Ucrania bajo fuego: Rusia intensifica los ataques con drones y misiles en pleno invierno
El Kremlin redobla su ofensiva contra la infraestructura energética y desafía abiertamente los esfuerzos de paz liderados por Estados Unidos
La guerra entre Rusia y Ucrania entra en una nueva y peligrosa fase con intensos bombardeos con drones, misiles balísticos y de crucero lanzados por el Kremlin sobre distintas regiones ucranianas. En pleno invierno, Moscú apunta a colapsar la red energética del país vecino como una estrategia para debilitar la moral civil y presionar políticamente tanto a Kiev como a sus aliados occidentales.
Una campaña sostenida contra la energía de Ucrania
En solo cuatro días, Rusia ha llevado a cabo dos rondas masivas de ataques nocturnos que afectaron al menos a ocho regiones ucranianas, entre ellas la capital, Kiev, y ciudades clave como Járkiv y Odesa.
El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, informó que el último ataque involucró casi 300 drones explosivos, 18 misiles balísticos y 7 misiles de crucero, una de las más grandes arremetidas desde el inicio de la invasión a gran escala en febrero de 2022.
En Járkiv, un ataque contra un depósito de correos dejó cuatro muertos y diez heridos, mientras que cientos de miles de hogares quedaron sin electricidad en el área de Kiev, donde las temperaturas diurnas caían hasta -12 °C. Las condiciones glaciales han obligado a los ciudadanos a depender de generadores eléctricos y redes de calefacción alternativas.
“El invierno como arma”: una estrategia de desgaste
Desde los primeros meses de la guerra, Moscú ha apuntado estratégicamente a infraestructuras civiles críticas, como plantas eléctricas, redes de agua potable y calefacción urbana. Esta táctica, conocida ya por expertos militares y analistas como “weaponizing winter” o “el invierno como arma”, busca doblegar a la población civil haciendo imposible la vida diaria.
La representante adjunta de EE. UU. ante la ONU, Tammy Bruce, condenó en una sesión urgente del Consejo de Seguridad las últimas acciones del Kremlin, calificándolas como “una peligrosa e inexplicable escalada del conflicto”. Washington teme que estas escaladas aborten los esfuerzos por reanudar negociaciones de paz.
Ataques a infraestructuras civiles en Odesa
En Odesa, una ciudad portuaria clave en el sur de Ucrania, el saldo fue de seis heridos tras el impacto de drones y misiles en múltiples blancos estratégicos: desde infraestructuras eléctricas hasta una escuela infantil y un hospital.
Oleh Kiper, jefe de la administración militar regional, detalló que varios edificios residenciales también sufrieron daños estructurales significativos. El ataque eleva la presión sobre las ya diezmadas reservas de combustible y energía en la región.
La respuesta ucraniana: drones de largo alcance
A pesar de estar a la defensiva, Ucrania ha intensificado sus propias operaciones ofensivas mediante drones de fabricación nacional. En las últimas horas, drones ucranianos alcanzaron una importante instalación de fabricación de drones en Taganrog, dentro del territorio ruso.
La planta Atlant Aero, responsable del diseño y desarrollo de drones Molniya e insumos para vehículos no tripulados Orion, fue blanco del ataque. El Estado Mayor ucraniano confirmó incendios y explosiones en el lugar, aunque Moscú reconoció solo la caída de varios drones y minimizó los daños.
Un invierno glacial y sin tregua
Este invierno se perfila como uno de los más crudos y peligrosos para los ucranianos desde el comienzo de la invasión. En las últimas semanas, múltiples regiones del país han experimentado temperaturas por debajo de los -10 °C, al tiempo que el ejército ruso ha redoblado sus bombardeos sobre plantas generadoras y torres de alta tensión.
Las consecuencias humanitarias son alarmantes: millones de ucranianos están expuestos al frío sin acceso estable a calefacción o agua potable. La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) estima que al menos 1,6 millones de personas podrían verse forzadas a desplazarse en los próximos meses si la infraestructura colapsa completamente.
La escala de la agresión rusa
Solo en los dos últimos grandes ataques documentados:
- Rusia ha lanzado más de 500 drones y 50 misiles de diversos tipos.
- Se ha utilizado por segunda vez en la guerra un misil hipersónico ruso, capaz de evadir las defensas aéreas occidentales.
- La estrategia parece deliberadamente sincronizada con los esfuerzos diplomáticos de EE. UU. y la OTAN, buscando desprestigiarlos.
Especialistas en defensa señalan que estas acciones no son solo militares, sino que también constituyen mensajes geoestratégicos hacia Occidente y, en particular, a los países que aún discuten sobre el envío de sistemas antiaéreos como el Patriot estadounidense o el IRIS-T alemán.
Las exigencias de Ucrania a sus aliados
Volodímir Zelenski ha reiterado en varias ocasiones que la velocidad con la que Europa y Estados Unidos cumplan sus compromisos es vital. Para resistir una guerra que ha virado hacia el largo plazo, Ucrania necesita más que promesas: necesita entregas inmediatas.
“No se trata solo de defensa antiaérea, hablamos también de suministros energéticos, combustible, fondos para reconstrucción urgente y ayuda humanitaria”, expresó el mandatario durante una comparecencia televisada el martes.
Este llamado resuena con fuerza, especialmente ante la evidencia creciente de que el Kremlin confía en una victoria por agotamiento, contando con que el cansancio y división en las democracias occidentales paralicen los apoyos críticos que Ucrania necesita.
Un cuarto año de guerra sin señales de tregua
Cuando el conflicto se acerca a su cuarto aniversario el próximo 24 de febrero, lo que se vislumbra es una intensificación del enfrentamiento a todos los niveles: militar, propagandístico, diplomático y económico.
Mientras en el terreno los drones zumban por el cielo helado y las sirenas antiaéreas se convierten en parte de la rutina diaria, las reuniones diplomáticas parecen estar cada vez más alejadas de conseguir siquiera una tregua parcial.
Por ahora, la realidad sigue siendo la de dos países enfrentados en una guerra donde el invierno —tan crudo como implacable— es tan mortal como cualquier misil.
