¿Jaque al mapa electoral? La lucha de Virginia por el poder político en la era del rediseño de distritos
El Senado estatal aprueba una enmienda que podría cambiar radicalmente la representación en la Cámara de Representantes de EE.UU., en medio de una creciente guerra nacional por el gerrymandering
Por años, el rediseño de distritos legislativos ha sido el arma preferida en la batalla por el control político en Estados Unidos. Y ahora, Virginia se ha convertido en el nuevo epicentro de esta lucha, al aprobarse en su Senado estatal una propuesta de enmienda constitucional que permitiría un proceso excepcional: dibujar nuevamente los distritos congresionales en pleno ciclo medio del censo.
Una reconfiguración que podría alterar la Cámara de Representantes
La propuesta, impulsada mayormente por los demócratas, permitiría modificar las líneas distritales antes de lo contemplado originalmente por la Constitución estatal, cuya norma tradicional impide más de un rediseño por década, excepto tras el censo nacional. Esta maniobra política apunta a nivelar la balanza tras una serie de decisiones similares (pero con sesgo republicano) en estados como Texas, Ohio y Carolina del Norte.
Pero aún hay mucho por definirse. El mapa propuesto aún no ha sido difundido públicamente, aunque se espera que se presente antes del referéndum electoral previsto, probablemente, en abril. Cia Price, delegada demócrata por Newport News, insistió el miércoles que “los votantes verán los mapas antes de su voto”.
¿Una respuesta al rediseño partidista de otros estados?
Para entender la decisión de Virginia, hay que mirar al tablero nacional. Donald Trump, expresidente republicano, presionó en 2023 a los legisladores de Texas para redibujar los distritos en beneficio del Partido Republicano. Este movimiento desencadenó una ola de redistricting en estados afines al GOP, como Misuri, Ohio y Carolina del Norte. Como resultado, los republicanos esperan ganar nueve escaños adicionales en la Cámara, mientras que los demócratas estiman sumar seis, según análisis parciales.
Por su parte, estados controlados por los demócratas también movieron ficha: California aprobó un mapa beneficioso para sus representantes, mientras que un juez en Utah adoptó un diseño que favorece al Partido Demócrata. La batalla alcanza dimensiones inéditas, con múltiples litigios abiertos y posibles modificaciones adicionales en Florida, Illinois y Maryland.
Las fracturas internas en ambos partidos
El fenómeno del rediseño distrital no es, sin embargo, un frente unificado dentro de los partidos. En Indiana, por ejemplo, el Senado estatal de mayoría republicana rechazó propuestas que habrían asegurado representaciones totalmente dominadas por el GOP. En Kansas, la idea de celebrar una sesión especial para rediseñar distritos murió sin apoyo claro.
Virginia se ubica ahora en el cruce de esta tormenta política. Actualmente, su delegación en la Cámara de Representantes de EE.UU. está conformada por seis demócratas y cinco republicanos, resultado de un mapa impuesto por los tribunales luego del fracaso de una comisión bipartidista creada tras un referéndum en 2020 que buscaba poner fin al gerrymandering.
El referéndum y la letra chica del cambio
La nueva enmienda constitucional, aprobada por el Senado estatal el viernes en una votación estrictamente partidista, constituye un cambio temporal: solo estaría vigente hasta 2030. Además, contiene una cláusula de activación condicional: los legisladores de Virginia solo podrán redibujar distritos si otros estados lo hacen.
Este punto es fundamental para los demócratas que defienden la equidad, pero también es lo que los republicanos califican como represalia política encubierta. Así lo expresó el líder de la minoría republicana del Senado estatal, Ryan McDougle: “Los republicanos en Indiana se resistieron a las presiones políticas y dijeron: ‘No jugaremos a estos juegos’”.
Por su parte, el líder de la mayoría demócrata en el Senado, Scott Surovell, argumenta que los demócratas se ven obligados a responder de este modo: “Cuando otros estados ‘arreglan’ elecciones a su favor, nuestro compromiso con la imparcialidad se convierte en un acto de desarme unilateral”.
Gerrymandering: ¿herramienta legítima o veneno democrático?
Los críticos del rediseño condicional consideran que el gerrymandering es un arma de doble filo. Mientras una parte del espectro político lo ve como una forma legítima de responder a agresiones previas, otros lo consideran una amenaza existencial para la democracia representativa.
El profesor Michael McDonald, de la Universidad de Florida, experto en ciencias políticas y autor del United States Elections Project, lo resumió así en una entrevista reciente con NPR:
“El problema no es redibujar los mapas en sí, sino hacerlo para garantizar que ciertos partidos ganen, esquilmando la capacidad de competencia real en distritos clave. Así se eleva el conflicto político fuera del alcance de los votantes.”
El caso de Virginia es paradigmático porque el estado ha hecho esfuerzos previos para eliminar el gerrymandering. En 2020, una coalición cívica impulsó una enmienda constitucional que creó una comisión bipartidista con la misión explícita de diseñar mapas justos. Sin embargo, el experimento fracasó: ni los representantes republicanos ni los demócratas pudieron llegar a un acuerdo, lo que desembocó en intervención judicial.
La gobernadora electa y el futuro del mapa
Abigail Spanberger, demócrata recientemente electa como gobernadora, ha respaldado la idea del nuevo proceso de rediseño, aunque se mantiene prudente en cuanto al contenido del plan. “Al final, será decisión del pueblo de Virginia decidir si quiere avanzar con el referéndum”, dijo.
Es una postura calculada, pues Spanberger fue elegida en base a una coalición de votantes moderados del norte de Virginia y progresistas del área metropolitana de Richmond. Su apoyo (o falta del mismo) podría influir en el desenlace del referéndum planeado para abril.
El cuadro más amplio: un Congreso en la cuerda floja
Todo esto ocurre a la luz de una matemática volátil en la Cámara de Representantes federal, donde los márgenes de mayoría son mínimos. En la legislatura actual, una diferencia de tres o cuatro escaños podría significar la victoria o la parálisis legislativa.
En ese contexto, el debate en Virginia no es anecdótico. Es la continuación de una extensa guerra de trincheras donde cada estado actúa como una ficha de dominó en busca de modificar el balance nacional de poder.
¿Qué viene ahora?
- A fines de mes: se espera que los legisladores publiquen las versiones preliminares de los mapas.
- Abril: si se cumplen los plazos, el referéndum estatal ocurrirá ese mes.
- Riesgo litigioso: es muy probable que cualquier aprobación de la enmienda desate demandas por parte de organizaciones independientes y potencialmente de los propios republicanos.
El caso de Virginia marca un punto de inflexión, pues podría establecer un nuevo modelo de “rediseño sistemático reactivo”, donde cada partido copie las estrategias del otro en respuesta a intervenciones previas en otros estados.
En palabras del senador Scott Surovell:
“No se trata de querer gerrymandering, sino de no quedarse cruzados de brazos mientras otros manipulan el juego.”
El referéndum de primavera no solo dictará el futuro político del estado de Washington a Virginia Beach, sino que podría alterar —de forma duradera— el tipo de democracia que se practica en Estados Unidos.