El futuro incierto de la mansión del gobernador de Montana: ¿Demoler, vender o restaurar?

Una joya arquitectónica convertida en ruina: el caso de la residencia ejecutiva de Montana simboliza décadas de abandono, decisiones políticas y el debate sobre qué hacer con el patrimonio estatal

Una mansión con historia y decadencia

Ubicada en el 2 Carson St., a escasos metros del Capitolio de Montana, la residencia ejecutiva construida en 1959 agoniza lentamente entre techos podridos, sistemas eléctricos obsoletos, baños inutilizables y una carga particularmente peligrosa: asbesto en sus paredes. Durante más de seis décadas sirvió como hogar del gobernador estatal, pero hoy, abandonada desde 2021, representa un símbolo del descuido institucional hacia el patrimonio público.

Diseñada con ambición arquitectónica por Chandler C. Cohagen, un renombrado arquitecto de Billings, la residencia de 1,100 m² fue pensada como una “nave del Estado”, orientada visualmente hacia las montañas Big Belt, encarnando un estilo “oeste, naturalmente”, en palabras de su creador. Con seis dormitorios, un salón de fiestas, cocina de 33 m² y un garaje para tres autos, estaba destinada no solo a ser un hogar, sino un espacio de hospitalidad y protocolo político.

Un abandono multimillonario

Según la directora del Departamento de Administración, Misty Ann Giles, los sucesivos gobiernos priorizaron otras infraestructuras antes que reparar su propia casa. El resultado: cinco años de desuso, sin plan de rehabilitación aprobado, y un deterioro que demandaría una inversión millonaria para devolverle la funcionalidad.

Entre las reparaciones más urgentes destacan:

  • Remoción de asbesto.
  • Reemplazo de techos y estructuras externas en descomposición.
  • Instalación de nuevos sistemas de energía eléctrica, plomería y HVAC.

Los costos estimados para una rehabilitación completa podrían ascender fácilmente a millones de dólares, una cifra que ha encendido el debate entre demoler la propiedad, remodelarla con otro fin, o simplemente venderla.

¿Qué hacer con la residencia?

El Consejo Asesor del Complejo del Capitolio realizó recientemente una encuesta pública preguntando a los ciudadanos su opinión sobre tres posibles destinos para la casa:

  1. Demolerla y convertir el terreno en un parque público.
  2. Reutilizarla con otra finalidad que no sea residencial.
  3. Venderla a un privado.

Si bien aún no se dan a conocer los resultados, el debate ha cobrado fuerza. ¿Vale la pena rescatar un edificio histórico con fines protocolarios? ¿O sería mejor dar paso a una solución práctica que libere al estado de una carga financiera?

La paradoja Gianforte: una residencia abandonada y tres mansiones

Greg Gianforte, actual gobernador y multimillonario tras haber vendido su empresa tecnológica a Oracle en 2012 por $1.5 mil millones, se mudó de la residencia oficial apenas nueve meses después de iniciar su mandato en 2021. Desde entonces, ha vivido en varias casas privadas en Helena:

  • Una mansión en el Distrito de Mansiones, actualmente a la venta por $1.25 millones.
  • La histórica Mansión Samuel T. Hauser, adquirida en 2024 por $4 millones, que planea donar al Estado tras concluir su segundo mandato en 2028.

Con esta donación, el Estado prevé que esta mansión se convierta en la nueva residencia del gobernador, bajo responsabilidad administrativa del Departamento de Administración. Una jugada que aliviaría la presión sobre la mansión de Carson Street, pero que también deja preguntas sobre el uso de recursos públicos y la planificación a largo plazo.

El legado arquitectónico de Helena: ¿en riesgo?

Helena cuenta con al menos tres propiedades asociadas históricamente al gobernador:

  • Residencia Ejecutiva de Carson Street (1959): actualmente cerrada y deteriorada.
  • Mansión Samuel T. Hauser (1885): adquirida por Gianforte, será el futuro hogar oficial.
  • Mansión Original del Gobernador (1888): de estilo Reina Ana, convertida en museo, hoy también cerrada por renovaciones.

La abundancia de mansiones políticas podría parecer un lujo innecesario, pero cada una representa una parte importante de la historia del estado. ¿Estamos condenados a ver estas reliquias desvanecerse por negligencia, o encontraremos formas modernas de integrarlas a la vida cívica contempóranea?

Del esplendor al descuido: una historia típicamente americana

Este caso no es único. Otras residencias oficiales en Estados Unidos han enfrentado situaciones similares. Por ejemplo, la residencia oficial del gobernador de Illinois en Springfield necesitó $15 millones de renovaciones en 2018 tras años sin mantenimiento. Lo mismo ocurrió en Maine, donde la mansión del gobernador atravesó cuatro años sin fondos antes de ser restaurada parcialmente.

Los expertos en conservación patrimonial señalan que la falta de inversión oportuna en estos edificios suele salir mucho más cara a largo plazo. Según National Trust for Historic Preservation, cada dólar invertido en mantenimiento evita hasta $5 en restauraciones o reconstrucciones futuras.

¿Parque, museo o símbolo del olvido?

Una de las propuestas más atractivas y populares es convertir el terreno en un parque público conmemorativo, conservando elementos arquitectónicos de la casa original. Sería una salida digna, que rescataría parte de la identidad sin comprometer recursos excesivos. Sin embargo, esto también implicaría enterrar una parte importante del legado institucional.

Otra idea es transformarlo en centro comunitario, museo de gubernatura o espacio cultural. Así, se mantendría viva la historia del lugar, pero el costo seguiría siendo una barrera crucial.

Opinión: ¿Qué nos dice esta mansión sobre nuestro gobierno?

Mientras el gobernador vive en una majestuosa mansión que planea donar como acto altruista, el símbolo institucional permanece en ruinas. La pregunta relevante no es solo qué pasará con la casa en Carson Street, sino qué dice esto sobre nuestras prioridades públicas.

Cuando lo simbólico se descuida por completo, deja un mensaje claro: la memoria institucional no importa. Y eso puede permear en la forma en que se valora el patrimonio histórico, el servicio público e incluso los actos de conservación en general. Montana debe decidir ahora cómo quiere preservar —o no— su identidad política y arquitectónica.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press