La 'sequía de nieve' en el Oeste de EE.UU.: una amenaza silenciosa para el futuro del agua
Nevadas escasas y temperaturas inusualmente cálidas están poniendo en jaque a agricultores, ecosistemas y negociaciones en torno al Río Colorado
Mientras los entusiastas del esquí desempolvan sus equipos y las montañas suelen llenarse de nieve cada invierno, en el oeste de Estados Unidos la historia de este año es muy distinta. Lo que antes era un manto blanco de esperanza para múltiples sectores, ahora es una señal de alarma: ha llegado la ‘sequía de nieve’.
¿Qué es una 'sequía de nieve'?
El término puede sonar contradictorio. Si hablamos de sequía, normalmente pensamos en la falta de lluvia. Pero en climas fríos y regiones altas, el principal reservorio de agua no es líquido, sino sólido: la nieve. Cada invierno, millones de acres de montañas se cubren de nieve, creando una gigantesca reserva que, al derretirse en primavera, alimenta ríos, lagos, cultivos y hasta sistemas de agua urbana.
Una sequía de nieve se refiere a una temporada en la que o bien nieva muy poco o la nieve cae pero no se mantiene debido a temperaturas elevadas.
Un invierno desalentador: cifras preocupantes al 1 de enero
De acuerdo con el Natural Resources Conservation Service (NRCS) de EE.UU., el 1 de enero solo 379,000 acres estaban cubiertos por nieve en el oeste, en contraste con el promedio histórico de 1.46 millones de acres para esa fecha. Es decir, menos del 26% del área habitual estaba cubierta de nieve.
Las temperaturas inusualmente cálidas han hecho que muchas de las preciadas tormentas del otoño e invierno hayan dejado lluvias en lugar de nieve incluso en áreas montañosas como Nevada y Sierra Nevada. En palabras del hidrólogo Jeff Anderson: “Cuando llegaron las tormentas, nos trajeron lluvia, no nieve”.
Nevadas históricamente bajas y temperaturas récord
Las mediciones del clima en Nevada siguen rompiendo récords. Noviembre fue casi 6 grados Fahrenheit más cálido que la media de los últimos 30 años. Algunas localidades como Reno empataron su récord de mes más cálido desde 1893. Allí, la primera helada no ocurrió sino hasta mediados de noviembre, el récord más tardío registrado.
En la actualidad, el promedio de nieve acumulada en Nevada es solo del 74% del valor histórico. Las cuencas del Tahoe, Truckee y Carson están cerca de lo normal y aún pueden recuperarse hasta abril. Pero otras regiones del estado están en situación crítica.
El escaso “equivalente de agua en nieve”
Más allá del volumen de nieve, los expertos analizan su densidad y contenido hídrico a través del equivalente de agua en nieve (SWE por sus siglas en inglés). Este valor es fundamental para estimar cuánta agua real aportará el deshielo. En la cuenca del Alto Humboldt, el SWE es apenas el 24% del promedio, y en el Bajo Humboldt, el 31%. Son los niveles más bajos en casi una década. Las montañas Ruby, cercanas a Elko (Nevada), están entre las que registran cantidades récord de SWE mínimas.
Impactos múltiples: agricultura, energía, turismo y ecosistemas
Una snow drought no se traduce simplemente en menos nieve para esquiar o hacer snowboard. Sus ramificaciones se extienden a múltiples sectores:
- Agricultura: Muchos agricultores dependen del deshielo para sistemas de irrigación. Un bajo caudal implica disminución en los rendimientos o inactividad forzosa.
- Ecosistemas acuáticos: Un menor flujo de agua afecta a peces, ranas y otros animales que dependen de caudales estables. También se reduce el volumen disponible para generar energía hidroeléctrica.
- Recursos municipales: Las ciudades dependen de fuentes hídricas alimentadas por la nieve. Menos nieve implica más tensiones, tarifas más altas o restricciones de uso.
- Turismo: Estaciones de esquí, hoteles, tiendas y empleos vinculados al turismo invernal sufren enormes pérdidas ante la falta de nieve.
El caso del Río Colorado: escasez con implicaciones políticas
La situación se vuelve más delicada cuando miramos la cuenca del Río Colorado, que abastece a 40 millones de personas en siete estados y a México. Su principal fuente de alimentación son las nieves invernales en las Montañas Rocosas. Sin embargo, las mediciones en Arizona, Utah, Nuevo México y el sur de Colorado revelan valores muy por debajo del percentil 20 histórico.
El 25 de diciembre, una cuarta parte de los sitios de medición con más de 20 años de datos en Colorado estaban en su nivel de nieve más bajo jamás registrado. Y eso a pesar de que la cantidad total de precipitación (lluvia + nieve) sí fue relativamente alta. ¿La diferencia? La lluvia desaparece pronto; la nieve actúa como reservorio sostenido.
Las reservas más importantes del río —el Lago Mead y el Lago Powell— están a apenas el 33% y 26% de su capacidad, respectivamente. Esta constante caída de sus niveles ha obligado a la Oficina del Reclamación de EE.UU. a proponer nuevas directrices para su gestión a futuro.
Negociaciones tensas entre estados: ¿quién cede?
Con el agua nuevamente en el centro del debate político, las tensiones entre los estados del llamado Upper Basin (Colorado, Utah, Wyoming y Nuevo México) y del Lower Basin (California, Arizona y Nevada) van en aumento. Nevada, aunque es el estado que menos agua extrae de esta fuente vital, ha tenido recortes del 7% en su asignación durante varios años.
Las nuevas directrices propuestas por el gobierno federal han sido recibidas con desgano por algunos, especialmente en el sur, quienes sienten que los estados del norte están siendo favorecidos. “Es claro que los funcionarios federales quieren apuntalar al Lago Powell y limitar el dolor para la Cuenca Alta, mientras que la Baja carga con el peso”, señaló Kyle Roerink, director ejecutivo de la organización Great Basin Water Network.
Clima, cambio climático y el futuro del agua
Los climatólogos advierten que lo que vemos este año es una señal tangible de lo que viene. Con el calentamiento global avanzado, las proyecciones climáticas indican una reducción progresiva de la temporada de nieve. Baker Perry, climatólogo del estado de Carolina del Norte, lo resume así: “Estamos observando el futuro del Oeste con cada año que pasa”.
La naturaleza del cambio climático hace que los eventos extremos, como lluvias torrenciales o sequías severas, sean más comunes. Pero en lugares donde la nieve juega un rol vital, su desaparición transforma todo el sistema hídrico y pone en riesgo el equilibrio económico, ecológico y social de enormes regiones.
¿Y qué pueden hacer los gobiernos y ciudadanos?
Se requieren soluciones estructurales y a largo plazo. Entre ellas:
- Adaptar cultivos y sistemas de riego a condiciones más secas.
- Invertir en almacenamiento de agua en épocas de excedente.
- Modernizar infraestructuras obsoletas que generan desperdicio hídrico.
- Gestionar el consumo con tarifas escalonadas y campañas educativas.
- Fortalecer la cooperación interestatal e internacional en el manejo compartido del agua.
La sequía de nieve está aquí, y probablemente vino para quedarse. Su impacto no es inmediato ni espectacular como un huracán, pero desgasta lentamente la capacidad de resiliencia de grandes porciones del país. Entenderlo y actuar ahora no es una opción, sino una urgencia.
