El cambio de poder en Venezuela: ¿una nueva era o más de lo mismo?

Delcy Rodríguez asume la presidencia tras la sorpresiva expulsión de Maduro por EE. UU., mientras se reavivan tensiones políticas e ideológicas

Caracas vive días de incertidumbre. Tras la espectacular operación militar liderada por Estados Unidos que capturó al expresidente Nicolás Maduro, Venezuela ha entrado en un nuevo capítulo lleno de símbolos, promesas y viejas tensiones políticas. A la cabeza de esta inesperada transición está Delcy Rodríguez, una figura con fuertes lazos al poder chavista y ahora presidenta interina del país.

Delcy Rodríguez y su peculiar ascenso al poder

Delcy Rodríguez, de 56 años, abogada y política de carrera, fue la vicepresidenta de Maduro desde 2018. Durante ese tiempo, estuvo al mando del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), así como de la estratégica industria petrolera. Su nombramiento como presidenta interina sucedió tan solo dos días después de que Maduro fuera capturado el 3 de enero de 2026.

Ante la prensa nacional e internacional reunida en el Palacio de Miraflores, Rodríguez afirmó que su gobierno continuará el proceso de liberación de presos políticos iniciado bajo el régimen de Maduro. Una decisión que, según sus palabras, busca iniciar “un nuevo momento político que permita la comprensión entre diferencias ideológicas y políticas”.

¿Una estrategia made in Washington?

Pese a que Rodríguez fue sancionada por Estados Unidos en el pasado por violaciones a los derechos humanos, el gobierno de Donald Trump ha pivotado sorprendentemente hacia ella para asegurar sus intereses estratégicos en Venezuela, en especial su petróleo.

La liberación de al menos 68 presos políticos —muchos verificados por la ONG Foro Penal— ha sido interpretada tanto como un gesto de reconciliación como una concesión impuesta desde Washington.

La jugada ha dejado fuera a María Corina Machado, figura opositora reconocida con el Premio Nobel de la Paz en 2025. Su relegación temporal en este proceso, según analistas, es un intento calculado de los estadounidenses para mantener el control sin ceder demasiado a la pluralidad política nacional.

La operación militar que cambió el tablero

La destitución de Maduro no fue diplomática. Fue el resultado de una operación militar sorpresa validada por la Oficina de Asesoría Legal (OLC) del Departamento de Justicia de EE. UU., que concluyó que tal acción no constituía una «guerra» en términos constitucionales.

Según documentos recientemente desclasificados, el memorando de 22 páginas redactado por abogados de la OLC sostenía que el presidente Trump estaba legalmente facultado para ordenar la expulsión de Maduro, amparándose en:

  • Los cargos de narcotráfico presentados en una corte federal de Brooklyn contra Maduro
  • La protección de civiles venezolanos
  • La posible resistencia armada de más de 200 guardaespaldas extranjeros hospedados en un fuerte militar especialmente acondicionado

El documento también indica que no hay planes de ocupación militar prolongada en Venezuela —un temor latente en la región—, y recalca que la operación fue una excepción estratégica.

Reacciones en el Congreso de EE. UU.

A pesar de la agilidad de la operación, el Senado de EE. UU. ha reaccionado con cautela. La cámara alta votó recientemente una resolución para limitar la capacidad de Trump de llevar a cabo futuras operaciones militares en territorio venezolano sin el aval del Congreso.

Sin embargo, el exmandatario presionó fuertemente a senadores republicanos para evitar escisiones en su apoyo político. De momento, la resolución quedó en suspenso, permitiéndole a Trump mantener su narrativa de “libertador del hemisferio”.

¿Quién es Delcy Rodríguez realmente?

Aunque fue conocida internacionalmente como portavoz feroz del régimen de Maduro, Delcy también ha tejido su imagen como diplomática y hábil operadora silenciosa. Proviene de una familia ligada a la política revolucionaria: su hermano, Jorge Rodríguez, es presidente de la Asamblea Nacional.

Una fuente citada por Reuters asegura que Delcy ha sido desde siempre la “controladora invisible del régimen”. Tanto en negociaciones petroleras con Rusia y China como en los pactos secretos con facciones militares internas, ella siempre estuvo atrás del telón.

Este perfil le permite, paradójicamente, ser una figura “de transición” aceptable tanto para Estados Unidos como para sectores moderados del chavismo.

¿Democracia en el horizonte o cooptación estratégica?

El escenario político venezolano se reconfigura entre esperanza y cinismo.

Las recientes liberaciones han sido bien vistas por organismos como Human Rights Watch y Amnistía Internacional, pero también han advertido sobre la posibilidad de que se trate de un mero lavado de rostro. La represión continua contra manifestantes en estados como Táchira y Lara ilustra que la maquinaria represiva sigue activa.

Además, mientras se anuncian reformas cosméticas, los recursos de PDVSA siguen manejándose con escasa transparencia, y la Asamblea Nacional permanece bajo dominio del partido oficialista, aunque debilitado.

El rol marginal de la oposición

La exclusión de María Corina Machado del nuevo gobierno transitorio ha generado fuertes protestas de sectores opositores. Aunque está citada a reunirse con Trump en la Casa Blanca esta semana, su voz quedó en segundo plano frente a la designación de Delcy Rodríguez.

Muchos analistas señalan que Estados Unidos prefirió una "mano diestra" que garantice cumplimiento antes que fomentar una democracia plena — al menos en el corto plazo.

¿Qué sigue para Venezuela?

Los próximos meses serán clave. En el horizonte se vislumbran elecciones "libres" programadas para diciembre de este mismo año. Sin embargo, de momento, no hay claridad sobre las reglas del juego. ¿Podrá participar Machado? ¿Habrá veeduría internacional?

Mientras tanto, los ciudadanos venezolanos siguen sumidos en una economía destruida, una inflación del 102% anual y servicios públicos colapsados.

"Esto no es una transición ni una democracia. Es un cambio estratégico de mando para que todo cambie sin cambiar," dijo Elías Pino Iturrieta, historiador del Instituto de Estudios Hispanoamericanos, a la cadena NTN24.

En definitiva, la narrativa épica de una “liberación” dista mucho de una solución estructural. Rodríguez, aunque con nuevos aliados y promesas suaves, todavía representa intereses cercanos a los que hundieron al país en su crisis reciente.

El llamado a la ciudadanía

Frente a este panorama, organizaciones civiles y diásporas venezolanas instan a la vigilancia y participación activa. “No podemos repetir 1999 o 2013 donde la esperanza se convirtió rápidamente en autoritarismo reciclado” —afirma Feliciano Reyes, activista en Lima.

El verdadero reto será lograr que este “nuevo momento político” se traduzca en transformaciones profundas y sostenibles en derechos, libertades y bienestar económico. De lo contrario, Venezuela seguirá bailando una danza de sillas bajo la misma música de poder concentrado.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press