Riad Salameh: El banquero que llevó a Líbano del pedestal al abismo
De salvador económico a emblema de la corrupción: el caso del exgobernador del banco central que sacude al Líbano y repercute en Europa
Riad Salameh fue, durante años, presentado como el arquitecto de la sorprendente estabilidad financiera de Líbano tras la guerra civil. Sin embargo, hoy se encuentra en el centro de uno de los mayores escándalos de corrupción en la historia del país. El caso ha sido elevado a la Corte de Casación, la instancia más alta del sistema judicial libanés, y marca un punto de inflexión en la búsqueda de rendición de cuentas en una nación sumida en una profunda crisis social y económica.
El ascenso de un banquero estrella
Riad Salameh fue nombrado gobernador del Banco Central del Líbano en 1993. Provenía del mundo de las finanzas internacionales, habiendo trabajado como ejecutivo en Merrill Lynch. Desde su llegada a la cabeza del Banque du Liban (BDL), se le atribuyó mantener la estabilidad de la libra libanesa frente al dólar, fomentar la confianza del extranjero en el sistema bancario y atraer capitales necesarios tras los estragos de la guerra civil (1975-1990).
Por décadas fue considerado un “tejedor de milagros” financiero, en particular gracias a una controvertida política conocida como “ingeniería financiera”, mediante la cual atraía depósitos en dólares a cambio de altísimos intereses, manteniendo así la paridad artificial del tipo de cambio.
Sin embargo, debajo del aparente control macroeconómico se ocultaba un sistema cada vez más dependiente de flujos financieros externos, mientras el Estado se endeudaba a niveles insostenibles y no realizaba reformas estructurales.
De héroe a villano: el colapso de 2019
En octubre de 2019, el castillo de naipes se derrumbó. Protestas masivas se apoderaron del país por la corrupción generalizada, los recortes y la creciente miseria. En cuestión de semanas, los bancos comenzaron a restringir los retiros en dólares, congelando los depósitos de millones de ciudadanos.
El valor de la libra libanesa cayó más de 90% en el mercado negro, mientras que los ahorros de las familias eran prácticamente borrados de un plumazo. Muchos libaneses comenzaron a mirar a Salameh como uno de los principales responsables del derrumbe.
“Lo que él hizo fue una estafa tipo Ponzi, pero a escala nacional”, declaró el economista libanés Nasser Saidi en 2022 al Financial Times.
Acusaciones múltiples y el peso de la justicia
En 2023, tras dejar el cargo que ocupó durante 30 años, Salameh fue formalmente acusado en Líbano por malversación, enriquecimiento ilícito y corrupción. En septiembre de 2024, fue imputado por el desvío de 42 millones de dólares. Según fiscales, estos fondos pasaron por contratos ficticios y propiedades en el extranjero.
Una de las acusaciones más escandalosas reveladas por la prensa incluye el arriendo de una oficina en París por medio millón de dólares anuales a una antigua pareja sentimental, supuestamente para servir como “sede alternativa” del banco central.
Distintos países, incluidos Francia, Alemania y Luxemburgo, congelaron cuentas y bienes vinculados a Salameh. En agosto de 2023, Estados Unidos, Reino Unido y Canadá impusieron sanciones contundentes contra él, su hermano Raja Salameh, y varios colaboradores, citando lavado de dinero y desvío de fondos públicos.
Forry Associates: una caja negra de corrupción
Uno de los ejes de las investigaciones internacionales se centra en Forry Associates, un supuesto "cascarón" corporativo registrado en las Islas Vírgenes Británicas. Esta empresa, encabezada por Raja Salameh, habría canalizado más de 330 millones de dólares en comisiones y transferencias vinculadas al banco central.
El actual gobernador, Karim Souaid, anunció que el BDL se constituirá como parte denunciante en dichas investigaciones y que existen vínculos entre Forry y al menos cuatro empresas más, registradas en paraísos fiscales como las Islas Caimán.
Un juicio sin apelación y sin fecha
El traslado del caso a la Corte de Casación anuncia una nueva etapa: la más alta instancia judicial libanesa juzgará directamente a Salameh. No hay opción de apelación. Si no se presentan al juicio él y sus dos asociados legales, Marwan Khoury y Michel Toueini, se emitirán órdenes de arresto internacionales.
Hasta ahora, Salameh niega todas las acusaciones. Ha declarado que construyó su fortuna con inversiones personales e inmuebles heredados, además de sus ingresos antes de entrar al banco central.
“Estoy siendo víctima de una campaña de desprestigio orquestada por intereses políticos”, dijo Salameh en 2023 al canal al-Hadath.
Europa también se sacude
Mientras las autoridades libanesas han sido lenientas en colaborar con las europeas, Francia citó a Salameh en múltiples ocasiones para ser interrogado en relación con lavado de dinero y propiedad ilegal de inmuebles, particularmente lujosos departamentos parisinos vinculados a Forry Associates.
En Alemania, las fiscalías exploran cómo algunos bancos colaboraron presuntamente en la estructuración de estas tramas financieras. Luxemburgo, por su parte, confiscó propiedades y cuentas estimadas en más de 120 millones de euros.
¿Símbolo de cambio o chivo expiatorio?
Para muchos, el enjuiciamiento de Salameh se convierte en símbolo del fin de una era y de la necesidad urgente de regeneración institucional en Líbano.
Pero otros son más escépticos: “Él no operaba solo. Era parte de un sistema enredado entre políticos, bancos y empresarios. Sólo derribarlo a él no reconstituirá ni la libra ni las pensiones perdidas”, declaró la profesora de ciencias políticas Mona Fawaz en una entrevista con The National.
En 2021, el FMI estimó que las pérdidas del sistema financiero libanés ascendían a 70 mil millones de dólares. Mientras tanto, cerca del 82% de la población vive bajo el umbral de pobreza, según datos de la ONU en 2023.
¿Qué sigue para el Líbano?
El juicio aún no tiene fecha. Pero ante la presión internacional y el endurecimiento de las sanciones, parece inevitable que se convierta en un evento de gran visibilidad pública. Para el pueblo libanés, cansado de décadas de impunidad política y financiera, representa una rara –aunque incierta– esperanza de justicia.
Sin embargo, en un Estado cuya clase política ha sido históricamente protectora de sus miembros, el caso Salameh también podría terminar como tantos otros: sin sentencia firme, y con archivos de irregularidades guardados bajo llave. Pero por ahora, al menos, el telón se ha levantado sobre uno de los mayores dramas financieros del siglo XXI en Medio Oriente.