Sudán al borde del colapso: diplomacia, genocidio y una guerra olvidada

Mientras se reavivan los esfuerzos de paz en El Cairo, Sudán vive una pesadilla humanitaria con cientos de muertos, miles de desplazados y crímenes atroces atribuibles a ambos bandos

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Un conflicto sin final a la vista

Casi tres años después de que estallara la guerra entre el ejército de Sudán y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por sus siglas en inglés), el país africano sigue hundido en una profunda crisis humanitaria y política. La combinación de violencia extrema, desplazamientos masivos y colapso institucional lo ha convertido en uno de los peores escenarios de conflicto activo a nivel mundial.

El nuevo intento de paz desde El Cairo

En un escenario regional cada vez más tenso, Egipto, Naciones Unidas y Estados Unidos han reactivado los esfuerzos para una tregua en Sudán. La quinta reunión del Mecanismo Consultivo para Mejorar y Coordinar los Esfuerzos de Paz tuvo lugar esta semana en El Cairo, y estuvo acompañada por declaraciones claras del ministro de Asuntos Exteriores egipcio, Badr Abdelatty, quien aseguró:

“Egipto no aceptará el colapso de Sudán ni la fragmentación de sus instituciones o territorio. Reconocer milicias paralelas es un punto sin retorno”.

Por su parte, el enviado especial de la ONU para Sudán, Ramtane Lamamra, enfatizó que la diplomacia sigue siendo una vía viable para poner fin al conflicto, aunque la experiencia acumulada demuestra que los intentos anteriores han fracasado.

La grave crisis humanitaria

Desde abril de 2023, más de 8 millones de personas han sido desplazadas por la guerra, según estimaciones de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). A esto se suma una escasez crítica de alimentos, medicamentos y servicios básicos debido a la inseguridad persistente.

Este miércoles, Estados Unidos anunció que, gracias a sus gestiones diplomáticas, se logró ingresar más de 1,3 toneladas métricas de ayuda humanitaria a la ciudad de el-Fasher, en Darfur del Norte, la primera entrega desde que la ciudad quedó sitiada hace 18 meses.

Crímenes atroces y acusaciones de genocidio

La guerra ha estado marcada por masacres y ataques contra civiles. La ONU confirmó esta semana que, solo el lunes pasado, al menos 19 civiles fueron asesinados durante operaciones terrestres en Jarjira, mientras que otros 10 murieron y nueve resultaron heridos por un ataque con drones en Sinja, supuestamente realizado por el RSF.

La organización Sudan Doctors Network calificó el uso de drones contra civiles como un “crimen de guerra en toda regla” y responsabilizó directamente al RSF:

“Responsabilizamos completamente a las Fuerzas de Apoyo Rápido y exigimos el fin inmediato de sus ataques contra la población civil y la infraestructura.”

Organizaciones internacionales de derechos humanos han acusado al RSF de llevar a cabo actos de genocidio en Darfur, especialmente en la toma de ciudades como el-Geneina y el-Fasher. Por su parte, el ejército también ha sido acusado de cometer violaciones a los derechos humanos, aunque con menor visibilidad mediática.

La dimensión regional del conflicto

Sudán no es un conflicto aislado. Numerosos actores externos están involucrados directa o indirectamente. Egipto, tradicional aliado del ejército sudanés, considera que la estabilidad del país vecino es “una cuestión de seguridad nacional”. Incluso ha manifestado que, de ser necesario, tomará medidas unilaterales para garantizar la unidad territorial del país.

Por otro lado, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Estados Unidos (conocidos como el grupo del “Quad”) han propuesto múltiples veces una tregua humanitaria nacional, que hasta ahora no se ha respetado en los hechos, a pesar de supuestas declaraciones de aceptación por ambas partes.

El presidente egipcio Abdel Fattah el-Sissi, durante su reunión con el asesor estadounidense Massad Boulos, subrayó la necesidad de ampliar la coordinación entre El Cairo y Washington, aunque de forma curiosa agradeció a Donald Trump por sus esfuerzos para mediar en el conflicto, a pesar de que su mandato culminó en 2021.

¿Una guerra olvidada por el mundo?

El conflicto en Sudán ha quedado opacado por guerras más mediáticas como la de Gaza o Ucrania. Sin embargo, las cifras hablan por sí solas:

  • Más de 14 millones de personas necesitan ayuda urgente.
  • Al menos 12.000 muertos desde que estalló el conflicto, aunque el número real puede ser mucho mayor.
  • Cerca de 500.000 desplazados han cruzado la frontera hacia Chad.

Sin el interés sostenido de la comunidad internacional, Sudán corre el riesgo de convertirse en otro “Estado fallido” atrapado en una guerra transversal, con múltiples líneas étnicas, tribales y religiosas.

El dilema de paz: ¿negociar con criminales?

Una de las grandes dificultades para alcanzar una solución duradera es decidir con quién negociar. Las RSF han cometido actos que podrían ser calificados como crímenes de lesa humanidad, pero siguen controlando varios territorios estratégicos. Mientras tanto, el ejército tiene su propio historial de abusos y ha sido incapaz de restaurar el orden.

La frase del ministro egipcio fue clara: “Bajo ninguna circunstancia puede equipararse al ejército sudanés con ninguna milicia”, dejando entrever una postura poco negociadora respecto al RSF.

Este dilema ético —¿se puede dialogar con perpetradores de genocidio?— ha dividido a la diplomacia internacional y estancado posibles soluciones.

¿Qué sigue para Sudán?

Los próximos meses serán cruciales. Si los nuevos acuerdos alcanzados en El Cairo se traducen en hechos concretos, podría abrirse una ventana mínima para reducir la violencia y facilitar la entrega de ayuda humanitaria.

No obstante, si continúa la escalada, Sudán podría terminar como Yemen o Siria, atrapado en una guerra interminable alimentada por intereses regionales y sectarismos internos.

Mientras tanto, los civiles sudaneses continúan siendo las principales víctimas, atrapados entre la indiferencia internacional y la brutalidad de sus propios compatriotas armados.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press