El frágil tablero de Gaza: ¿es viable el ambicioso plan de Trump?

La segunda fase del plan de cese al fuego impulsado por Donald Trump en Gaza promete paz, reconstrucción e incluso soberanía palestina. Pero, ¿es realista este ambicioso proyecto o una quimera diplomática?

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Un plan entre ruinas y promesas

La Casa Blanca ha anunciado la entrada a la segunda fase del complejo plan de cese al fuego en Gaza propuesto por Donald Trump. Esta nueva etapa contempla la creación de un comité de gobierno palestino de transición, con supervisión internacional, la reconstrucción de la Franja y el eventual desarme de Hamas. Si todo sale bien, promete incluso una estabilidad duradera en el Medio Oriente y un futuro de soberanía para Palestina.

No obstante, la realidad sobre el terreno es mucho más sombría. Gaza sigue devastada, Hamas sigue armado y las frágiles alianzas políticas internacionales cuelgan de un hilo. Este artículo ofrece un análisis en profundidad sobre lo que implica este plan, sus puntos clave y los enormes retos por delante.

El plan de Trump: 20 puntos, infinitos obstáculos

Anunciado oficialmente por Steve Witkoff, enviado de Trump para Medio Oriente, el plan ha sido respaldado por el Consejo de Seguridad de la ONU, aunque muchos analistas lo consideran más un marco idealista que una hoja de ruta factible. Incluye:

  • El establecimiento de un comité de gobierno interino palestino, sin vínculos con Hamas.
  • El desarme progresivo de Hamas supervisado internacionalmente.
  • La retirada escalonada del ejército israelí de Gaza.
  • La formación de una Fuerza Internacional de Estabilización en Gaza.
  • Un plan económico para reconstruir infraestructuras clave y revitalizar la economía.
  • La posibilidad de normalizar relaciones entre Israel y países árabes.

La ejecución, sin embargo, es otro cantar.

¿Quién gobernará Gaza?

Uno de los elementos más polémicos del plan es la conformación del nuevo comité de gobierno: un grupo tecnocrático de palestinos sin afiliación partidaria que administrará la vida cotidiana en Gaza. Según informes, estaría liderado por Ali Shaath, ex viceministro de la Autoridad Palestina.

El comité responderá ante un organismo superior llamado Board of Peace (Consejo de Paz), presidido por Trump y compuesto por líderes internacionales.

No obstante, la falta de claridad sobre las competencias reales del comité genera numerosas dudas. ¿Tendrán autoridad real? ¿Cómo garantizarán la seguridad interna si Hamas mantiene intactas sus fuerzas armadas?

El esqueleto de la Franja: una Gaza por reconstruir

La ONU estima que la reconstrucción de Gaza tras el conflicto requerirá más de 70 mil millones de dólares. Con más del 60% de los edificios destruidos, hospitales colapsados y una tasa de desempleo cercana al 50%, los desafíos son titánicos.

El plan no ha detallado quién financiará tan monumental esfuerzo. Estados Unidos, algunos países del Golfo como Qatar y Arabia Saudita y la Unión Europea son candidatos naturales, pero hay reticencias latentes. En ausencia de estabilidad política y de seguridad, ningún país ve atractivo invertir a fondo perdido.

El papel incierto de Hamas

Uno de los elementos más conflictivos es el futuro de Hamas. La organización islamista ha expresado que estaría dispuesta a “congelar” o “almacenar” sus armas en el marco de un proceso político a largo plazo. Pero no aceptará un desarme unilateral.

Su líder político Bassem Naim declaró a los medios que desarmarse solo tendría sentido una vez que Israel termine su ocupación. Para Israel, sin embargo, la presencia armada de Hamas es una línea roja. Sin desarme, no habrá retiro de tropas ni progresos sustanciales en el plan.

Seguridad internacional: ¿una fuerza neutral?

El componente de seguridad del plan Trump se centra en establecer una Fuerza Internacional de Estabilización que mantenga el orden y entrene a futuras fuerzas palestinas de seguridad. No obstante:

  • Aún no hay países que se hayan comprometido oficialmente a enviar tropas.
  • Hamas ya ha manifestado su oposición a que fuerzas extranjeras intenten desarmarlo.
  • Israel no confía en la capacidad de ningún organismo internacional para garantizar su seguridad fronteriza.

La incertidumbre sobre el mando operativo, jurisdicción legal o reglas de enfrentamiento hace que el despliegue siga empantanado.

Un retiro militar postergado

El plan prevé que Israel se retire de Gaza, salvo por una zona de amortiguamiento cercana a su frontera. Pero esto está condicionado a “estándares, metas y cronogramas relacionados con la desmilitarización”. Hoy por hoy, el ejército israelí mantiene el control sobre más de la mitad de la Franja.

Netanyahu ha dejado claro que no moverá un solo soldado mientras no se garantice la total desmilitarización de Hamas. Y no existe ningún acuerdo claro sobre cuándo o cómo Israel retirará sus tropas restantes.

La reforma difusa de la Autoridad Palestina

El plan contempla también una “reforma estructural” de la Autoridad Palestina (AP), actualmente dirigida por Mahmoud Abbas, con el fin de que eventualmente vuelva a asumir el control de Gaza. Las áreas de reforma incluirían la lucha contra la corrupción, mejorar el sistema educativo y eliminar los subsidios a prisioneros vinculados con ataques contra israelíes.

No obstante, el plan no fija plazos concretos ni establece incentivos reales, y sugiere una reforma como condicionante hacia la eventual creación de un Estado palestino. Israel, por su parte, rechaza cualquier idea de soberanía palestina o de participación de la AP en la gobernanza de Gaza.

El plan ‘imperial’ detrás del telón

Analistas críticos ven en el plan una estrategia de control estratégico más que una búsqueda genuina de paz. La fase actual del plan parece más una puesta en escena diplomática que una política con respaldo sólido. Parece más centrada en ofrecer a Trump una narrativa de pacificador de Medio Oriente mientras posiciona a Estados Unidos como actor de control indirecto en Gaza.

Por ejemplo, Trump ha pedido que el Consejo tenga facultades exclusivas para supervisar el comité palestino, asumiendo básicamente el papel de una administración tutelar sobre un territorio ajeno. Además, su interés en recursos estratégicos, como los minerales del área y el control marítimo del Mediterráneo oriental, ha encendido alarmas en la región.

¿Puede funcionar el “Plan Trump”?

Para algunos, este plan representa una oportunidad histórica. Para otros, es una receta para el estancamiento. La paradoja es simple: los objetivos más ambiciosos del plan son también sus mayores obstáculos.

La coordinación entre actores tan divergentes como Egipto, Qatar, Turquía, Israel, Hamas y Estados Unidos implica un delicado equilibrio de intereses, muchos de ellos mutuamente excluyentes. Cualquier paso en falso podría desencadenar una nueva oleada de violencia.

Mientras tanto, los 2 millones de palestinos que viven en Gaza siguen atrapados entre ruinas, sin agua potable, ni trabajo, ni movilidad transfronteriza. Lo que está en juego no es solo un tratado diplomático, sino el futuro de un pueblo entero.

La historia mide resultados, no intenciones

Los planes de paz en Medio Oriente abundan en los archivos de la diplomacia internacional. El acuerdo de Oslo, la Hoja de Ruta del Cuarteto, los acuerdos de Camp David... Todos fueron grandes promesas que, en su mayoría, se estrellaron contra la realidad.

El plan Trump podría convertirse en otra nota al pie de la historia, o tal vez marque una nueva página. Por ahora, sus avances son más simbólicos que estructurales, y sus retos monumentales.

Como señala el analista israelí Zvi Barel: “No hay zona de paz en Gaza si antes no hay zona de realismo en Washington, Jerusalén y Ramala.”

Este artículo fue redactado con información de Associated Press