Siria al borde del abismo: la escalada militar entre Damasco y las fuerzas kurdas reaviva los temores de una nueva guerra total

La creciente tensión en la región de Alepo entre el gobierno sirio y las Fuerzas Democráticas Sirias amenaza con nuevos desplazamientos y una crisis humanitaria renovada

  •  EnPelotas.com
    EnPelotas.com   |  

En el este de la provincia de Alepo, Siria, una nueva crisis bélica se avecina a medida que aumentan los enfrentamientos entre las fuerzas del régimen de Damasco y las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), lideradas por kurdos. Las señales de una ofensiva inminente, el llamado a la evacuación civil y las acusaciones cruzadas dibujan un panorama sombrío para una región ya devastada.

Una escalada anunciada: el corredor "humanitario" y la guerra que se avecina

La noche del pasado miércoles, el ejército sirio anunció la apertura de un corredor humanitario para que los civiles evacuaran zonas cercanas a Deir Hafer y Maskana, dos localidades estratégicas a unos 60 kilómetros al este de la ciudad de Alepo. La ventana de escape, fijada entre las 9:00 a.m. y las 5:00 p.m. del día siguiente, parece más una advertencia pre-bélica que una acción humanitaria: los analistas la interpretan como el preludio de una nueva ofensiva militar.

El llamado fue acompañado por una exigencia directa a las FDS y otros grupos armados: retroceder al otro lado del río Éufrates. En otras palabras: abandonar toda presencia en la zona disputada. El ultimátum reaviva las tensiones de un conflicto que, pese a los años de guerra civil, dista mucho de estar resuelto.

FDS y Damasco: una alianza rota antes de consolidarse

Las Fuerzas Democráticas Sirias, consideradas por EE.UU. como un aliado clave en la lucha contra el Daesh (Estado Islámico), han intentado, sin éxito, integrarse en la estructura militar del estado sirio. Las negociaciones entre las FDS y el gobierno de Damasco para una posible unificación se han deteriorado, especialmente sobre temas delicados como el control de las fronteras y los campos petroleros del noreste sirio.

La ruptura se volvió evidente la semana pasada. Intensos combates estallaron en Alepo, principal ciudad del norte de Siria, culminando con la retirada forzosa de combatientes kurdos de tres barrios claves, que pasaron a manos del régimen. Los enfrentamientos dejaron al menos 23 muertos y decenas de heridos, junto con el desplazamiento masivo de miles de civiles.

Una región fragmentada por intereses cruzados

La situación en Siria sigue siendo extraordinariamente compleja. La caída del régimen de Bashar al Assad en diciembre de 2024 tras una ofensiva opositora provocó una reestructuración caótica del poder. Algunas facciones del nuevo “ejército sirio” provienen de grupos insurgentes previamente apoyados por Turquía, conocidos por sus repetidos enfrentamientos con las FDS.

Por otro lado, Turquía considera terroristas a las FDS, debido a sus vínculos con el proscrito Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK). Esta enemistad histórica ha derivado en constantes ataques con drones, que la milicia kurda atribuye a operaciones turcas. Uno de estos ataques, según el régimen, alcanzó el edificio gubernamental de Alepo justo después de una conferencia de prensa con ministros del gabinete.

Estados Unidos intenta equilibrar sin intervenir

Curiosamente, pese a su histórico respaldo militar a las FDS, Estados Unidos ha adoptado una postura ambivalente respecto al conflicto reciente. Desde el Pentágono, el almirante Brad Cooper, comandante del Comando Central, instó a “la máxima contención”, pidió proteger a los civiles y llamó a retomar el diálogo entre las partes. Washington ha evitado pronunciarse a favor de alguno de los bandos en los combates recientes.

No obstante, el gobierno interino sirio de Ahmed al-Sharaa, respaldado por la administración estadounidense, ha presionado recientemente a las FDS para que avancen en un acuerdo de integración con Damasco. En este contexto, las milicias kurdas se ven atrapadas entre presiones contradictorias y hostilidades múltiples.

Los civiles: peones del ajedrez geopolítico

Con el anuncio del corredor, decenas de miles de personas se han visto forzadas a abandonar sus hogares, al tiempo que las FDS advierten de “repercusiones catastróficas” para infraestructuras vitales y la población si el conflicto se intensifica. El comunicado de las fuerzas kurdas responsabiliza completamente al gobierno sirio de cualquier resultado humanitario desfavorable.

Las cifras son elocuentes: según datos del Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, desde enero de 2026, más de 85.000 personas han sido desplazadas en campañas militares en Siria septentrional. Las instalaciones médicas, escuelas y redes eléctricas están al borde del colapso debido a bombardeos e inestabilidad constante.

El Consejo Noruego para los Refugiados también alertó en febrero que más del 70% de los desplazados en Alepo sufren ausencia total de acceso a asistencia médica o agua potable. En este escenario, cada nuevo enfrentamiento agrava un viacrucis humanitario ya crónico.

La frontera del caos: Turquía y el eterno dilema kurdo

Lo que ocurre en Alepo no puede entenderse sin observar más allá del Éufrates. Turquía ha advertido en múltiples ocasiones que no tolerará una entidad kurda cercana a su frontera sur. Esto convierte a cualquier consolidación territorial kurda en Siria en una “línea roja” para Ankara. Es por ello que, incluso con la mediación estadounidense, la estabilidad regional parece una quimera.

Los kurdos, a su vez, afirman que desde la caída del ISIS han buscado construir un sistema plural y descentralizado. Sin embargo, tanto Turquía como Damasco lo perciben como una amenaza existencial —uno por soberanía territorial, otro por preservar el centralismo estatal.

El riesgo de una tercera fase de guerra en Siria

Expertos en relaciones internacionales, como Joshua Landis (Universidad de Oklahoma), advierten que la situación actual podría significar “la tercera guerra dentro de la guerra”: tras la revuelta popular de 2011 y la posterior irrupción del Estado Islámico, ahora se libra una pugna entre antiguos aliados forzosos convertidos en enemigos estratégicos.

En este sentido, la frágil arquitectura construida desde los Acuerdos de Astaná y Sochi —donde Rusia, Irán y Turquía habían esbozado zonas de distensión— está colapsando frente a una nueva dinámica multilateral más centrada en consolidar zonas de influencia que en encontrar una paz sostenible.

¿Es posible evitar lo inevitable?

Mientras se multiplican las advertencias, el tiempo para evitar una nueva explosión de violencia parece agotarse. La falta de coordinación entre potencias aliadas, la debilidad institucional del gobierno interino y la terca geopolítica de bloques hacen muy difícil construir soluciones duraderas.

Y sin embargo, como afirmó Dennis Ross, exmediador del conflicto en Medio Oriente: “No hay guerra por justa que sea cuyos costos no terminen siendo pagados en carne viva por los inocentes”.

La región de Alepo se asoma nuevamente al abismo. Lo que ocurra en las próximas semanas podría definir no sólo el futuro de Siria, sino también el equilibrio de poder en una de las regiones más volátiles del planeta.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press