Tragedias silenciadas: cuando las crisis humanitarias no hacen ruido

Desde Rusia hasta el Congo, tragedias con víctimas inocentes enfrentan negligencia, conflicto y olvido mundial

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En un mundo donde las noticias parecen girar en torno a figuras políticas, agendas económicas y disputas geopolíticas, hay tragedias humanas cuyas dimensiones deberían estremecernos, pero pasan casi desapercibidas. Esta semana, dos sucesos desgarradores nos recuerdan con fuerza brutal que la vida, en sus formas más vulnerables, sigue siendo víctima de la negligencia, la indiferencia y la violencia.

Rusia y las muertes que pudieron evitarse: un hospital materno en la mira

Entre los festejos del Año Nuevo ruso, nueve vidas se apagaron en la ciudad de Novokuznetsk, en Siberia. Nueve bebés murieron en el Hospital de Maternidad N° 1, la mayoría de ellos prematuros, todos con infecciones intrauterinas severas. Una investigación ha sido abierta por lo que las autoridades describen como "muerte por negligencia".

Según el ministerio de salud regional, entre el 1 de diciembre y el 11 de enero nacieron 234 niños en ese hospital, 17 de los cuales estaban en situación crítica, y tristemente, nueve no sobrevivieron. Las infecciones intrauterinas severas, responsables directas de esas muertes, se transmiten de la madre al feto, y su manejo adecuado requiere protocolos médicos estrictos.

"Es una tragedia estatal," declaró Valentina Matvienko, presidenta del Consejo de la Federación, la cámara alta del Parlamento ruso. En un país donde la natalidad sigue en cifras críticas, las muertes de estos bebés representan mucho más que una estadística: son un reflejo de un sistema de salud al borde del colapso en regiones lejanas del centro político.

Demasiadas alertas ignoradas

El hospital quedó bajo escrutinio nacional. Su director, Vitaly Kheraskov, fue suspendido temporalmente. Pero, más allá de los castigos administrativos, la cuestión de fondo es otra: ¿cuántas de estas muertes eran evitables?

Rusia tiene actualmente una tasa de natalidad en descenso alarmante. Según el Banco Mundial, la tasa de natalidad rusa cayó de 13.3 nacimientos por cada 1,000 personas en 2000 a solo 9.4 en 2021. El Kremlin ha lanzado incentivos económicos y programas sociales para aumentar los nacimientos, pero sin un sistema de salud perinatal robusto, los esfuerzos se quedan en la superficie.

Burutsi y el Congo: cuando la violencia se mezcla con la naturaleza

Mientras tanto, a miles de kilómetros al suroeste, en las montañas de Kivu del Norte en la República Democrática del Congo, un deslave ocurrido a la 1:00 a.m. arrasó con la aldea de Burutsi, dejando al menos 13 muertos y más de 30 desaparecidos.

Las fuertes lluvias que precedieron al deslave no son nuevas. El cambio climático y la deforestación aumentan la frecuencia de estos desastres naturales. Pero la verdadera tragedia de Burutsi es que no ocurre en un vacío: sucede en medio de una región asolada por más de 100 grupos armados, donde la violencia, el desplazamiento y el abandono son moneda corriente.

Descarte Akilimali, líder local del sector, explicó que la aldea fue engullida por la ladera en la oscuridad. La carretera principal hacia Goma quedó intransitable. Sin acceso, la ayuda no llega. “La naturaleza actuó terriblemente,” dijo, pero también la estructura estatal falló.

Una región atrapada entre recursos y horror

Kivu del Norte es rica en minerales preciosos como coltán, cobalto y oro, esenciales para la tecnología global. Sin embargo, esa riqueza ha sido su condena. El grupo armado M23, apoyado por Ruanda según informes de la ONU, ha revitalizado su ofensiva, desplazando poblaciones y tomando control de zonas clave como Walikale.

Más de 7 millones de personas han sido desplazadas en esta región según la ONU, una de las peores crisis humanitarias del planeta. Y aunque todos miran cuando se habla de recursos estratégicos, pocos observan cuando niños, madres y trabajadores mueren bajo el peso de la negligencia y el conflicto armado.

Imágenes que no aparecen en las portadas

¿Por qué estas historias no ocupan titulares de primera plana? ¿Por qué el dolor de una familia rusa que pierde a su bebé o de una comunidad africana que despierta bajo los escombros no genera el mismo impacto que los eventos económicos o políticos de Occidente?

Se trata de la jerarquía de la tragedia, como algunos académicos lo han descrito. Las noticias que “venden” son las que tienen rostros ya conocidos o cifras que impactan el bolsillo. Las demás, aunque devastadoras, pasan como una línea en un boletín o un post casual en redes sociales.

El contraste de Davos: las élites que discuten el mundo sin tocar fondo

Justo mientras estas tragedias ocurrían, Davos se preparaba para recibir a los líderes más poderosos del planeta en su edición del Foro Económico Mundial. Más de 3,000 asistentes, incluyendo 850 CEOs, seis de los siete líderes del G7 y decenas de presidentes y primeros ministros estarán presentes.

El presidente estadounidense Donald Trump encabezará la mayor delegación registrada de su país, acompañado por cinco miembros del gabinete. China también enviará una importante representación liderada por el viceprimer ministro He Lifeng.

El evento busca oficialmente “mejorar el estado del mundo”, pero ha sido criticado por ser un espacio donde las elites se conectan para hacer negocios en nombre del progreso, mientras los excluidos del sistema global siguen enfrentando desastres como los de Novokuznetsk y Burutsi sin que nadie les tienda la mano.

Como señaló la periodista británica Anna Kessel en un artículo para The Guardian, “el cambio no se logra en las cumbres donde solo hay poder, sino donde hay dolor convertido en acción.”

¿Y ahora qué?: entre la indignación y la acción real

Es fácil pedir justicia. Es legítimo exigir respuestas. Pero lo que realmente cambiaría la narrativa global es un compromiso estructural por atender esas tragedias invisibles. Sistemas de salud públicos fuertes en regiones marginales, monitoreo de condiciones ambientales en zonas vulnerables, y un enfoque internacional menos cínico y más solidario.

Porque mientras los discursos en Davos suenan a futuro, el presente inmediato de millones de personas sigue marcado por la tragedia, el abandono y la lucha por sobrevivir un día más.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press