Minerales estratégicos: el pulso entre Estados Unidos y China por el control del futuro
Washington intenta romper la dependencia de Pekín con millonarias inversiones, estrategias agresivas y alianzas internacionales
El dominio absoluto de China sobre los minerales críticos —esenciales para la fabricación de smartphones, autos eléctricos, turbinas eólicas, misiles y aviones de combate— ha puesto a tambalear la seguridad económica y militar de Estados Unidos. Lejos de ser una preocupación futurista, es una urgencia geoestratégica del presente.
¿Qué son los minerales críticos y por qué importan tanto?
Los minerales críticos son elementos indispensables para la tecnología moderna y la transición energética. Incluyen metales como el litio, cobalto, tierras raras, galio y germanio, entre otros. Su demanda crece exponencialmente con el auge de los vehículos eléctricos, la electrónica avanzada y la industria militar. Sin embargo, hay un gran problema: más del 90% de nuestros suministros dependen del procesamiento que realiza China.
Estados Unidos se ha visto expuesto en múltiples ocasiones a la coerción económica de Pekín. Durante el auge de la guerra comercial bajo la presidencia de Donald Trump, China amenazó con restringir sus exportaciones de minerales, forzando finalmente un acuerdo de tregua mutua en 2019.
Washington responde con estrategias poco tradicionales
Consciente del peligro, el gobierno estadounidense ha desplegado una respuesta contundente que incluye desde la creación de una agencia independiente con fondos por $2,5 mil millones, hasta la toma de participaciones de capital en empresas mineras en EE.UU. y países aliados. Todo esto, mientras el Departamento de Defensa destina más de $4,500 millones en capital para asegurar y diversificar la cadena de suministro.
“Estamos entrando en una fase de capitalismo de Estado, al estilo chino, para competir con China”, afirmó Elly Rostoum, investigadora del Center for European Policy Analysis. Esta transformación representa un giro inédito en la política económica de Washington.
Intervención directa en el sector: capital, subsidios y geopolítica
Entre las iniciativas más destacadas está la compra de $400 millones en acciones preferentes de MP Materials, la única mina de tierras raras actualmente operativa en EE.UU., localizada en Mountain Pass, California. También se anunció una alianza de $1,400 millones con ReElement Technologies Corp. para desarrollar una cadena de suministro doméstica de imanes de tierras raras.
Estos esfuerzos demuestran claramente que la seguridad económica y militar ya no puede depender de mercados internacionales dominados por rivales estratégicos. Según Jim Sims, director de comunicaciones de NioCorp, “el presidente Trump ha hecho más por asegurar minerales críticos que cualquier otro dirigente en la historia reciente”.
El Congreso también quiere actuar
En paralelo a las acciones del Ejecutivo, el Congreso ha comenzado a moverse. Los senadores Jeanne Shaheen (Demócrata, New Hampshire) y Todd Young (Republicano, Indiana) han propuesto un proyecto de ley para crear una agencia independiente que administre una reserva estratégica de minerales críticos. Esta agencia se enfocará en:
- Estabilizar precios para evitar dumping de China
- Acopiar minerales estratégicos
- Impulsar la producción interna e internacional con aliados
Según Shaheen, “Se trata de una inversión histórica para fortalecer nuestra economía frente al dominio de China”. Su colega Young lo definió como “un paso agresivo y necesario para salvaguardar nuestra seguridad nacional y económica”.
Aliados estratégicos: Australia y... ¿Groenlandia?
Estados Unidos no solo está centrado en el desarrollo local; también busca alianzas geoestratégicas. Firmó un acuerdo de $8.5 mil millones con Australia para fomentar la minería de tierras raras, y ha mostrado interés abierto en Groenlandia, territorio danés con abundantes recursos minerales.
Esta estrategia de diversificación permite reducir la vulnerabilidad frente a decisiones unilaterales de Pekín, como las restricciones o prácticas de dumping que arrastran hacia la quiebra a posibles competidores globales.
El nuevo mapa de poder: recursos, no solo territorio
La guerra por el control de minerales críticos es distinta de los conflictos de antaño. Ya no se trata solo de controlar territorios o rutas comerciales, sino de garantizar el acceso a los materiales sobre los que se construye la tecnología del siglo XXI.
China supo verlo antes. Desde fines de los años 90, invirtió en la compra masiva de refinerías y minas en África, Asia Central y América Latina. En 2010, demostró su poder al restringir el suministro de tierras raras a Japón durante una disputa territorial.
Estados Unidos, por contraste, abandonó en gran parte esta industria clave. El cierre de su cadena de refinación permitió que Pekín tomara el control no solo de la extracción sino —más importante aún— del procesamiento, etapa clave para obtener materiales usables.
El desafío ambiental y social
Una aceleración abrupta del desarrollo minero también conlleva riesgos. La minería de tierras raras es altamente contaminante y puede tener graves impactos ecológicos. Este es un asunto especialmente sensible en EE.UU., donde la oposición social y ambiental podría frenar proyectos.
Por ello, muchos proponen combinar el desarrollo nacional con cadenas de suministro resilientes a partir de países con marcos regulatorios robustos y estándares laborales y ambientales altos, como Canadá, Australia y la Unión Europea.
Pese a las dificultades, mantener la dependencia de China ya no es una opción viable.
Una posible nueva era industrial
La inversión estratégica en minerales críticos podría dar lugar a un renacimiento de la política industrial en Estados Unidos, enfocada no solo en la autosuficiencia mineral sino en fomentar nuevas industrias tecnológicas.
Los expertos alertan: la transición hacia las energías renovables, los semiconductores avanzados y la defensa de punta no puede llevarse a cabo confiando en un solo país, especialmente uno que ya ha demostrado estar dispuesto a usar su dominio como arma geopolítica.
Así, Washington se ve obligado, ya sea por presión internacional o por necesidad interna, a jugar el mismo juego que Pekín: combinar el poder del Estado con la inversión empresarial para convertir los minerales en un pilar de liderazgo estratégico.
Como escribió en su momento Henry Kissinger: “Quien controla el suministro de recursos controla el poder geopolítico”. Parece que, finalmente, Estados Unidos empieza a tomar nota de esa advertencia.
