Incendios en Los Ángeles: el largo camino hacia la recuperación y las lecciones de la filantropía
Un año después del desastre en Palisades y Altadena, miles siguen sin hogar y la filantropía enfrenta el reto de cubrir desigualdades estructurales
Por: [Nombre del Autor]
LA catástrofe desde el aire
El 7 de enero de 2025, mientras el cielo de Los Ángeles ardía en llamas y el viento azotaba con fiereza la ciudad, Miguel Santana, presidente y director ejecutivo de la California Community Foundation (CCF), tuvo una perspectiva privilegiada pero dolorosa de los incendios que estaban destruyendo comunidades enteras. Desde su vuelo hacia Sacramento, observó cómo el fuego consumía las colinas del Pacífico Palisades. Al día siguiente, cuando regresaba, se iniciaba otro fuego en Altadena, al noreste de la ciudad.
En total, los incendios conocidos como Palisades y Eaton dejaron un saldo de 31 personas fallecidas y la destrucción de 17,000 estructuras. Miles de personas perdieron sus hogares, empleos, iglesias y escuelas. A día de hoy, un año después, el 70% de los sobrevivientes aún no ha podido regresar a casa, y solo diez viviendas han sido reconstruidas en ambas zonas.
Un fondo de emergencia que alcanzó $100 millones
La respuesta inmediata de la CCF fue activar su fondo de recuperación por incendios forestales, donando $30 millones en su primer mes para asistencia directa a sobrevivientes. Pero lo que comenzó como una respuesta de emergencia se transformó en una operación sostenida de atención humanitaria y justicia social. Al cierre del primer año del desastre, el fondo ya ha recaudado más de $100 millones con el apoyo de casi 50,000 donantes en todo el mundo.
Sin embargo, la hazaña de reunir esa suma trae consigo un desafío aún mayor: ¿dónde, cómo y con qué enfoque se destinan esos recursos cuando la recuperación es desigual y prolongada?
Identificación de necesidades invisibles
“Desde el principio tuvimos claro que debíamos actuar en los márgenes, ahí donde normalmente se amplifican las desigualdades”, explicó Santana en una entrevista reciente. La fundación decidió priorizar la atención a personas mayores, niños, inquilinos, trabajadores informales y aquellos que ya vivían en situación precaria antes del desastre.
Para ello, recurrieron a alianzas estratégicas. Uno de los momentos más importantes fue la creación del colectivo sin fines de lucro Department of Angels, fundado con el apoyo de Evan Spiegel, CEO de Snap y originario del Palisades. Este grupo ha sido clave para comprender lo que viven los sobrevivientes. Mediante encuestas trimestrales a más de 2,000 personas afectadas, identifican los principales obstáculos en el proceso de reconstrucción.
Seguro, hipotecas y capital: la trampa financiera
Uno de los principales problemas detectados es la respuesta desigual de las aseguradoras. “El seguro que tengas es el principal determinante de qué tan bien vas a recuperarte. Muchos están recibiendo apenas suficiente para cubrir alquileres temporales, pero simultáneamente siguen pagando hipotecas de propiedades que ya no existen o están inhabitables”, explicó Santana.
Además, acceder a nuevos créditos o préstamos para reconstrucción es complicado. Los bancos valoran la capacidad actual de pago del solicitante, no sus necesidades post-catástrofe. Para intentar subsanar esto, CCF está trabajando con instituciones como Bank of America en un nuevo producto financiero —una especie de "segundo crédito silencioso"— donde la filantropía actúa como garante, facilitando el acceso al capital sin requerir altos ingresos actuales.
Esta es una de las funciones más innovadoras de la filantropía: no necesariamente prestar el dinero, sino crear una estructura que permita que otros lo hagan, reduciendo el riesgo. Se espera que esta iniciativa sea anunciada en el primer trimestre de 2026.
¿Puede la filantropía reemplazar la acción estatal?
California aún espera recibir miles de millones de dólares en ayuda federal. Mientras tanto, muchos se preguntan si la filantropía puede llenar ese vacío. La respuesta de Santana es clara: “La filantropía por sí sola no es suficiente. Su rol es ser ágil, suplir carencias temporales, identificar fallas sistémicas. No reemplaza el rol del Estado”.
En ese sentido, afirma, debe existir una expectativa común de que todos reciban la misma respuesta ante emergencias, sin importar en qué parte del país vivan. Esa es la equivalencia moral que aún no se logra plenamente.
Una recuperación larga, desigual y desgastante
A pesar del empuje comunitario y la profunda solidaridad entre vecinos, muchas personas siguen sintiéndose solas. Los efectos psicológicos acumulados —depresión, ansiedad, PTSD— se agudizan conforme pasa el tiempo sin una solución definitiva.
“Este es un momento para redoblar el apoyo emocional. Si conocen a alguien que haya sido afectado, este es el momento para invitarlo a cenar, ayudarle con los niños, escuchar cómo están. Están viviendo su recuperación un día a la vez”, dijo Santana.
Desastres que desnudan la fragilidad del sistema
El caso de Los Ángeles no es aislado. Según estudios como el del Center for Disaster Philanthropy, a nivel nacional, sólo el 3% de la filantropía se dedica actualmente a preparación y recuperación de desastres, y la atención federal puede tardar semanas o meses en fluir. Como sucedió también con el huracán Katrina o los incendios en Maui, las comunidades pobres o racializadas tardan más en volver a la normalidad, y muchas nunca lo logran por completo.
La CCF, en este sentido, propone una visión integral: asistencia directa, pero también incidencia política, diseño de nuevos mecanismos financieros y movilización de datos para tomar decisiones eficaces, todo ello con una fuerte perspectiva de equidad.
¿Está EE.UU. preparado para su nueva normalidad climática?
Los modelos climáticos indican que los incendios forestales intensos en la costa oeste serán cada vez más frecuentes. En 2023, California vivió su peor temporada de incendios desde que existen registros. Lo acontecido en Los Ángeles en 2025 podría repetirse en otras zonas del país en los próximos años.
Según la National Interagency Fire Center, solo en 2023 se quemaron más de 10.2 millones de acres en EE.UU., una cifra alarmante. Si se quiere evitar una catástrofe social cíclica, se necesitan cambios estructurales en políticas urbanas, seguros, financiamiento y preparación ciudadana. No se trata únicamente de reconstruir, sino de replantear la forma en que nuestras ciudades enfrentan el riesgo climático.
Una oportunidad histórica para repensar el rol de la filantropía
Lo ocurrido en Los Ángeles podría marcar un antes y un después en cómo se articula la ayuda filantrópica. Lejos de centrarse solo en dar recursos, ahora se busca una participación más estratégica, estructural y de largo plazo. “La filantropía debe asumir que ya no basta con apagar incendios: hay que ayudar a construir infraestructuras sociales que impidan que las llamas —simbólicas y reales— nos consuman cada vez”, afirma Santana.
Y quizás, este largo y complejo proceso de recuperación pueda ser también una escuela: una guía para que otras comunidades, antes de enfrentar tragedias similares, ya hayan aprendido de las lecciones de Palisades y Altadena. Porque como dijo Miguel Santana al terminar su entrevista: “La verdadera medida del éxito no es cuántos millones recaudamos, sino cuántas vidas logramos reconstruir con dignidad”.
