algo que Estados Unidos ha observado con recelo.
La opinión de Groenlandia
No hay deseo de independencia inmediata entre la mayoría de los groenlandeses, pero sí un énfasis claro en mantener su autonomía reconocida y defender su capacidad de decidir su futuro libremente.
Como menciona Nathanielsen: “Vemos la importancia del Ártico, sí. Pero no percibimos ninguna amenaza actual. No creemos que Rusia ni China quieran desestabilizar esto”.
Pero la pregunta clave es: ¿tienen los groenlandeses interés en pertenecer a Estados Unidos? Las encuestas históricas y reacciones ante las propuestas de compra no dejan lugar a dudas: no.
Un Ártico en disputa silenciosa
El Ártico está siendo cada vez más relevante, pero no por guerras inminentes, sino por sus recursos, rutas y el derretimiento del hielo que está transformando el mapa geopolítico.
En los últimos años:
- China se ha autodenominado “potencia cercana al Ártico”, aun sin territorio polar.
- Rusia ha incrementado su flota de rompehielos y sus bases en la región.
- Canadá, Noruega y otros países han actualizado sus políticas árticas.
Estados Unidos, en cambio, solo cuenta con dos rompehielos en operación, en contraste con más de 50 de Rusia, cifra que deja en claro quién lleva ventaja técnica.
Una tesis desmentida que oculta ambiciones
Las repeticiones constantes de Trump sobre Groenlandia responden más a una visión imperial nostálgica que a un análisis racional de las relaciones internacionales modernas.
Andreas Østhagen lo resume así: “Es como si Estados Unidos dijera: como nuestros barcos llegaron primero, deberíamos controlar todo. Es como que Noruega reclame Manhattan porque Leif Erikson llegó antes que Colón”.
Hoy, la clave es el derecho de autodeterminación. Cada pueblo debe elegir su destino. Y la idea de que los grandes poderes puedan comprar territorios como en el siglo XIX resulta fuera de lugar e incluso peligrosa.
No se trata de trineos, submarinos o barcos fantasmas; se trata de respeto por las instituciones, tratados y, sobre todo, por las personas que habitan estos lugares únicos y estratégicamente valiosos.
