Sanciones, represión y petróleo: la doble cara de la crisis iraní

Estados Unidos responde a la represión en Irán con sanciones dirigidas y redes financieras paralelas, mientras el pueblo iraní clama por libertad

Por años, Irán ha sido un foco de tensiones geopolíticas. Pero lo que ocurre actualmente apunta a un complejo entramado de represión interna, finanzas clandestinas y una respuesta firme por parte de Estados Unidos. Esta vez, la Casa Blanca ha intensificado su presión al imponer un nuevo paquete de sanciones a funcionarios del régimen iraní acusados de reprimir violentamente las protestas populares. Sin embargo, estas sanciones van más allá del escenario político: atacan directamente las redes financieras opacas que ayudan a sostener al aparato estatal de Teherán.

¿Qué hay detrás de estas nuevas sanciones?

El Departamento del Tesoro de EE.UU., a través de su Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés), apuntó a una figura clave del régimen: el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán. Según el tesoro estadounidense, fue uno de los primeros altos cargos en incitar el uso de la violencia contra manifestantes que protestaban contra las políticas autoritarias del gobierno en diciembre pasado.

Pero eso no fue todo. El gobierno estadounidense también sancionó a 18 personas y entidades que, a su juicio, están involucradas en manejar banca en la sombra —un sistema creado para lavar dinero proveniente de la venta de petróleo iraní en el extranjero y evadir las sanciones internacionales impuestas a instituciones financieras como Bank Melli y Shahr Bank.

La banca en la sombra: el otro eje del conflicto

El término "banca en la sombra" se refiere a actividades financieras realizadas por actores que no están sujetos a las mismas regulaciones que los bancos tradicionales. En este caso específico, esas redes se han vuelto cruciales para que Irán mantenga a flote su economía, especialmente después de años de sanciones internacionales que han limitado su acceso a los mercados globales.

Según analistas del Atlantic Council, estas estructuras financieras clandestinas generan miles de millones de dólares para entidades alineadas con el régimen, lo que les permite pagar salarios a las fuerzas de seguridad, mantener programas nucleares y financiar milicias aliadas en el extranjero.

Una protesta impulsada por el colapso económico

Todo comenzó el 28 de diciembre del año pasado, cuando miles de iraníes salieron a las calles molestos por la devaluación del rial, la moneda iraní. La economía del país —ya tambaleante por años de sanciones— había recibido otro golpe debido al colapso de los ingresos petroleros y la inestabilidad política interna.

Lo que empezó como un reclamo económico rápidamente se transformó en una exigencia política: miles pedían la salida de las élites religiosas del poder y el fin de la represión política.

La respuesta internacional: entre la firmeza y el simbolismo

“Estados Unidos apoya firmemente al pueblo iraní en su llamado a la libertad y la justicia,” declaró el nuevo secretario del Tesoro, Scott Bessent. “Usaremos todas las herramientas disponibles para señalar a los responsables del régimen por su opresión tiránica.”

Las sanciones implican que individuos y entidades no pueden realizar operaciones financieras ni tener propiedades en Estados Unidos, y prohíben a ciudadanos estadounidenses hacer negocios con ellos. Sin embargo, muchas de estas personas y empresas ya cuentan con estructuras que evitan el contacto directo con instituciones financieras occidentales, lo que hace que estas medidas sean más simbólicas que económicas.

Red de petróleo por dinero: cómo se financia el régimen

Las ventas de petróleo en mercados alternativos, como China, Siria, Venezuela e incluso en partes de África, han sido una fuente crucial para la supervivencia financiera del régimen iraní. Según el Wall Street Journal, Irán ha utilizado empresas ficticias para enviar millones de barriles de crudo, cuyos beneficios luego pasan por un complicado sistema de transferencias, a menudo mediante criptomonedas u oro, antes de integrarse al sistema doméstico.

Una investigación de Reuters de 2023 reveló que tan solo en ese año, Irán pudo haber vendido hasta 1 millón de barriles diarios, lo que equivaldría a aproximadamente 25.000 millones de dólares anuales, en gran parte fuera del sistema bancario regular.

Un juego geopolítico peligroso

Las constantes maniobras del régimen para financiarse y mantener su aparato represivo funcionan dentro de una doble dinámica: responder a las presiones internacionales y blindarse frente a estallidos internos. Esto mantiene a Irán en una posición volátil, pero también lo hace impredecible internacionalmente.

Los aliados de EE.UU. en Medio Oriente, como Arabia Saudita e Israel, siguen de cerca estas tensiones. Israel ha alertado en múltiples ocasiones que la capacidad financiera de Irán está directamente relacionada con la financiación de grupos como Hezbollah y Hamas.

¿Funcionan realmente las sanciones?

Expertos están divididos respecto a la efectividad real de estas medidas. Para algunos, las sanciones son un método claro para señalar internacionalmente a regímenes autoritarios y reducir su margen de maniobra. Para otros, son ineficaces si no van acompañadas de presión diplomática y acuerdos multilaterales.

“Las sanciones deben ser parte de una estrategia más amplia”, dijo Richard Nephew, excoordinador de sanciones del Departamento de Estado. “Por sí solas, no cambian regímenes ni transforman comportamientos.”

El papel de Europa y el futuro del acuerdo nuclear

La Unión Europea ha mostrado señales de apoyo, pero mantiene reservas ante sanciones unilaterales que puedan entorpecer una eventual reactivación del acuerdo nuclear con Irán (JCPOA). Alemania y Francia consideran que una diplomacia renovada puede ser la vía a largo plazo más efectiva, aunque no descartan imponer sanciones conjuntas si la violencia contra civiles continúa.

En 2015, el JCPOA limitó el programa nuclear iraní a cambio del levantamiento de sanciones. Pero en 2018, Donald Trump retiró a EE.UU. del acuerdo, reactivando las presiones económicas. Desde entonces, Teherán ha relanzado su programa atómico, dificultando los intentos de negociaciones.

La resiliencia del pueblo iraní

A pesar de la represión y el deterioro económico, los iraníes han demostrado una notable resiliencia. En ciudades como Shiraz, Mashhad y Teherán, las protestas han sido constantes, incluso frente a policías y fuerzas paramilitares fuertemente armadas.

Activistas como Masih Alinejad, exiliada en EE.UU., siguen movilizando atención internacional. “Los iraníes no protestan solo por comida o trabajo. Quieren libertad. No quieren ser asesinados por no cubrirse el cabello o por pedir elecciones libres”, afirmó Alinejad a BBC Persian.

¿Un cambio inevitable?

Las sanciones, aunque insuficientes para derrocar al régimen o doblegarlo, envían un mensaje claro: la comunidad internacional observa, y el precio de la represión será cada vez mayor. Mientras tanto, la pregunta no es si habrá un cambio en Irán, sino cuándo y cómo sucederá.

El pueblo iraní continúa esperando que el costo de su valentía no sea en vano. Y en un mundo cada vez más interconectado, esas esperanzas ya trascienden fronteras.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press