El caso Nexperia: cuando los chips encendieron una guerra comercial global

Una batalla judicial en Países Bajos, tensiones entre China y Europa y cómo un fabricante de chips puede alterar el ritmo de la industria automotriz mundial

Desde un juzgado en Ámsterdam hasta las líneas de producción de Mercedes-Benz en Asia, el conflicto que envuelve a Nexperia y sus propietarios chinos va más allá de una disputa corporativa: representa el rostro moderno de la guerra tecnológica global.

¿Qué es Nexperia y por qué es tan importante?

Nexperia es una empresa neerlandesa especializada en semiconductores que fabrica chips esenciales para prácticamente cualquier objeto electrónico del siglo XXI: desde teléfonos móviles hasta automóviles eléctricos. Fue escindida de Philips Semiconductors hace dos décadas y en 2018 fue adquirida por Wingtech, una empresa china de tecnología con conexiones estatales, a través de su holding Yuching con sede en Hong Kong.

La importancia de Nexperia reside no solo en sus productos, sino en su posición estratégica dentro de la cadena de suministros de la industria automotriz global. Empresas como Honda, Mercedes-Benz e incluso gigantes de Asia y América del Norte dependen de sus chips para mantener operativas sus plantas.

El detonante: cuando la seguridad nacional entra en juego

En octubre, el gobierno neerlandés tomó una medida sin precedentes: quitó funciones ejecutivas al CEO chino Zhang Xuezheng y asumió el control efectivo de Nexperia alegando preocupaciones de seguridad nacional e integridad de la propiedad intelectual. Zhang es el fundador de Wingtech, e históricamente ha sido la figura visible de la estrategia global de expansión de esta empresa tecnológica.

La intervención provocó un terremoto geopolítico. En represalia, Beijing bloqueó temporalmente las exportaciones de chips desde la planta china de Nexperia, lo cual disparó el pánico en el mercado automotriz mundial.

Cuando el auto no arranca por falta de chips

La interrupción causada por este conflicto no fue solo diplomática o jurídica. En la práctica, fabricantes como Honda y Mercedes-Benz debieron frenar líneas de producción enteras al verse sin suministro de chips indispensables.

Esta situación recordó a muchos el colapso de la cadena de suministros durante la pandemia de COVID-19, cuando la escasez de microchips se convirtió en uno de los mayores cuellos de botella de la industria global. Pero esta vez el problema no era sanitario, sino político-económico.

Un drama judicial: los argumentos desde ambas trincheras

Durante las audiencias en la Cámara de Empresas del tribunal de apelaciones de Ámsterdam, los abogados de Zhang y Wingtech acusaron al gobierno neerlandés de actuar de forma sorpresiva y sin pruebas reales de espionaje o mal manejo. Por su parte, representantes de la matriz europea aseguraron que la filial china había ignorado órdenes directas de la sede y priorizado otros intereses, contrarios a los de la compañía.

“Está claro que están dispuestos a subordinar los intereses de Nexperia a intereses ajenos”, denunció el abogado Jeroen van der Schriek ante el panel de tres jueces neerlandeses.

Choque de elefantes: diplomacia, chips y Donald Trump

En medio del fuego cruzado apareció un elemento inesperado: el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump. Su reunión con Xi Jinping a finales de octubre permitió, de forma indirecta, que Beijing levantara la prohibición a las exportaciones de chips, distendiendo temporalmente el conflicto.

¿Por qué intervino Trump? Además de un interés económico y estratégico —Estados Unidos también depende de semiconductores en casi todos sus sectores— Trump tiene una relación tensa pero pragmática con China. Facilitó la distensión a través de un gesto diplomático, que fue recibido por el gobierno neerlandés con el retiro de su control sobre Nexperia en noviembre como acto de “buena voluntad”.

Nexperia: entre Goliats y pequeños países

Este conflicto pone en evidencia cómo la soberanía económica está en tensión hoy día con la globalización. Países como Países Bajos, pequeños en territorio pero clave en industrias de alta tecnología, se ven atrapados entre las superpotencias.

Y es que los semiconductores son el petróleo del siglo XXI. Controlar la cadena de suministro implica tener poder sobre la innovación, los vehículos, la defensa y hasta las telecomunicaciones.

El antecedente Newport Wafer Fab

No es la primera vez que Nexperia se mete en aguas diplomáticas sensibles. En 2023 el Reino Unido bloqueó su intento de compra de Newport Wafer Fab, una planta ubicada en Gales, también por motivos de seguridad nacional. Esa fue una de las primeras señales del endurecimiento europeo frente a fusiones tecnológicas con capital chino.

El papel de China: ¿represalia o defensa legítima?

China, a través de su Ministerio de Comercio, exigió en diciembre que “Países Bajos corrija inmediatamente sus errores”, culpando a La Haya de estar fomentando una crisis en la cadena de suministros de chips global.

Expertos interpretan esta política como parte de la doctrina de “reciprocidad” de Beijing: si se bloquean adquisiciones o se toma control de empresas, habrá represalias económicas. Este patrón se ha repetido en otras regiones, como Canadá o Australia.

Una industria automotriz rehén de los chips

Una de las lecciones más claras de este conflicto es hasta qué punto los fabricantes de autos están atrapados en el ajedrez geopolítico. Las cadenas de suministro altamente dependientes y globalizadas hacen que cualquier chispa —literalmente— pueda desencadenar parálisis productiva.

Según datos del Statista Research Department, el mercado de semiconductores para automóviles fue valorado en más de 50 mil millones de dólares en 2022, y se espera que supere los 80 mil millones en 2026.

Una interrupción como la de Nexperia impacta cientos de miles de vehículos, decenas de cadenas de ensamblaje e indirectamente, el precio final que pagan consumidores en todo el mundo.

Más que chips: soberanía europea en el s. XXI

Lo sucedido con Nexperia se enmarca en un debate más amplio: la necesidad de Europa de recuperar su autonomía tecnológica. La pandemia y la guerra comercial EE.UU.-China recordaron lo costoso que puede ser depender de insumos externos.

La Unión Europea lanzó recientemente la iniciativa EU Chips Act, que busca movilizar más de 43 mil millones de euros en el desarrollo de capacidad propia de fabricación de semiconductores de aquí a 2030.

“No podemos permitir que la tecnología europea esté a merced de terceros países, sin importar cuán aliados sean”, señaló Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, cuando se anunció el plan.

¿Qué lecciones deja el caso Nexperia?

  • Geopolítica y tecnología ya no pueden separarse. Un conflicto en un tribunal puede paralizar industrias enteras.
  • Europa está en proceso de redefinirse. Su papel como líder económico depende ahora de su capacidad para garantizar autonomía en sectores estratégicos.
  • Las empresas deben prepararse para una era de incertidumbre regulatoria. Ni el libre comercio ni las fusiones extranjeras están garantizadas como antes.

El resultado de este caso judicial en Países Bajos será más que legal: será simbólico de hacia dónde va el equilibrio global.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press