Daulton Jefferies: El guerrero solitario del béisbol que no se rinde jamás
Tras múltiples cirugías y rehabilitaciones, el lanzador vuelve a intentarlo por cuarta vez en busca de un regreso heroico a las Grandes Ligas
Un brazo que no se da por vencido
En el frío de una mañana de diciembre en Walnut Creek, California, Daulton Jefferies prepara su brazo nuevamente. Lo hace sin reflectores, sin entrenadores profesionales que lo corrijan ni multitudes que lo aclamen. Solo, en un campo municipal, frente a una lona improvisada, el exlanzador de Grandes Ligas repite su rutina esperando que esta vez sí sea la definitiva.
Jefferies, quien fuera una elección de primera ronda del Draft de la MLB en 2016 por los Oakland Athletics, no ha tenido una carrera fácil. Tres cirugías Tommy John, múltiples lesiones en su brazo derecho y una lucha interna por reencontrar su identidad fuera del diamante lo han llevado al límite —física y emocionalmente— más de una vez. Sin embargo, aquí está de nuevo, preparándose para un regreso que muchos considerarían imposible.
Una carrera truncada por la salud
Con solo 20 juegos en las Grandes Ligas hasta la fecha, Jefferies tiene una marca de 2-10 y una elevada efectividad de 6.59 en 71 entradas. Estas estadísticas, sin contexto, podrían parecer el perfil de un jugador que simplemente no dio la talla. Pero la realidad detrás de esos números es un relato lleno de tenacidad, dolor y superación.
Tras una segunda cirugía Tommy John en 2022 y una intervención por el síndrome de salida torácica, Jefferies solo logró lanzar brevemente para los San Francisco Giants antes de ser traspasado a los Pittsburgh Pirates, donde tuvo una ERA de 17.36 en apenas dos apariciones. Fue un final abrupto más para quien parecía haber llegado a su punto final como profesional.
La vida más allá del béisbol
Lo que diferencia a Jefferies no es solo su persistencia; es su capacidad para reconfigurarse. Cuando parecía que su carrera había terminado, encontró un nuevo propósito en los bienes raíces comerciales y retomó sus estudios en sociología en la Universidad de California, Berkeley. Pero su amor por el béisbol seguía latente.
“Tuve algunas crisis de identidad. Me preguntaba ‘¿quién soy fuera del béisbol?’, y eso fue lo más difícil de aceptar”, confesó. Fue durante el verano pasado, después de largas conversaciones con su padre y su esposa Natalie, cuando decidió intentarlo una vez más.
De regreso al montículo, paso a paso
La rehabilitación de Jefferies no ha sido como la de los jugadores que trabajan en modernas instalaciones financiadas por sus equipos. Su gimnasio ahora es un parque de ciudad. Su equipo de apoyo: su esposa y él mismo. Compró una colina portátil por $70 en línea y usa un cubo de plástico lleno de pelotas como caja de herramientas. Incluso ha aprendido técnicas de fisioterapia autodidacta, como el uso de un cuchillo de mantequilla para masajear el tejido cicatricial.
“Me siento bien, sorprendentemente”, asegura. Y añade: “He hecho esto cuatro veces por mi cuenta. Cuatro rehabilitaciones de 18 meses cada una. Ya sé cómo hacerlo”.
El amor como motor
Detrás de cada gran atleta suele haber una red de apoyo igual de fuerte. En el caso de Jefferies, su esposa Natalie ha sido su compañera incansable. Ella filma sus lanzamientos, le ayuda a recoger las pelotas y lidia con los cambios de humor y frustraciones de su marido. “Muy orgullosa”, dijo, “Él ama este deporte y ¿por qué no intentarlo de nuevo?”
Mientras él lanza con una gorra vieja de los Pirates en reversa, Natalie lo observa. Las fuerzas están justas, pero la motivación sobra. Cada semana, dos veces por semana, descargan su equipo y hacen lanzamientos en un rincón del parque. A veces cruzan palabras con instructores que dan clases de golf a unos metros de allí. Algunos transeúntes se detienen, otros ni se percatan.
Más que un regreso, un acto de redención
Detrás del esfuerzo de Jefferies hay algo más que el simple deseo de volver a un uniforme. Es una forma de reconciliarse con el deporte que tanto amó, de probarse a sí mismo que aún puede hacerlo. “Quiero volver, en cualquier contexto, solo para demostrar que puedo hacerlo de nuevo. Amo lanzar una bola”, dice.
Él sabe que muchos pensarán que está loco. “Y probablemente tengan razón”, contesta entre risas, “pero tienes que estar un poco loco para hacer esto otra vez”. Su mantra favorito viene de la exestrella del bullpen, Sergio Romo: “No es tu última oportunidad, es tu siguiente”.
La ciencia detrás de una cirugía repetida
La cirugía de Tommy John, cuyo nombre oficial es reconstrucción del ligamento colateral cubital (UCL), generalmente tiene una tasa de éxito del 80-85% tras la primera intervención. Sin embargo, con cada cirugía posterior, las probabilidades de regresar al nivel anterior disminuyen significativamente.
En jugadores que han pasado por una segunda o tercera intervención, el retorno a las Grandes Ligas cae a menos del 20%, según datos de la National Institutes of Health. Jefferies ha enfrentado esto tres veces. Y aún así, sigue adelante.
“Muchos lanzadores no queremos sentirnos al 100%”, explica. “Cuando algo duele un poco, sabemos que al menos hay vida ahí. Esa conexión mente-cuerpo se vuelve intensa cuando vives al filo de lo posible.”
Una historia que vale la pena contar, sea cual sea el final
No sabemos si Daulton Jefferies logrará volver a lanzar en un estadio de Grandes Ligas. Lo que sí sabemos es que, de lograrlo, su regreso sería digno de película y de admiración en un mundo del deporte profesional donde la persistencia muchas veces queda eclipsada por los números.
En cada lanzamiento que hace en el anonimato de Heather Farm Park, lleva consigo historias de dolor, perseverancia, y sobre todo, el inmenso amor por un juego que castiga tanto como recompensa. Y quizás, eso es lo que lo hace verdaderamente grande.
“Puedo hacerlo a los 30, seguro”, dice confiado. “Hay jugadores de 34, 37 años aún lanzando. Si ellos pueden, yo también.”
Se necesita de todos
Mientras termina una de sus sesiones, Jefferies se gira hacia Natalie. “Toma el teléfono, quiero grabar este ángulo lateral”. Él sabe que el camino es largo, pero cada lanzamiento es una afirmación de que vale la pena. Como bien resumen ambos al unísono: “Toma de una aldea”. Y en esa pequeña aldea que han construido, todo parece posible.
