Gaza, entre la reconstrucción prometida y el duelo interminable: un análisis del nuevo comité palestino
Mientras un comité tecnocrático busca liderar la transición bajo la supervisión de EE. UU., la violencia en el terreno y las continuas muertes plantean enormes dudas sobre el futuro de Gaza
Por Redacción Mundo — ANÁLISIS
Una nueva era política para Gaza ¿o una ilusión más?
El anuncio del Comité Nacional para la Administración de Gaza, un órgano tecnocrático palestino respaldado por Estados Unidos y liderado por Ali Shaath, ha despertado expectativas entre los habitantes del enclave asediado. Pero esas esperanzas chocan frontalmente con la cruda realidad diaria: desplazamiento masivo, infraestructura arrasada y una frágil paz sostenida con alfileres tras la última guerra de dos años entre Israel y Hamás.
Desde El Cairo, Shaath —exfuncionario de la Autoridad Palestina y originario de Gaza— declaró que la reconstrucción podría tardar aproximadamente tres años, priorizando primero la vivienda y otras necesidades inmediatas. “El pueblo palestino esperaba este comité, su establecimiento y su trabajo para rescatarlos”, afirmó en una entrevista televisiva con el medio estatal egipcio Al-Qahera News.
La sombra de Trump sobre Gaza
En un giro geopolítico significativo, Donald Trump, en su segundo mandato presidencial, expresó públicamente su apoyo al comité, afirmando que se encargará de gestionar los asuntos del día a día bajo un ente supervisor denominado Junta de la Paz, todavía no compuesta oficialmente. Su mensaje en redes sociales dejó en claro que busca tener un rol directo en la transición gazatí.
La implicación de Trump —un personaje polarizador tanto en la política estadounidense como internacional— ha encendido alarmas entre analistas y sectores palestinos. ¿Qué significa realmente el apoyo de Washington a este comité? ¿Es una garantía de estabilidad o simplemente una herramienta de control geopolítico disfrazada de asistencia humanitaria?
Ceasefire, desplazamiento y un mar de escombros
Con el reciente cese al fuego del 10 de octubre, las tropas israelíes se han retirado a las líneas demarcadas al este del enclave, conocidas como Línea Amarilla. Esta retirada ha permitido el retorno de miles de palestinos desplazados que, al llegar a sus lugares de origen, solo encontraron escombros o estructuras inhabitables.
Según datos de la ONU, cerca del 65% de las viviendas en Gaza han sido destruidas o severamente dañadas desde el inicio de la guerra. Hospitales, sistemas de agua, electricidad y escuelas han sido igualmente afectados.
Niñez robada: la tragedia de los menores palestinos
El mismo día del anuncio en El Cairo, la violencia estalló de nuevo, esta vez en múltiples puntos del territorio palestino. En la Franja de Gaza, dos menores —una niña de 7 años y un joven de 16— fueron asesinados cerca de Beit Lahia, al borde de la Línea Amarilla. Sus cuerpos fueron transportados al hospital Al-Shifa, pero sin detalles adicionales.
En la Cisjordania ocupada, otro niño palestino, Mohammad Na’san, de 14 años, fue asesinado por fuerzas israelíes en la localidad de Al-Mughayyir, al este de Ramala. Según residentes, los soldados dispararon contra pobladores que apenas salían de la mezquita tras las oraciones del viernes. “Las calles estaban llenas de niños y ancianos cuando comenzaron a disparar sin parar”, denunció Ameen Abu Aliya, presidente del consejo local, en declaraciones que hielan la sangre.
De acuerdo con la ONU, en 2025 fueron asesinados 240 palestinos por fuerzas israelíes o colonos en la Cisjordania ocupada, incluidos 55 menores. En contraste, 17 israelíes —entre ellos un niño— murieron en ataques palestinos ese mismo año.
¿Qué puede lograr realmente el comité?
El comité, con un enfoque eminentemente técnico, tiene el cometido de iniciar la reconstrucción y reactivar servicios vitales. Sin embargo, sin un marco político legítimo y sin resolver las raíces del conflicto —ocupación, bloqueo y falta de autodeterminación— es difícil imaginar un cambio real.
La pregunta que surge es: ¿es este nuevo ente simplemente un paliativo para contener el caos momentáneo o puede realmente sentar las bases para una administración autónoma palestina en Gaza?
El escepticismo de la sociedad civil
Organizaciones de derechos humanos han señalado que cualquier entidad gestora de Gaza debe surgir del consenso y representar a la población palestina, no imponerse bajo supervisión extranjera.
Sarah Leah Whitson, exdirectora de Human Rights Watch para Medio Oriente, advirtió en una entrevista reciente: “Los experimentos de administración ajena en Gaza no han funcionado antes y no funcionarán ahora si ignoran el derecho de los gazatíes a escoger a sus propios líderes”.
Intervención estadounidense: ¿humanitarismo o neocolonialismo?
El rol protagonista de EE. UU. y especialmente del presidente Trump en esta iniciativa levanta interrogantes sobre sus auténticas intenciones. Washington ha sido históricamente el principal aliado militar y diplomático de Israel, y su credibilidad entre los palestinos es mínima.
¿Puede un actor que ha vetado más de 45 resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU condenando a Israel ahora actuar como garante de la paz?
El contexto internacional no es alentador
Mientras Gaza intenta reconstruirse bajo esta nueva gestión, otras partes de la región también están sumidas en el caos. En Libia, por ejemplo, una banda criminal fue recientemente conectada con la desaparición y muerte de 21 migrantes, cuyos restos aparecieron en una fosa común. Las mafias de tráfico humano han encontrado en los vacíos de poder lugares fértiles para sus operaciones deshumanizantes.
Estos paralelismos regionales revelan un patrón continuo de ausencia estatal efectiva, manipulación de poblaciones vulnerables e intervención internacional ambigua.
La urgencia de cambiar el enfoque
Aunque el comité tecnocrático puede ofrecer mejoras técnicas y resolver asuntos inmediatos, lo cierto es que Gaza necesita algo más profundo: una solución política integral que incluya el levantamiento del bloqueo, justicia para las víctimas de crímenes de guerra y el respeto a la soberanía palestina.
En palabras del analista palestino Khaled Elgindy, del Middle East Institute: “Quien piense que Gaza puede reconstruirse solo con ladrillos y cemento, sin una solución política, no ha entendido nada del conflicto”.
Y mientras tanto, los niños mueren
La paradoja de reconstruir mientras continúa la represión y la ocupación es dolorosa. La muerte de menores como Mariam (7 años), Yusef (16) y Mohammad (14) no son ‘daños colaterales’, sino símbolos trágicos de una guerra que destruye cuerpos, familias y esperanzas.
Gaza no necesita solo un comité, necesita justicia, necesita esperanza con raíces políticas y sociales profundas, no solo estructuras administrativas respaldadas por lejanas capitales.
