Trump vs Energía Verde: La lucha por el viento offshore y el futuro energético de EE.UU.
Mientras Donald Trump trata de frenar proyectos eólicos frente a las costas del país, los tribunales y las energéticas le responden con batallas legales que podrían redefinir el panorama energético estadounidense.
Por qué importa: En medio de promesas de descarbonización, Donald Trump ha activado una cruzada agresiva contra la energía eólica marina. Las decisiones judiciales recientes están resistiendo sus órdenes ejecutivas, y el conflicto amenaza con establecer precedentes duraderos en la política energética de Estados Unidos.
Un frente de viento en resistencia
El proyecto Empire Wind, desarrollado por la empresa noruega Equinor, es uno de los cinco proyectos eólicos marinos que recientemente fueron detenidos por la administración Trump alegando “razones de seguridad nacional”. Sin embargo, un juez federal en Washington, D.C., permitió la reanudación de la construcción, alegando que el gobierno no presentó argumentos suficientes para justificar su suspensión.
Empire Wind está diseñado para alimentar más de 500,000 hogares en Nueva York y ya tiene un 60% de avance. La empresa advirtió que paralizar el proyecto habría significado pérdidas económicas enormes y problemas logísticos irreversibles debido a la naturaleza especializada de las embarcaciones utilizadas.
La cruzada de Trump contra la energía eólica
Desde su primer mandato, Donald Trump ha sido un feroz crítico de la energía eólica. La ha calificado como "una industria que mata pájaros" y ha cuestionado su rentabilidad y efecto visual en el paisaje: “Los parques eólicos son perdedores”, ha dicho.
Estos comentarios han dejado de ser únicamente retórica y se han materializado en políticas. Días antes de Navidad de 2025, la administración Trump ordenó detener cinco grandes proyectos eólicos marinos, incluyendo:
- Empire Wind (Equinor)
- Revolution Wind (Orsted)
- Sunrise Wind (Orsted)
- Coastal Virginia Offshore Wind (Dominion Energy)
- Vineyard Wind (Avangrid y Copenhagen Infrastructure Partners)
De todos, Revolution Wind y Empire Wind ya lograron fallos judiciales para continuar. Los demás están en procesos legales abiertos.
¿Qué está en juego?
Los proyectos offshore son piezas clave para que estados como Nueva York, Massachusetts y Rhode Island cumplan con sus metas climáticas ante la falta de espacio y recursos para desplegar aerogeneradores o paneles solares en tierra. Por ejemplo, el parque Revolution Wind cubrirá el 20% del consumo eléctrico de Rhode Island y el 5% de Connecticut.
En total, los proyectos pausados tenían capacidad para abastecer a más de 2.5 millones de hogares y generar más de 20,000 empleos directos e indirectos durante su construcción y operación.
Las razones tras la “seguridad nacional”
El gobierno de Trump ha justificado su decisión apelando a preocupaciones sobre la operación de los aerogeneradores, pero el juez Carl J. Nichols —nombrado por el propio Trump— cuestionó esa interpretación: “No veo cómo puede hacerse esta distinción entre construcción y operación”, comentó durante la audiencia.
Esto ha despertado críticas sobre el uso político de argumentos sin respaldo técnico claro con el objetivo de sabotear la expansión de las energías limpias.
¿Un déjà vu político eólico?
Este no es el primer enfrentamiento entre Trump y la energía eólica. En 2006, cuando aún era empresario, Trump presentó una intensa batalla legal en Escocia contra un parque eólico marino que estaría frente a su campo de golf en Aberdeenshire, calificando los aerogeneradores como “feos y destructivos”. Perdió el caso en la Suprema Corte británica en 2015.
El rol de los tribunales como barrera de contención
Paradójicamente, los jueces nombrados por Trump han sido quienes han detenido parcialmente su cruzada contra los parques eólicos. Además del fallo de Nichols sobre Empire Wind, el juez Royce Lamberth, encargado del caso Revolution Wind, sostuvo que la administración no justificó la necesidad de una pausa total para continuar investigaciones de seguridad.
Los próximos días serán cruciales para ver si esta tendencia se mantiene o cambia con futuras audiencias sobre los proyectos restantes.
El impacto financiero: retrasos con costos millonarios
Equinor alertó que cada día de retraso en la construcción disminuye seriamente la viabilidad económica del proyecto. La compañía enfrenta altas tarifas por los buques especializados ya contratados, que deben moverse a otras obras si no pueden operar a tiempo.
En paralelo, el desarrollador danés Orsted compartió preocupaciones similares para su proyecto Sunrise Wind. La incertidumbre política podría reducir el apetito de inversión en futuros desarrollos de energía limpia en Estados Unidos.
Un Estado dividido: impulsos verdes vs política roja
La situación evidencia la división entre administraciones estatales que construyen marcos ambiciosos para alcanzar emisiones netas cero y un gobierno federal —bajo Trump— que no solo los cuestiona, sino que activa frenos unilaterales.
Estados como Nueva York han legislado metas para reducir su huella de carbono en 85% hacia 2050, pero sin proyectos eólicos marinos, la meta se vuelve poco realista. La gobernadora Kathy Hochul calificó las suspensiones como “una intromisión federal inaceptable en nuestra estrategia energética”.
¿Qué podemos aprender de Europa?
Mientras Estados Unidos debate, Europa avanza. Según datos de WindEurope, al cierre de 2023, Europa ya tenía más de 30 GW de capacidad instalada eólica marina, con líderes como el Reino Unido, Alemania y los Países Bajos. En comparación, EE.UU. apenas superaba los 50 MW conectados.
El primer gran parque eólico estadounidense, Block Island Wind Farm, fue inaugurado en 2016 con apenas cinco turbinas. Ocho años después, EE.UU. sigue sin despegar frente al modelo europeo, que combina subsidios, apoyo institucional y voluntad política para acelerar la transición energética.
El futuro de los mares americanos: entre la descarbonización y el negacionismo
En la batalla energética se están enfrentando dos modelos: uno centrado en la descarbonización mediante inversiones públicas y privadas en renovables, y otro anclado en los intereses ligados a combustibles fósiles, nostalgia industrial e ideología anti-ecológica.
Trump busca mantener su narrativa de que las energías limpias son una amenaza, no una oportunidad. Pero los hechos, las cifras y el contexto climático dicen lo contrario: el viento offshore puede ser, más que una corriente de aire político, una fuerza clave para el desarrollo sostenible de EE.UU.
Como sentenció Molly Morris, vicepresidenta ejecutiva de Equinor: “Queremos construir este proyecto y entregar una fuente de energía esencial para Nueva York”. El tiempo dirá si el viento soplará a favor del futuro o retrocederá hacia el pasado.
