El regreso de Trump y la doctrina Miller: un nuevo imperialismo estadounidense

Cómo el discurso de poder, intervencionismo y soberanía está reconfigurando la política internacional de EE. UU.

Una nueva era de poder sin disculpas

La retórica imperialista ha vuelto a instalarse en la Casa Blanca. Con Donald Trump nuevamente en el poder tras su reelección en 2024, voces como la de Stephen Miller —ahora jefe de políticas del gobierno— han cobrado protagonismo a niveles que reconfiguran la diplomacia, la seguridad nacional e incluso la narrativa histórica estadounidense.

Más allá de declaraciones polémicas, el discurso de esta administración plantea una visión estructurada y agresiva del lugar de Estados Unidos en el mundo, una especie de restauración del intervencionismo al estilo Monroe, pero adaptado al siglo XXI. El caso de Venezuela y la intervención militar que depuso a Nicolás Maduro son ejemplos claves de este cambio de enfoque.

La “Doctrina Trump-Miller”: ¿Vuelta al imperialismo?

En una entrevista televisiva, Miller no dudó en afirmar: “Vivimos en un mundo gobernado por la fuerza, por el poder. Estas son las leyes de hierro del mundo.”

La política exterior norteamericana, que durante décadas navegó entre el multilateralismo y la expansión de la democracia como ideal moral y estratégico, ha sido reemplazada por una narrativa centrada en la supremacía militar y económica, sin preocupaciones por el consenso internacional.

Esta visión se ve reflejada en acciones como:

  • La ocupación militar continua en Venezuela tras deponer a Maduro.
  • La propuesta pública de anexión de Groenlandia, descartando oposición internacional.
  • El desdén explícito por organismos multilaterales y su papel en la diplomacia global.

Venezuela: de la geopolítica al negocio

Según Miller, la intervención en Venezuela no solo responde a motivos de seguridad, sino a una reivindicación económica. El asesor afirmó que “el petróleo venezolano fue robado a las compañías estadounidenses” y que la nacionalización por parte del chavismo fue “el mayor robo registrado de riqueza estadounidense en la historia.”

Este tipo de justificación, basada en derechos adquiridos económicos de empresas norteamericanas décadas atrás, revela una narrativa de “recolonización justificada”: si antes los imperios europeos usaban la religión o la civilización como excusa para controlar territorios, hoy la excusa es económica.

El argumento migratorio: criminales, fronteras y miedo

La estrategia discursiva de Miller también ha vinculado la seguridad nacional con la migración, en particular responsabilizando a Venezuela. En 2024, durante la recta final de campaña, declaró:

“Si eres un dictador de un país pobre con una alta tasa de criminalidad, ¿no enviarías a tus criminales a nuestra frontera abierta?”

Estas palabras resonaron con fuerza en la base republicana más dura, y contribuyeron a consolidar la idea de que la frontera sur estadounidense debe militarizarse. Activistas de derechos humanos comparan esta narrativa con teorías conspirativas como el “gran reemplazo,” que sostiene que hay un plan activo para alterar la composición étnica de Estados Unidos.

Una visión revisionista de la historia: el 6 de enero y el poder del relato

En paralelo, un comité republicano en la Cámara de Representantes ha iniciado una serie de audiencias para revisar los eventos del 6 de enero de 2021, día del ataque al Capitolio.

Bajo la presidencia de Barry Loudermilk, la narrativa dominante ha cambiado: ahora, en lugar de ser responsables de un intento de insurrección, los seguidores de Trump aparecen como manipulados, provocados o incluso víctimas de operaciones gubernamentales encubiertas.

Uno de los asistentes al comité fue el fundador de los Oath Keepers, Stewart Rhodes, recientemente liberado tras recibir el perdón presidencial. Rhodes había sido condenado por conspiración sediciosa.

La impunidad como política de Estado

Uno de los elementos más preocupantes del nuevo enfoque de poder es la manera en que se están manejando los indultos. Más de 1,500 personas involucradas en el asalto al Capitolio han recibido el perdón de Trump desde su reelección.

Mike Romano, exfiscal del Departamento de Justicia, advirtió: “Muchos de ellos celebraron los indultos y han mentido sobre lo que sucedió ese día. Es una política extremadamente peligrosa.”

Esto pone en cuestión el Estado de Derecho: si los actos violentos y sediciosos pueden ser excusados por lealtad política, ¿qué mensaje envía esto sobre la justicia en democracia?

Greenland, Europa y el fin del orden liberal

Otro momento desconcertante fue cuando se le preguntó a Miller si la adquisición forzada de Groenlandia por parte de EE. UU. podría generar un conflicto con Dinamarca y potencialmente con Europa. Respondió sin titubear:

“Nadie va a pelear militarmente con Estados Unidos por el futuro de Groenlandia.”

No se trataba de una metáfora. El gobierno ha enviado delegaciones para negociar (o presionar) en Copenhague y Nuuk. La táctica recuerda a comienzos del siglo XX, cuando grandes potencias consumaban anexiones bajo presión.

Un discurso basado en la nostalgia del imperio

En varias publicaciones y entrevistas, Miller sostiene que Occidente ha vivido una etapa de “autopunición” desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Según él, la ayuda internacional, los sistemas de cooperación y las políticas de acogida a migrantes representan un tipo de “recolonización al revés”.

Es decir, el apoyo a excolonias se convierte en símbolo de debilidad, y el multiculturalismo es percibido como una agresión.

Este discurso ha tenido eco entre sectores nacionalistas en Europa y América Latina, alimentando posturas antimigratorias y populistas.

El militarismo como respuesta a todo

Infraestructuras, diplomacia, comercio, crisis humanitarias, narcotráfico —todo parece tener una misma solución para Miller: la fuerza militar. No como recurso excepcional, sino como herramienta central de acción del Estado.

Lo dijo claramente en enero: “Estados Unidos está utilizando su poder militar para garantizar nuestros intereses de forma impune en nuestro hemisferio.”

Una demostración de este enfoque fue la declaración después de la operación en Venezuela: “Todo tipo de cooperación — económica, en seguridad, contranarcóticos— se hace bajo nuestros términos.”

¿Hacia un orden global trumpero-centrista?

En su versión más extrema, la futura ‘doctrina Trump-Miller’ podría implicar una redefinición de la soberanía internacional. Miller sugirió que si Venezuela no comercia mayoritariamente con EE. UU., entonces “está posicionada como un activo contra Estados Unidos.”

Es el clásico razonamiento de la Guerra Fría resucitado a través de redes sociales y conferencias bullentes. Ya no se trata de promover democracia u observar pactos multilaterales: el criterio es si un país sirve directamente (y únicamente) a los intereses norteamericanos.

En palabras crudas: un mundo donde todos sirven a Washington, o se enfrentan a posibles consecuencias.

La tormenta que se avecina

El enfoque de Trump y Miller sin duda fortalece ciertos sectores económicos y políticos, pero coloca a Estados Unidos en conflicto directo con valores democráticos que el país ha promovido por más de medio siglo. Hace eco de liderazgos autoritarios que utilizan el nacionalismo y el miedo como motores electorales.

La historia aún no ha juzgado del todo esta etapa, pero el rumbo está marcado: más intervenciones, más indultos políticos, menos multilateralismo.

Y un mensaje claro: el poder se ejerce, no se comparte.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press