Más allá del marketing: El culto a la personalidad de Donald Trump llega a las calles, museos y monedas de EE.UU.
Naves de guerra, aeropuertos e instituciones públicas están siendo rebautizadas en honor a un presidente en funciones, un gesto simbólico que reabre el debate sobre los límites del poder y la vanagloria
De promotor inmobiliario a ícono omnipresente
Donald J. Trump comenzó a construir su legado colocando su apellido en letras doradas sobre edificios de lujo, casinos, corbatas e incluso filetes. Hoy, esa misma estrategia personalista de marca ha traspasado los muros corporativos y ha irrumpido con fuerza en la esfera de lo público: museos, calles, aplicaciones estatales y hasta monedas están siendo nombradas en honor al presidente mientras aún está en el cargo.
No se trata de homenajes póstumos ni recuerdos nostálgicos distantes. En un giro sin precedentes en la historia presidencial estadounidense, Trump —de vuelta en la Casa Blanca tras su reelección— está viendo su nombre glorificado en tiempo real y a escala institucional.
Un fenómeno sin precedentes
“En ningún momento de la historia hemos visto algo parecido: una campaña sistemática para nombrar infraestructura federal en honor a un presidente en funciones,” sostiene Jeffrey Engel, director del Centro de Historia Presidencial de la Universidad Metodista del Sur en Dallas.
Lugar tras lugar, ícono tras ícono, el sello TRUMP se multiplica:
- Instituto de la Paz de EE.UU. renombrado como U.S. Trump Institute of Peace
- Centro Kennedy de Artes Escénicas, ahora con el agregado “Trump” al nombre del complejo
- Una nueva clase de buques de guerra bautizados en su honor
- El nuevo programa de inversiones fiscales conocido como Trump Accounts
- Una tarjeta de residencia VIP: Trump Gold Card, desde 1 millón de dólares
- Un sitio web gubernamental de medicamentos: TrumpRx
- Un corredor económico internacional: Ruta Trump para la Paz y Prosperidad, negociado entre Armenia y Azerbaiyán
Y el colofón simbólico: una carta de amor vial. Este viernes, se inaugurará en Florida el Bulevar Presidente Donald J. Trump, una extensión de 6 km que conecta el aeropuerto con Mar-a-Lago, su finca personal.
Un culto personalista ¿en construcción o consolidado?
Este fenómeno ha encendido alarmas entre numerosos críticos del mandatario. El senador independiente Bernie Sanders presentó recientemente una legislación para prohibir el nombramiento o renombramiento de edificios federales en honor a presidentes en funciones. “Eso muy bien podría parecer la estrategia de líderes autoritarios, desde Corea del Norte hasta regímenes caudillistas de América Latina”, advirtió Sanders.
“Si el pueblo americano desea rendir tributo a un presidente fallecido, puede hacerlo a través de la memoria y el consenso democrático. Pero usar infraestructura pública para engrandecer la figura de un líder durante su mandato es otra cosa”, añadió.
¿Populismo simbólico o legado institucionalizado?
Desde la Casa Blanca, la postura es diametralmente opuesta. La portavoz Liz Huston defendió la proliferación del nombre del presidente como “reconocimientos naturales a iniciativas históricas en infraestructura, acuerdos de paz e innovación económica.”
Citó ejemplos como el TrumpRx y la Ruta Trump para la Paz como “esfuerzos transformadores que no podrían haberse logrado sin el liderazgo audaz del presidente.”
“El enfoque de esta Administración no está en el ‘branding’ estratégico, sino en cumplir con la misión de Hacer América Grande Otra Vez”, remató Huston.
Orígenes del fenómeno: El eterno ‘branding’ Trump
Antes de ser político, Trump dominó el mundo de los negocios haciendo de su apellido un sinónimo de lujo y poder. Desde edificios emblemáticos como la Trump Tower en Nueva York hasta negocios más extravagantes como vinos, juegos de mesa o universidades falsas, su marca personal se volvió inseparable de su identidad pública. Su show de telerrealidad “The Apprentice” catapultó aún más este ‘branding’ omnipresente.
Ya como presidente, extendió esta estrategia:
- Lanzó Trump Mobile, empresa telefónica con smartphones dorados
- Promovió una criptomoneda oficial: $TRUMP
- Puso a la venta zapatillas doradas por $799
- Y sugirió que el nuevo estadio del equipo de fútbol de Washington lleve su nombre
En su segundo mandato, entre 2025 y 2026, el culto a su personalidad ha superado incluso los límites de la publicidad corporativa.
El símbolo como vehículo de poder
Históricamente, los símbolos son una herramienta poderosa para proyectar autoridad y cohesión nacional. George Washington, por ejemplo, da nombre a la capital del país. Herbert Hoover, a una represa. Pero en ambos casos, estos homenajes fueron póstumos o posteriores al cargo.
Trump ha invertido ese guión. “Memorializar a un presidente mientras aún ocupa la oficina crea un incentivo perverso: demuestra que el halago público puede traducirse en favor político,” advirtió Engel.
Esta estrategia ha dado frutos para sus aliados. Miembros del Congreso han propuesto múltiples iniciativas para honrarlo:
- Designar el 14 de junio (su cumpleaños) como Día Nacional de Trump y de la Bandera
- Renombrar el aeropuerto internacional de Dulles como Donald J. Trump International Airport
- Cambiar el nombre del Metro de Washington a “Trump Train”
¿El punto en común? Todos los proponentes son leales republicanos con aspiraciones políticas dentro del trumpismo.
¿Qué opina el pueblo estadounidense?
Las encuestas todavía muestran a un país dividido. Mientras una fracción importante de votantes republicanos ve estas acciones como justas o incluso necesarias para contrarrestar la “cancelación” cultural, un grupo creciente de independientes ve estas maniobras como propagandísticas o autoritarias.
Para la socióloga Danielle Allen de Harvard, esta dinámica “está rompiendo con patrones tradicionales de respeto institucional.” En sus palabras: “La santificación de líderes mientras están vivos es más propia de sistemas no democráticos donde el líder es indistinguible de la nación.”
¿Un nuevo precedente para futuros mandatarios?
La pregunta que queda abierta es si los futuros presidentes —sin importar la afiliación partidaria— buscarán adoptar una estrategia similar. ¿Nombrarán pronto una Kamala Harris High School o una Ron DeSantis Avenue?
Con cada nuevo sello, placa, aplicación o billete que lleva su nombre, Trump sigue moldeando no solo el paisaje de EEUU, sino también el concepto institucional de lo que significa recordar y honrar a un presidente. ¿Se trata de un acto de justicia simbólica o de una peligrosa autoexaltación?
