Aviones, errores y advertencias ignoradas: la historia detrás del trágico accidente del MD-11 de UPS en 2025

Una mirada profunda al siniestro de Louisville, las decisiones de Boeing en 2011 y los ecos del desastre del DC-10 de 1979

Un accidente que removió heridas del pasado

El 4 de noviembre de 2025, el cielo de Louisville, Kentucky, se tiñó de humo y fuego cuando un avión de carga de UPS se estrelló poco después de despegar del Aeropuerto Internacional Muhammad Ali. El MD-11, un modelo veterano en la industria de la aviación, perdió su motor izquierdo mientras aceleraba por la pista, lo que llevó al desastre aéreo que terminó con la vida de 15 personas: tres tripulantes del avión y 12 personas en tierra.

La tragedia no solo sacudió a la comunidad de Louisville, sino que también reabrió heridas en la industria aeronáutica, rescatando del olvido advertencias mecánicas de más de una década atrás. Según un informe preliminar de la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB, por sus siglas en inglés), Boeing había documentado desde 2011 fallos en la pieza que terminó provocando el accidente —pero en aquel momento no consideró que estuviera relacionada con la seguridad de vuelo.

Un historial de fallas conocido

La pieza en cuestión, conocida como spherical bearing race, ayuda a fijar los motores del MD-11 a las alas. De acuerdo con la NTSB, Boeing había reconocido al menos cuatro fallas previas en tres aviones distintos durante 2011, pero concluyó que no representaban una amenaza crítica directa. Como resultado, no se ordenó ninguna acción preventiva a gran escala.

El accidente de 2025 mostró que la pieza sufrió una rotura completa. Investigadores encontraron que los soportes del motor estaban agrietados, y que la pieza clave se había roto en dos, lo cual facilitó la separación del motor izquierdo de la aeronave. Las imágenes grabadas ese día son impactantes: llamas emergen del ala mientras el motor pasa por encima y genera una explosión que arrasa edificios cercanos.

¿Qué es el MD-11 y por qué seguía volando?

Diseñado como una evolución del DC-10, el MD-11 fue introducido en los años 90 como una opción de largo alcance para aerolíneas y transporte de carga. Aunque varias aerolíneas comerciales dejaron de operar este modelo por su eficiencia cuestionable y un historial problemático de accidentes, compañías como UPS y FedEx continuaron utilizándolo para transporte de carga.

El avión protagonista de este accidente tenía 34 años. Aunque fue sometido a mantenimiento en 2021, la pieza dañada no estaba programada para revisión detallada hasta dentro de al menos 7,000 ciclos de vuelo. Este dato ha generado duras críticas al calendario de mantenimiento aprobado y ha puesto en entredicho los protocolos de seguridad en aeronaves de carga envejecidas.

Recordando el desastre de 1979: ¿la historia se repite?

El accidente del MD-11 en Louisville evoca inevitablemente otro trágico episodio: el accidente del vuelo 191 de American Airlines el 25 de mayo de 1979, en el aeropuerto O'Hare de Chicago. Durante ese siniestro, un DC-10 (precursor del MD-11) también perdió su motor izquierdo durante el despegue, causando la muerte de 273 personas. Fue el desastre aéreo más letal en la historia de Estados Unidos.

Tras esa tragedia, todos los DC-10 fueron puestos en tierra. La investigación posterior determinó que el accidente fue causado por una mala práctica de mantenimiento: los operarios usaron una montacargas para reinstalar el motor, dañando su estructura. Aunque el diseño del avión fue cuestionado, el fabricante evitó mayores sanciones al atribuir la causa al factor humano. Sin embargo, desde entonces, la industria mantiene bajo la lupa a los modelos derivados de esa familia de aeronaves.

Boeing: ¿una advertencia ignorada?

La revelación de que Boeing conocía potenciales fallos desde 2011 plantea preguntas clave sobre las políticas de riesgo en la aviación. Entre los críticos más destacados está el experto en seguridad aérea Greg Feith, ex investigador de la NTSB, quien señaló para CNN:

“Si tienes múltiples eventos y fallas en una misma pieza, no puedes simplemente cruzarte de brazos solo porque aún no causan derribos. Esa lógica falló con los DC-10 en los 70 y está fallando de nuevo.”

Los documentos de Boeing revelan que la empresa optó por emitir una comunicación a los operadores con recomendaciones, pero sin obligar a reemplazos ni inspecciones aceleradas. Esa decisión, claramente, ha sido puesta en entredicho.

El papel de la FAA y los inspectores

El Federal Aviation Administration (FAA) también ha sido criticado por no obligar una revisión del diseño o del mantenimiento específicamente enfocado en los motores del MD-11. En procesos anteriores, como con el 737 MAX, la FAA fue acusada de tener una relación demasiado cercana con Boeing, lo cual se reflejó en procesos de certificación complacientes.

En este caso, los errores de mantenimiento también salieron a flote. Aunque los soportes de motor habían sido inspeccionados como parte del plan de mantenimiento general, las grietas no fueron detectadas. Esto abre una discusión sobre la adecuación de técnicas de inspección rutinarias para aeronaves más antiguas.

¿Qué pasará ahora con los MD-11?

Tras el accidente, se ordenó la inmediata suspensión de todos los vuelos con MD-11 en flotas de carga en EE.UU. y algunos países aliados. Incluso los 10 DC-10 aún en operación en misiones especiales (como combate de incendios forestales) también fueron puestos en tierra como medida de precaución.

Las empresas como UPS y FedEx ya habían empezado la transición de estos aviones a modelos más eficientes como el Boeing 767 o el Airbus A330 en versión de carga, pero este siniestro ha acelerado enormemente su salida definitiva de la flota activa.

Una tragedia que exige cambios profundos

Este accidente es más que una tragedia aislada. Es el resultado de decisiones tomadas una década antes, de un marco regulatorio que permitió omitir precauciones, y de una industria que aún sostiene muchos de sus procesos fundamentales sobre parámetros de riesgo económico más que sobre tolerancia cero al fallo.

El informe final de la NTSB se espera para finales de 2026. Mientras tanto, los familiares de las víctimas, pilotos, sindicatos de mantenimiento y legisladores seguirán presionando a Boeing, a la FAA y a todos los involucrados para que esta tragedia no quede como otra estadística en la historia de la aviación.

Lo que queda claro es que, al igual que en 1979, ignorar señales tempranas vuelve a ser el error más costoso.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press