Elección o estancamiento: el giro automovilístico de EE.UU. puede costar caro en la carrera global

Mientras el mundo acelera hacia la electrificación, Estados Unidos pisa el freno: ¿estrategia o error garrafal?

El rugido de los motores regresa a Detroit

La clásica ciudad del motor volvió a vibrar con potencia, pero no con la esperada energía eléctrica. En la última edición del North American International Auto Show celebrada en Detroit, se vivió un cambio drástico que refleja una nueva tendencia en la industria automotriz estadounidense: el retroceso en las ambiciones eléctricas.

Hace apenas unos años, los fabricantes apostaban fuerte por los vehículos eléctricos (EV), con pistas dedicadas exclusivamente a estas nuevas unidades silenciosas y sostenibles. Hoy, esas mismas pistas están abiertas también para híbridos y vehículos a combustión. Un cambio que, según Todd Szott, presidente del evento y concesionario automotriz, responde a lo que los consumidores realmente buscan: opciones variadas.

Estadísticas que exponen una desaceleración seria

Los números no mienten. Aunque las ventas de vehículos electrificados (incluidos híbridos enchufables) en EE.UU. crecieron apenas un 1% en 2025, según Benchmark Mineral Intelligence, el mundo sigue avanzando con paso firme:

  • China: crecimiento del 17% en vehículos eléctricos e híbridos conectables.
  • Europa: aumento del 33% en ventas de EVs.
  • EE.UU.: participación de mercado para EVs puros: menos del 8%, con una caída respecto a 2024.

No es solo una cuestión de consumo, sino de competitividad internacional. Según Michael Robinet, vicepresidente de estrategia de mercado en S&P Global Mobility: “Nos preocupa cuán competitivos podremos ser cuando el resto del mundo continúa avanzando mientras nosotros retrocedemos”.

Trump y su cruzada contra los EVs: ¿elección política o error económico?

Desde su regreso a la Casa Blanca, el presidente Donald Trump ha liderado un pivotaje evidente hacia los combustibles fósiles. Su intervención en Detroit dejó claras sus prioridades: detener lo que llama “la cruzada radical de la izquierda para matar la energía americana”, eliminar estándares ecológicos y revertir medidas para impulsar la electrificación.

Entre sus principales acciones:

  • Revocar el objetivo de la era Biden de que el 50% de los vehículos vendidos en 2030 sean eléctricos.
  • Bloquear parte de los fondos para estaciones de carga a nivel nacional.
  • Eliminar incentivos fiscales hasta de $7,500 por la compra de EVs.
  • Debilitar los estándares de eficiencia de combustible y eliminar sanciones a empresas incumplidoras.

Trump afirma: “Amo los autos eléctricos. Pero no puedes forzarlos. Ellos querían que todos tuvieran uno en un periodo muy corto”.

El golpe financiero a los grandes fabricantes

El cambio de curso político ha tenido un costo considerable para los gigantes automotrices estadounidenses:

  • Ford: anunció $19,500 millones en cargos relacionados con sus iniciativas de electrificación. Canceló la producción de una versión totalmente eléctrica de su popular F-150 Lightning.
  • General Motors (GM): reportó $6,000 millones en pérdidas asociadas a la producción y desarrollo de EVs. Retrocedió en varios compromisos para electrificar su flota.
  • Tesla: aunque sigue liderando entre marcas de EVs, también enfrentó un 2025 complicado, con caída en ventas y márgenes estrechándose frente a la competencia china.

La sombra del dragón: China como referente mundial

Mientras la industria estadounidense duda, China avanza a toda velocidad. Con el respaldo de políticas públicas decididas y miles de millones en subsidios y desarrollo tecnológico, el gigante asiático ha capturado la mayor parte del mercado global de EVs.

La gobernadora de Michigan, Gretchen Whitmer, lo dejó claro durante un discurso en el mismo auto show: “China quiere dominar cada parte de la manufactura automotriz. Han capturado cuota de mercado casi en todas partes, menos en Estados Unidos y Canadá. Tenemos que responder a ese desafío”.

No sólo dominan la producción de EVs, sino también de baterías, cobalto, litio y otros componentes esenciales para esta nueva generación de autos.

La tranformación truncada de las Big Three

Detroit, cuna de las legendarias Big Three (Ford, GM y Chrysler), podría convertirse pronto en símbolo de una oportunidad perdida si el tren de la electrificación no se retoma con urgencia. Como diría Pete Buttigieg, exsecretario de transporte: “Trump no puede detener a los vehículos eléctricos. Pero sí puede detener a EE.UU. como líder del automóvil del futuro”.

Las empresas parecen entender esto. Aunque reducen producción de EVs, insisten en que el compromiso de largo plazo sigue sobre la mesa. Lo ha dicho Shawn Strain, director de marketing de Ford: “Puede que no sea tan visible como antes, pero seguimos completamente comprometidos con los EVs”.

¿Una estrategia de diversificación mal entendida?

Muchos en la industria hablan de priorizar la “elección del consumidor”, justificando así la inclusión de más híbridos y vehículos a gasolina en lugar de EVs. Sin embargo, lo que parece una estrategia flexible, podría estar saboteando el liderazgo tecnológico del país.

Además, esta postura choca con una serie de proyecciones de mercado. Según BloombergNEF, para 2030 casi el 60% de todos los autos nuevos a nivel mundial serán eléctricos. En la UE se prohibirá la venta de autos de combustión interna a partir de 2035. China, por su parte, espera que más del 70% de su parque vehicular urbano sea eléctrico para 2030.

La paradoja estadounidense: reinventar el futuro o repetir el pasado

Estados Unidos ha sido históricamente una nación que lidera la innovación: desde Henry Ford hasta Tesla. Sin embargo, hoy, paradójicamente, parece aferrarse al pasado en un momento en que la disrupción tecnológica redefine el transporte.

El profesor Dan Sperling, fundador del Instituto de Estudios del Transporte de la UC Davis, lo resume perfectamente: “Estados Unidos corre el riesgo de perder toda una década de competitividad tecnológica si seguimos jugando a medias con los EVs”.

Más allá del debate político: ¿sostenibilidad o independencia económica?

El giro anti-EV de la política norteamericana no sólo es una cuestión ambiental. Afecta la seguridad energética, la independencia geoestratégica y el posicionamiento económico de EE.UU. frente a nuevos polos de poder industrial. Renunciar al impulso eléctrico equivale a ceder terreno a Europa y China.

El conflicto entre industria, política y mercado seguirá marcando el tempo de esta transformación. Pero la advertencia es clara: apostar por el petróleo hoy puede costar el liderazgo mañana.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press