Elecciones en Uganda: una democracia bajo presión militar y con aroma monárquico
Bobi Wine desafía a Yoweri Museveni en unos comicios marcados por represión, apagón digital y preocupaciones por sucesión hereditaria
Uganda, una nación del este de África con cerca de 45 millones de habitantes, se encuentra nuevamente en las urnas. Sin embargo, lo que debería simbolizar un ejercicio democrático se ha convertido en una representación tensa cargada de represión estatal, censura, y crecientes preocupaciones sobre una presunta sucesión dinástica.
Una elección con final predecible
El presidente Yoweri Museveni, en el poder desde 1986, busca un séptimo mandato que lo acercaría a las cinco décadas de gobierno. A sus 81 años, es uno de los líderes más longevos de África, y aunque oficialmente hay otros seis candidatos, su mayor opositor es Bobi Wine, músico convertido en político, cuya popularidad entre los jóvenes ha encendido la esperanza de cambio.
Pese al fervor que levanta Wine, la mayoría de los analistas coinciden: Museveni casi seguro retendrá el poder. Sin embargo, no sin controversias. El país atraviesa un momento decisivo en su historia política, donde los fantasmas del autoritarismo y la sucesión familiar penden como una sombra en cada papeleta.
Desconectados: el apagón digital que silenció la vigilancia ciudadana
Una de las decisiones más criticadas en el preludio electoral fue el apagón de internet ordenado por el gobierno, apenas 48 horas antes de las votaciones. La Comisión de Comunicaciones de Uganda justificó esta medida alegando prevenir la "desinformación" y posibles disturbios.
No obstante, para muchos esto fue claramente un intento por silenciar a la sociedad civil y dificultar la denuncia de prácticas de fraude electoral como el relleno de urnas, intimidaciones o alteración de resultados. La organización Human Rights Watch lo calificó como "una violación al derecho a la libre expresión y a elecciones transparentes".
Estrategia ciudadana: proteger el voto con presencia
La estrategia de Wine y su partido, la Plataforma de Unidad Nacional (PNU), consiste en movilizar a sus seguidores no solo a votar, sino a permanecer cerca de los centros de votación, una práctica hábilmente ajustada a la ley, que permite mantenerse a 20 metros del centro electoral.
“El primer paso es que todos permanezcamos en los centros de votación (respetando los 20 metros) y nos aseguremos que no ocurra nada criminal”, escribió Bobi Wine en X (antes Twitter). “Pedimos a todos utilizar sus cámaras y grabar cualquier irregularidad.”
El llamado ha sido respaldado con entusiasmo por muchos ugandeses, ansiosos por proteger su sufragio en una nación donde, históricamente, los conteos han sido cuestionados por observadores internacionales.
Militarización de la política: el peso del ejército
En Uganda, el ejército no es solo un actor de seguridad. Se ha convertido en un verificador de la permanencia de Museveni en el poder. La figura de Muhoozi Kainerugaba, hijo de Museveni y comandante del ejército, es central.
Catalogado por muchos como el heredero político de su padre, Kainerugaba ha sido polémico, lanzando amenazas a opositores en redes sociales y sugiriendo públicamente sus deseos de sucederlo. Esto ha encendido las alarmas sobre una posible monarquía disfrazada de república.
“El golpe de Estado lento en Uganda se da a la vista de todos”, opinó un académico ugandés en entrevista con Al Jazeera. “La consolidación de poder militar en una figura sin legitimidad electoral como Muhoozi es profundamente antidemocrática.”
La represión física: una constante electoral
El historial de represión es también difícil de ignorar. Durante las elecciones anteriores de 2021, Wine fue arrestado múltiples veces. En una ocasión terminó semidesnudo y golpeado por la policía. Este año la historia parece repetirse.
A partir del 6 de enero, vehículos blindados comenzaron a circular por Kampala, la capital, mientras soldados se desplegaron por diferentes zonas. Si bien el gobierno defiende estos movimientos como “preventivos”, muchos los ven como un intento de intimidación.
La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos ha expresado su preocupación por “la represión generalizada”, mencionando desapariciones y secuestros de simpatizantes de Wine en plena campaña.
¿Un futuro heredado o elegido?
Museveni ha eliminado los límites de edad y de mandatos mediante reformas constitucionales, lo que le permite postularse indefinidamente. A pesar de haber prometido en varias ocasiones retirarse, sus acciones demuestran lo contrario.
Su hijo Muhoozi parece cada vez más visible en el panorama público, y su presencia genera sospechas entre ciudadanos que temen una transición de poder dinástica. En una publicación en X, llegó a decir que sería “un honor” liderar Uganda algún día.
Su comportamiento en línea, donde ha amenazado con “decapitar” a opositores o “colgar” a activistas, ha sido duramente criticado tanto dentro como fuera del país. En un país con una juventud vibrante y comprometida con la democratización, el riesgo de inestabilidad por un modelo de sucesión monárquica aumenta.
Uganda en cifras: los datos que importan
- Yoweri Museveni ha estado en el poder desde 1986, lo que lo convierte en uno de los cinco presidentes más longevos del mundo actualmente.
- La población de Uganda supera los 45 millones de habitantes. Casi la mitad tiene menos de 15 años.
- La comisión electoral afirma que hay 21,6 millones de votantes registrados.
- En el último proceso electoral en 2021, la participación fue del 57%, cifra que la oposición alegó fue maquillada.
La comunidad internacional: entre la cautela y la pasividad
Hasta el momento, los países occidentales han reaccionado con declaraciones tibias frente al deterioro democrático en Uganda. Tanto EE.UU. como la Unión Europea han pedido “elecciones libres y justas”, pero sin tomar medidas específicas ante la censura tecnológica o la represión política.
Organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch han sido más directas. En un comunicado conjunto publicado el pasado 10 de enero, condenaron el ambiente de miedo, y pidieron “acciones concretas” por parte de la comunidad internacional.
¿Un futuro para la democracia ugandesa?
A pesar del contexto adverso, Bobi Wine continúa apelando a la esperanza, clamando por un país donde las urnas decidan y no las armas. Su llamado ha resonado especialmente entre los jóvenes menores de 30 años, que representan más del 70% de la población y han crecido bajo el mandato de un solo presidente.
“No quiero que mis hijos crezcan bajo el mismo dictador que yo”, dijo una joven universitaria a The East African. “Queremos otra posibilidad, queremos democracia.”
En Uganda, como en muchos otros rincones del mundo, las elecciones ya no son solo un acto electoral, son un campo de batalla simbólico donde se mide el pulso entre pasado autoritario y anhelos democráticos.
