El conflicto por el Nilo: el poder del agua, la diplomacia fallida y el papel de Trump

Cómo la represa GERD en Etiopía ha desatado tensiones con Egipto, y por qué la mediación de Estados Unidos bajo Trump sigue siendo polémica

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En el corazón de África Oriental, a orillas del Nilo Azul, se erige una de las infraestructuras más ambiciosas en la historia moderna del continente: la Gran Represa del Renacimiento Etíope (GERD, por sus siglas en inglés). Este megaproyecto de 5.000 megavatios de capacidad eléctrica no solo simboliza las aspiraciones energéticas de Etiopía, sino que ha catalizado una crisis geopolítica regional que involucra a Egipto y Sudán y, una vez más, llama la atención de la diplomacia estadounidense—dirigida por el polémico expresidente Donald Trump.

¿Qué es la represa GERD y por qué genera conflicto?

Situada en el Nilo Azul, cerca de la frontera con Sudán, GERD es considerada la represa más grande de África. Su construcción fue iniciada por Etiopía en 2011 con el objetivo de resolver su déficit energético, aumentar la electrificación del país y fomentar su progreso económico, beneficiando a más de 60% de su población que vive sin acceso regular a electricidad.

Pero lo que para Etiopía es progreso, para Egipto representa una amenaza existencial. Egipto depende en más de un 90% del Nilo para el agua que utiliza en la agricultura, consumo humano e industria, y teme que la operación de GERD reduzca el flujo que llega a su territorio.

“Etiopía construyó la represa unilateralmente sin notificación previa, consultas adecuadas ni consenso con los países aguas abajo, constituyendo una grave violación del derecho internacional,” dijo Tamim Khallaf, vocero del Ministerio de Asuntos Exteriores de Egipto antes de la inauguración de la represa en septiembre de 2025.

Sudán, que geográficamente se encuentra en medio del conflicto, ha oscilado entre el interés por beneficiarse del control de inundaciones y la mejora energética, hasta la preocupación técnica sobre el impacto en sus represas y agricultura.

Trump, el mediador improbable

Durante su primer mandato, Donald Trump intentó mediar en este conflicto complejo. Las conversaciones iniciadas por Estados Unidos en 2019 parecían prometer un punto de inflexión, pero se colapsaron en 2020 cuando Etiopía abandonó las negociaciones al considerar que Washington mostraba parcialidad hacia Egipto. El proceso fue luego retomado, con menor intensidad, por la Unión Africana.

El exmandatario, sin embargo, no se ha rendido. En una misiva reciente enviada al presidente egipcio Abdel-Fattah el-Sissi, Trump expresó: “Estoy listo para reiniciar la mediación entre Egipto y Etiopía para resolver responsablemente el tema del ‘Reparto de aguas del Nilo’ de una vez por todas.”

Trump incluso ha llegado a afirmar que su intervención evitó una guerra entre ambas naciones, aunque los registros internacionales no confirman ni enfrentamientos armados ni declaraciones formales de conflicto, más allá de la creciente tensión diplomática.

Agua como recurso geopolítico

El conflicto por GERD es mucho más que una disputa entre tres países. El agua, en especial en regiones áridas y semiáridas, se está convirtiendo rápidamente en un recurso estratégico, al nivel del petróleo o cualquier otra riqueza natural.

El Nilo, el río más largo del mundo, nace en el corazón de África y atraviesa 11 países. Su cuenca ha sido históricamente fuente de cooperación e incluso opulencia para civilizaciones milenarias. Pero con el crecimiento poblacional, la urbanización y el cambio climático, el equilibrio se ha vuelto delicado.

Estados firmantes del Acuerdo sobre las Aguas del Nilo de 1929 y 1959, que otorgaba a Egipto y Sudán derechos privilegiados, son cuestionados por los países que se encuentran río arriba, como Etiopía, que nunca los suscribió y ahora defiende su derecho al desarrollo.

¿Qué está en juego para Egipto y Etiopía?

Para Egipto, GERD plantea una doble amenaza: la potencial disminución del caudal del Nilo y la pérdida del control que históricamente ha tenido sobre la fuente de su vida económica. Según un reporte publicado por el International Crisis Group, una pérdida de apenas 5% en el suministro de agua podría costarle a Egipto más de US$1.8 mil millones anualmente solamente en sector agrícola.

En contraste, Etiopía defiende el proyecto desde el desarrollo soberano. La represa, valorada en más de US$4.5 mil millones, ha sido financiada principalmente por el Estado y contribuciones de ciudadanos, eliminando así la influencia directa de instituciones como el Banco Mundial. La energía generada podría permitirle exportar electricidad a países vecinos como Sudán del Sur, Yibuti y Kenia.

“Esta represa es nuestra, y decidiremos cómo usarla sin que nadie nos diga lo contrario”, ha proclamado en discurso el primer ministro etíope Abiy Ahmed, premiado con el Nobel de la Paz en 2019.

¿Puede Trump hacer una diferencia?

Trump ha convertido su estilo de mediación en una herramienta de autopromoción. Sus afirmaciones sobre haber “resuelto ocho guerras”, incluyendo presuntas tensiones entre Tailandia y Camboya, indican que su noción de diplomacia muchas veces gira más en torno a la narrativa que a los resultados verificados.

Volver a involucrarse en la mediación entre Egipto y Etiopía podría ser una apuesta arriesgada. En su primer intento, Trump sugirió que Egipto tenía derecho a “volar la represa”, comentario que generó indignación tanto en Etiopía como entre diplomáticos internacionales.

¿Es posible entonces una mediación imparcial bajo su liderazgo? Con las elecciones presidenciales de EE. UU. por delante y su enfoque nacionalista en política exterior, surgen dudas tanto sobre su compromiso como su credibilidad en la región.

Geopolítica del agua: el siglo XXI y los conflictos hídricos

El caso del Nilo no es aislado. Más de 270 cuencas hidrográficas transfronterizas existen en el mundo, donde varias naciones comparten fuentes de agua sin acuerdos claros. Desde el Tigris y el Éufrates en Medio Oriente hasta el Indo entre India y Pakistán, los recursos hídricos han sido y seguirán siendo fuente de rivalidades diplomáticas.

Según un estudio del Banco Mundial, el 40% de la población global vive en cuencas compartidas, y más de 2.000 millones de personas enfrentan escasez de agua severa. Esto apunta a una inminente era de conflictos por agua, donde la diplomacia, el derecho internacional y las tecnologías de conservación jugarán papeles decisivos.

El rol de instituciones internacionales

Varios actores externos han tratado de intervenir en la cuestión GERD. La Unión Africana asumió las conversaciones tras el fracaso de EE. UU., procurando una solución “africana para un problema africano”, pero sin resultados concretos. La ONU ha manifestado preocupación sobre la intensificación del conflicto pero ha actuado más bien de forma marginal hasta ahora.

La falta de un tratado vinculante contemporáneo que regule el uso del Nilo entre todos los países involucrados dificulta aún más cualquier resolución duradera.

¿Qué alternativa hay a los conflictos?

Numerosos expertos defienden que, si bien el agua puede ser causa de guerra, también puede ser una herramienta de paz. La solución consiste en diseñar mecanismos de uso compartido, planes de llenado paulatino de la represa, y cláusulas de emergencia cuando haya sequías.

Un modelo a seguir podría ser el de otras cuencas como la del Danubio en Europa, donde 14 países han conseguido acuerdos funcionales que equilibran intereses.

La clave está en transitar de una lógica de soberanía absoluta a una de gestión conjunta. Eso implica voluntad política, mediadores creíbles e instituciones robustas que velen por el cumplimiento de acuerdos.

¿Y ahora qué?

Mientras Trump promueve su retorno como gran negociador internacional, GERD sigue llenándose lentamente. Con cada metro cúbico añadido al embalse, crece la urgencia de un acuerdo diplomático viable. Porque en el siglo XXI, el oro azul —el agua— podría desencadenar crisis tanto o más graves que el petróleo del pasado.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press