¿Puede el Partido Demócrata recuperar el Senado en 2026? Las claves, obstáculos y apuestas de una carrera cerrada

Con Trump dominando el escenario político, los demócratas buscan revertir el control republicano en el Senado entre tensiones internas, candidatos veteranos y un electorado cada vez más volátil.

El panorama electoral del Senado en 2026

Con las elecciones intermedias en el horizonte de 2026, la batalla por el control del Senado de los Estados Unidos se perfila como una de las contiendas políticas más reñidas, tensas y decisivas de los últimos ciclos electorales. El Partido Demócrata, bajo el liderazgo del senador Chuck Schumer, visualiza una ruta, aunque estrecha, para retomar el control de una cámara que actualmente ostentan los republicanos con 53 escaños frente a 47 del bloque demócrata (incluyendo dos independientes).

Para alcanzar la mayoría, los demócratas requieren ganar un mínimo de cuatro escaños, una proeza que parecía impensable hace tan solo un año. Sin embargo, múltiples factores —desde el leve giro de los votantes independientes hacia los demócratas, hasta el creciente descontento con el gobierno de Donald Trump— les han dado un impulso de confianza inesperado.

Mary Peltola: ¿la clave para abrir Alaska?

Uno de los movimientos más estratégicos celebrados por los líderes demócratas es la candidatura al Senado de Mary Peltola en Alaska. Electa en dos ocasiones para el escaño único de la Cámara que representa a todo el estado, Peltola ha demostrado tener una base electoral confiable en un territorio tradicionalmente conservador. Su salto al Senado reconfigura el tablero, abriendo una posibilidad de arrebatarles un bastión a los republicanos.

Según el senador Schumer, Alaska se suma así a otros estados prioritarios para el partido, como Ohio, Carolina del Norte y Maine, donde han reclutado figuras de peso con experiencia ejecutiva estatal como Roy Cooper y Janet Mills. Aun así, ninguno de estos nombres representa un “as” asegurado.

Los retos de elegir candidatos veteranos

Uno de los puntos más delicados dentro del Partido Demócrata ha sido su preferencia reciente por candidatos de edad avanzada, lo que contrasta con el reclamo popular —especialmente entre electores jóvenes— por una renovación generacional.

Después de que Joe Biden renunciara a su reelección en 2024 por preocupaciones relacionadas con su edad, muchos esperaban que el partido apostara por “sangre nueva”. Sin embargo, nombres como Sherrod Brown (Ohio, 72 años) y la propia Janet Mills (Maine, 76 años) siguen encabezando postulaciones. Para estrategas como Lis Smith, esto es una señal de que el liderazgo demócrata está desconectado de su base:

“Los votantes enviaron un mensaje claro en 2024: están hartos de la gerontocracia”, señaló Smith.

Una izquierda inquieta y fracturas internas

Las tensiones internas aumentan con la presencia de candidatos progresistas que emergen en algunos estados claves. En Maine, por ejemplo, el progresista Graham Platner, un veterano y agricultor de ostras, enfrenta a Mills en la primaria con el apoyo del senador Bernie Sanders. Sin embargo, Platner ha sido objeto de controversia por publicaciones en redes sociales y un tatuaje con supuestas connotaciones nazis, generando preocupación sobre su viabilidad en una elección general.

En otros estados como Minnesota, Texas e Iowa, se repite este fenómeno: primarias internas encendidas que podrían dejar a los demócratas debilitados frente a oponentes republicanos ya consolidados.

Trump, Venezuela y la percepción de 'haber ido demasiado lejos'

En paralelo, la figura de Trump sigue polarizando al electorado, especialmente en materia de política exterior. Un sondeo realizado por AP-NORC en enero reveló que 56% de los adultos en EE.UU. considera que Trump ha excedido sus funciones al desplegar acciones militares fuera del país, específicamente tras la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro por parte del ejército estadounidense.

Estas intervenciones, que han buscado controlar activos estratégicos como el petróleo en Venezuela o la fantasiosa idea de “tomar” Groenlandia, han comenzado a erosionar la imagen de Trump incluso entre sectores de su base. Aunque republicanos como Marco Rubio y JD Vance han respaldado públicamente estas acciones, el electorado más moderado parece alejándose.

Los demócratas intentan capitalizar esa percepción. Schumer ha declarado que el partido se enfocará en destacar el “costo, corrupción y caos” que Trump y los republicanos han provocado.

La inmigración y la percepción de caos

Las redadas del ICE también han entrado en el debate político. Según Schumer, múltiples ciudades están sufriendo un ambiente de inestabilidad a raíz de estas acciones represivas del gobierno de Trump, lo que genera un contraste con su supuesta defensa de los derechos humanos en lugares como Irán.

Para los estrategas demócratas, esta disonancia en la narrativa —ayudamos a los manifestantes iraníes pero perseguimos a familias latinas en Minneapolis— alimenta la percepción de que Trump está más motivado por el espectáculo que por una política coherente y justa.

Economía, inflación y narrativa demócrata

Los demócratas planean centrarse en cinco pilares económicos para construir su discurso ante el electorado: salud, vivienda, precios de alimentos, tarifas y cuidado infantil. De acuerdo con Schumer, estos temas tocan directamente la vida del votante promedio:

“El número uno es el costo. El costo de vida, la asequibilidad. Por eso vamos a enfocarnos en eso”, insistió el senador.

Esta narrativa se complementa con datos actuales: una nueva encuesta de Gallup indicó que 47% de los estadounidenses se identifican o simpatizan con los demócratas, frente al 42% con los republicanos. Es la primera vez desde la primera presidencia de Trump que los demócratas tienen esta ventaja.

Jóvenes y votantes no blancos, una apuesta aún incierta

Un sector problemático para los demócratas ha sido la reciente deriva de votantes jóvenes y no blancos hacia Trump. Según Schumer, esto ha comenzado a revertirse tras los últimos resultados estatales en 2025:

  • Abigail Spanberger ganó la gobernación de Virginia con +15 puntos
  • Mikie Sherrill arrasó en Nueva Jersey con una ventaja de +13 puntos

Ambas victorias —sostiene Schumer— son signos de un giro en la percepción de que Trump no está sirviendo a los intereses reales de estas comunidades.

¿Qué pasa si fallan en 2026?

La presión es enorme. Un fracaso electoral podría reforzar el dominio republicano sobre el poder legislativo por otros cuatro o seis años. Muchos analistas coinciden en que esta elección será una especie de referéndum sobre el trumpismo fuera de la Casa Blanca.

Según Betsy Ankney, quien fue directora política del National Republican Senatorial Committee, los demócratas subestiman el reto de ganar en estados que Trump venció sobradamente en 2024. Alaska y Ohio, por ejemplo, le dieron márgenes de victoria de 13% y 11%, respectivamente.

Todo indica que será una competencia voto a voto. Y con primarias internas por resolver, candidatos mayores, tensiones ideológicas y una figura polarizadora como Trump en el centro del debate, cada error puede costar una mayoría.

Los caminos demócratas se abren, pero nada está garantizado.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press