A oscuras bajo el ataque: el invierno más frío de Ucrania en tiempos de guerra
Entre bombardeos rusos, apagones y temperaturas letales, los ucranianos resisten en una Kyiv sin electricidad
Por las calles congeladas de Kyiv, una linterna puede ser la diferencia entre la esperanza y el desamparo. Mientras el invierno más crudo en años asOLA a Ucrania, las incesantes ofensivas rusas contra la infraestructura energética han dejado a millones sin calefacción, luz ni agua. Este artículo es una mirada cruda y humana al día a día de quienes enfrentan esta lucha silenciosa contra el frío y la oscuridad.
Ataques sistemáticos a la infraestructura energética
Desde octubre de 2022, Rusia ha intensificado sus bombardeos contra centrales eléctricas y subestaciones de Ucrania. Se trata de una estrategia deliberada para desgastar a la población civil durante el invierno, una táctica considerada por muchos analistas como parte de la guerra híbrida.
En enero de 2026, esta campaña alcanzó uno de sus puntos críticos. Según la Agencia Internacional de Energía, más del 40% de la capacidad de generación eléctrica del país fue dañada o destruida. En Kyiv, esto ha significado apagones de hasta 18 horas por día.
“Un invierno sin alma”: la vida en la penumbra
Las imágenes de vecinas como Tetiana Tatarenkova, caminando por la noche con una linterna en mano para visitar a sus vecinos, se han vuelto símbolo de resiliencia. “Lo importante es que seguimos aquí, no nos han vencido”, dice Tetiana, mientras sostiene una vela junto a una improvisada estufa a leña.
En medio del apagón, otros como Raisa Derhachova encuentran refugio en la música. Fue fotografiada tocando el piano en completa oscuridad, una escena casi surrealista que resume la necesidad del ser humano de resistir con dignidad. “La música es lo único que me conecta con otro tiempo, con algo que no sea esta guerra”, comentó en una entrevista para la prensa local.
Las “tiendas de calor”: puntos de sobrevivencia
Ante la emergencia, las autoridades y voluntarios han montado lo que llaman "puntos de invencibilidad”: tiendas calefaccionadas donde los ciudadanos pueden cargar sus teléfonos, beber té caliente y simplemente calentarse. “Pasamos horas aquí, a veces el día entero”, cuenta Lyudmila Kopal, de 68 años. “No tengo generador, y en mi casa la temperatura no pasa de los 2 grados Celsius”.
Estas estaciones de apoyo son vitales. Según el Ministerio de Energía de Ucrania, hay al menos 5.000 de estos centros operativos en todo el país. Su función ha sido salvar vidas, particularmente entre ancianos, niños y personas con movilidad reducida.
Una Navidad entre sombras
Incluso durante las fiestas de fin de año, millones de ucranianos las pasaron sin luz. En Kyiv, una imagen capturó a una mujer de pie junto al árbol de Navidad, alumbrada solo por una linterna. Fue ampliamente compartida como símbolo de resistencia espiritual.
La ONG Save the Children reportó que más de 2 millones de niños ucranianos han sido afectados directa o indirectamente por los apagones. “No entienden por qué no hay luz, por qué no pueden ver dibujos animados, por qué hace tanto frío”, dice Marta Sich, trabajadora social en Zaporizhzhia.
Héroes sin capa: los trabajadores eléctricos
Mientras las bombas siguen cayendo, brigadas de trabajadores eléctricos arriesgan su vida cada día para reparar transformadores quemados, postes caídos y subestaciones despedazadas. Varios han muerto en el proceso.
“Es como jugar a reconstruir un castillo de arena en medio de una tormenta”, cuenta Viktor Melnyk, ingeniero de 49 años en la región de Boryspil. “Pero si no lo hacemos, la gente muere congelada”.
Una fotografía que ha dado la vuelta al mundo muestra a tres electricistas subidos a una torre de alta tensión, trabajando bajo la nieve tras un ataque con drones. El transformador había explotado minutos antes. Ellos, sin embargo, siguieron trabajando.
Datos de impacto: una guerra en cifras térmicas
- Temperatura mínima registrada en Kyiv en enero de 2026: -23°C
- Personas afectadas por apagones diarios prolongados: 10 millones (Informe del gobierno de Ucrania)
- Infraestructura energética dañada: 62 subestaciones, 15 plantas térmicas, 3 centrales hidroeléctricas
- Promedio de horas sin electricidad al día: entre 10 y 18 horas en zonas urbanas; hasta 22 en zonas rurales
El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) emitió una alerta en la que advertía que "miles de niños están en riesgo de hipotermia y hambre". La cruz roja ucraniana también informó sobre un aumento del 40% en casos de enfermedades respiratorias.
Una guerra de resistencia civil
Más allá de los frentes militares, esta guerra también se libra en los hogares. Madres que hierven nieve para bañar a sus hijos. Estudiantes que hacen tareas bajo una vela. Ancianas que caminan kilómetros para buscar leña. Todo esto ocurre a diario.
Frente al horror, se alza también una solidaridad sin fronteras. Donaciones de generadores, ropa térmica e incluso libros han llegado desde diversos países de Europa, América Latina y América del Norte. Campañas como #LightForUkraine recaudaron millones en donaciones.
“No buscamos lástima. Buscamos justicia y respaldo”, declaraba el presidente Volodímir Zelenski en un discurso reciente. “Nuestros ciudadanos no deben sufrir en la oscuridad por el simple deseo de un imperio de quebrar nuestra dignidad”.
El silencio de la diplomacia y el ruido de los generadores
Aunque han existido propuestas de sanciones adicionales contra Rusia por parte de la Unión Europea, la respuesta internacional no ha sido unánime. Mientras tanto, las estufas a gas, los generadores diésel y las linternas LED siguen marcando el pulso de la vida cotidiana en Ucrania.
Kyiv, otrora vibrante metrópolis moderna, se asemeja a una ciudad de siglos atrás cuando cae la noche: calles a oscuras, casas iluminadas por velas, el rumor tenue de un generador a lo lejos, y un extraño silencio que congela más que la nieve.
La guerra en Ucrania no solo se libra en los campos de batalla. También se combate en los fríos salones de cada hogar sin electricidad, en cada padre que improvisa una estufa, en cada niño que estudia a la luz de una vela. Es la resistencia diaria la que mantiene vivo el espíritu de un país que se niega a apagarse.
