La historia no se edita: El intento de Trump por reescribir la narrativa del pasado estadounidense

El aniversario 250 de EE.UU. está en el centro de una disputa ideológica sobre cómo se debe contar la historia nacional

¿Cómo se conmemora la historia de una nación? ¿Quién decide qué relatos se exponen como verdades oficiales? Estas preguntas se han vuelto urgentes en Estados Unidos a raíz de los recientes intentos del expresidente Donald Trump de intervenir directamente en la narrativa que presenta el Smithsonian Institution —la red de museos más importante del país— con miras al 250º aniversario de la independencia estadounidense.

Una presión política sin precedentes sobre el Smithsonian

El 18 de diciembre, el secretario del Smithsonian Institution, Lonnie Bunch III, recibió una carta con tinte inquisitorial de parte de la Casa Blanca. Firmada por el director del presupuesto, Russell Vought, y el director de política doméstica, Vince Haley, el documento exigía una lista detallada de todas las exhibiciones, textos y piezas relacionadas con el aniversario del país y otros eventos históricos. El objetivo no era otro que garantizar una presentación de la historia estadounidense bajo una óptica "positiva". Un tono que, a todas luces, busca censurar las narrativas que invitan a la reflexión crítica sobre el pasado.

“Queremos asegurarnos de que ninguno de los líderes del Smithsonian esté confundido sobre el hecho de que Estados Unidos ha sido una de las mayores fuerzas del bien en la historia del mundo”, decía la carta. Esta declaración deja claro que se desea suplantar la complejidad histórica por una mirada triunfalista y unívoca.

Una institución no federal, pero dependiente del Congreso

Es necesario recordar que el Smithsonian no es un ente federal en sentido estricto, pero aproximadamente dos tercios de su financiación provienen del Congreso. Esto lo convierte en un blanco fácil de presiones políticas. Anteriormente, Trump ha amenazado con cortar su presupuesto si considera que el contenido de las exhibiciones “divide” en lugar de “unir”.

Esta no ha sido la única acción del expresidente para moldear las instituciones culturales según su visión ideológica. También destituyó al consejo del Kennedy Center y posteriormente colocó su propio nombre en el complejo. Como resultado, muchos artistas se rehusaron a presentarse allí.

En la Galería Nacional de Retratos, referencias a los dos juicios políticos (impeachments) de Trump fueron retiradas de su retrato en la exhibición “Presidentes Americanos”, aunque aún estaban disponibles en línea. Esta ocultación de hechos claves de su presidencia es una muestra temible de revisionismo político en una institución dedicada, precisamente, a preservar la historia.

La activación de aliados ideológicos: JD Vance y los museos como campo de batalla

Para asegurar el cumplimiento de su visión, Trump designó al vicepresidente JD Vance como miembro de la Junta de Regentes del Smithsonian. Su rol: supervisar que se eliminen las que califican como "ideologías inapropiadas" de todas las áreas del ente museístico.

Esta movida preocupa a historiadores e intelectuales por igual. Matthew Delmont, profesor de historia en Dartmouth, advirtió: “La historia trata sobre pruebas. Involucra complejidad y matices. No trata de confeccionar una historia única que haga sentir felices a todos”.

Jim McSweeney, archivista jubilado del Archivo Nacional, fue más tajante: “Tenemos que aprender de nuestra experiencia compartida, no borrar ni cambiar nada según tus inclinaciones políticas.“

El revisionismo histórico como proyecto político

Los intentos de Trump no se reducen a museos o centros culturales. Su decisión de lanzar una “Galería Presidencial del Paseo de la Fama” privada en la Casa Blanca parece más un monumento al egocentrismo que un homenaje institucional. En esta instalación, los expresidentes aparecen con placas doradas, excepto Joe Biden, quien es representado por un autopen —una metáfora ideada por Trump para señalar que Biden ha sido un presidente “ausente”.

Según declaraciones desde su oficina, el propio Trump redactó las placas, en las que se describe a él mismo como “el presidente más exitoso de la historia” y a Biden como “el peor presidente de todos los tiempos, quien llevó al país al borde de la destrucción”.

La censura como fórmula de celebración

El cumpleaños 250 de Estados Unidos, previsto para el 4 de julio, debería ser una oportunidad para reflexionar tanto sobre los logros como sobre las zonas oscuras de la historia estadounidense:

  • La esclavitud, que duró más de dos siglos y sobre la cual está sostenido mucho del desarrollo económico temprano de la nación.
  • La marginación de las comunidades indígenas, cuyos territorios fueron conquistados violentamente en nombre del “destino manifiesto”.
  • Las luchas por derechos civiles que aún hoy resuenan en la era de Black Lives Matter y la reforma migratoria.

Sin embargo, el enfoque del expresidente parece centrarse exclusivamente en crear una narrativa patriótica sin grietas. Un proyecto ideológico que ignora la importancia de mostrar cómo el país ha lidiado con sus propias contradicciones para evolucionar.

La historia verificada y los peligros de la propaganda cultural

Trump no fue el primero en intentar manipular los relatos oficiales. Gobiernos autoritarios de múltiples contextos históricos han recurrido a instituciones culturales para borrar del mapa a opositores, errores y tragedias. Desde el Stalinismo, pasando por las juntas militares de Sudamérica, hasta el presente en países como China o Rusia, el control de la memoria histórica ha sido una herramienta de dominación ideológica.

Lo trágico es que este esfuerzo revisionista se intente llevar a cabo en una democracia liberal. Que un presidente estadounidense pretenda involucrarse directamente en la edición de los textos en las paredes del Smithsonian debería ser una señal de alerta, no una anécdota política.

Smithsonian bajo vigilancia: ¿un precedente peligroso?

No es casual que el Smithsonian esté en el centro de esta tormenta. Con 21 museos, galerías y un zoológico, se trata de una de las mayores fuentes de información cultural accesible en Estados Unidos. Solo en 2022, los museos del Smithsonian recibieron casi 21 millones de visitas presenciales y más de 170 millones en su plataforma web. Es, en efecto, un espacio de formación ciudadana, especialmente para niños, niñas y adolescentes.

Exigirle una versión higienizada y heroica de la historia nacional no solo empobrece su misión educativa, sino que cimenta una visión infantil y maniquea de los procesos históricos. Como señala el historiador Eric Foner: “Patriotismo verdadero no es negar nuestras fallas, sino enfrentarlas y aprender de ellas”.

¿Qué esperar del aniversario 250?

El aniversario 250 podría ser una gran oportunidad para que Estados Unidos inicie una conversación pública e inclusiva sobre su historia. Frente a los intentos de silenciar la crítica y sofocar la diversidad ideológica, las instituciones culturales, educativas y periodísticas deben redoblar su vocación por la verdad, la pluralidad y la honestidad intelectual.

El reto está planteado y no es menor. En tiempos donde la posverdad y la manipulación narrativa amenazan incluso a las sociedades más abiertas, proteger el pensamiento crítico y la memoria histórica se vuelve un deber para todas y todos.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press