Reza Pahlavi y el espejo del poder: ¿salvador de Irán o figura decorativa para Occidente?

Mientras las protestas sacuden a Irán con fuerza inédita desde 1979, el príncipe exiliado busca apoyo externo para un regreso que muchos dentro del país aún desconfían.

Un príncipe lejos de su pueblo

Reza Pahlavi, hijo del último Shah de Irán, ha vuelto a ser protagonista en medio de la peor ola de protestas que ha vivido la República Islámica desde su fundación en 1979. La muerte de más de 2.600 personas en las últimas semanas —según cifras de Human Rights Activists News Agency— ha puesto sobre la mesa nuevamente el debate sobre el futuro político de Irán y el papel del heredero exiliado.

Pahlavi ha aprovechado el momento para presentar su visión de un Irán post-teocrático: abolición del programa nuclear militar, lucha contra el narcotráfico, restablecimiento de relaciones con Israel y liberalización económica basada en exportaciones de petróleo y gas. Su discurso fue lanzado, significativamente, en inglés y no en farsi, sugiriendo el enfoque hacia una audiencia extranjera más que al pueblo iraní.

La estrategia de la aprobación externa

Expertos como Trita Parsi, vicepresidente ejecutivo del Quincy Institute, señalan que Pahlavi busca posicionarse no desde el apoyo popular interno, sino mediante el respaldo geopolítico de potencias como Estados Unidos e Israel. “Está intentando ser instalado desde arriba, no mediante una revolución popular desde abajo”, plantea Parsi, autor de varios libros sobre política iraní.

Esto se refleja también en su alineamiento con la narrativa que maneja Donald Trump: discurso duro contra el régimen iraní, rechazo al acuerdo nuclear de 2015, acercamiento con el gobierno israelí y exaltación del republicanismo secular como antídoto a la teocracia.

Un rostro familiar, pero vacío de contenido

“Las personas corean ‘¡Pahlavi!’ en las calles de Irán no porque quieran su regreso, sino porque no hay otro nombre conocido que gritar”, sostiene Danny Citrinowicz, investigador del Instituto de Estudios para la Seguridad Nacional en Israel. La represión sistemática en Irán en las últimas décadas ha hecho casi imposible la consolidación de una oposición unificada o carismática.

Pahlavi, por su parte, ha estado más enfocado en discursos internacionales y viajes diplomáticos —como su visita a Israel en 2023— que en organizar una resistencia estructurada. No lidera un partido, no tiene movimiento formal y apenas cuenta con el respaldo de viejos monárquicos nostálgicos fuera del país.

Un pasado que aún pesa

Pese a sus promesas de una democracia moderna, el apellido Pahlavi aún genera rechazo interno. Su padre, el Shah Mohammad Reza Pahlavi, fue asociado con una brutal represión de opositores mediante la temida policía secreta SAVAK, además de corrupción y desigualdad social. Los que se oponen al actual régimen no necesariamente desean un retroceso hacia lo que muchos consideran una dictadura monárquica reciclada.

Esto se traduce en expresiones abiertas de rechazo. Medios estatales iraníes, como la Student News Network, han mostrado entrevistas callejeras con frases como “Que se largue” o “¡Muerte al shah!”, reforzando el antagonismo popular hacia Pahlavi.

Protestas sin líderes, pero con urgencia

Las manifestaciones que iniciaron en diciembre por el colapso del rial iraní, la moneda nacional, son también una expresión de hartazgo profundo. El fracaso económico del régimen, agravado por las sanciones internacionales, ha generado inflación, desempleo y pobreza, pero también un grito masivo: libertad y un nuevo comienzo.

Sin embargo, esa urgencia carece de una figura unificadora interna. En este vacío aparece Reza Pahlavi, ofreciendo lo que muchos en Occidente desean: un cambio de régimen amigable con sus intereses. Pero, ¿es eso lo que el pueblo iraní necesita?

Una relación compleja con Israel

Antes de 1979, Irán mantenía relaciones diplomáticas e incluso estratégicas con Israel. De hecho, Pahlavi visitó Tel Aviv en 2023 y se reunió con Benjamin Netanyahu, reforzando su promesa de restablecer vínculos bilaterales si el régimen islámico cae.

Esto no ha pasado desapercibido. El gobierno israelí, siempre en alerta ante los movimientos en Teherán, observa con atención las recientes palabras del príncipe. Sin embargo, medios israelíes no han otorgado cobertura significativa a sus anuncios, priorizando la posibilidad de un conflicto directo con Irán después de choques militares recientes que dejaron miles de muertos y heridos en ambos países.

Trump: ¿interesado pero escéptico?

Donald Trump, uno de los objetivos más evidentes del discurso de Pahlavi, ha sido tibio en sus pronunciamientos. En reciente entrevista con Reuters, lo calificó de “buen tipo”, pero cuestionó si los iraníes lo aceptarían como líder.

“Parece buena persona, pero no sé cómo reaccionaría su país. Y realmente todavía no hemos llegado a ese punto”, dijo el expresidente.

Esto sugiere que, a pesar de los esfuerzos del príncipe por “marcar todas las casillas” de la agenda trumpista —como fraseó Citrinowicz—, aún no ha conseguido la validación necesaria. El propio Trump ha suavizado su tono hacia una intervención militar directa en Irán, decisión clave si efectivamente su plan necesita apoyo bélico externo.

Un plan para los extranjeros, no para Irán

La decisión de Pahlavi de difundir su video en inglés evidencia su orientación hacia el extranjero. Quiere convencer a Washington, más que a Teherán. Este hecho debilita aún más su conexión con una población interna que sigue arriesgando la vida en las calles.

En sus palabras:

“La caída de la República Islámica y el establecimiento de una república secular y democrática no solo restaurarán la dignidad de mi pueblo, sino que beneficiará a la región y al mundo”.

Pero no menciona cómo piensa lograr eso dentro de Irán, sin un aparato político ni líderes alternativos en su equipo. Tampoco responde cómo enfrentaría el legado autoritario de su linaje.

Un grito de esperanza aún sin liderazgo

Con casi 50 años fuera del país, las críticas a Pahlavi apuntan no solo a su apellido, sino también a su desconexión con las dinámicas del Irán actual. La percepción generalizada es que vive fuera del pulso social, económico y religioso de una nación que ha cambiado profundamente desde los años del Shah.

En cambio, las protestas —líderes en su mayoría por mujeres y jóvenes— deben enfrentarse solas a un régimen que utiliza desde cortes de internet hasta la violencia letal para reprimirlas. Pero lo hacen con una determinación que no se ve manipulada por figuras como Pahlavi.

La revolución del siglo XXI iraní, al parecer, quiere nacer sin herencias del pasado.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press