Irán en la encrucijada: resistencia kurda, exilio e insurrección popular

Mientras crece la represión en Irán, la lucha armada kurda y las protestas en el exilio alimentan el sueño de un futuro sin dictadura

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La violencia como respuesta del régimen iraní

Desde finales de diciembre, Irán vive una de las oleadas de protestas más intensas desde la Revolución Islámica de 1979. Los manifestantes, hartos de décadas de represión, corrupción y desigualdad, han salido a las calles desafiando al régimen de los ayatolás. La respuesta ha sido brutal: más de 2.670 personas muertas según activistas y organizaciones de derechos humanos, un número difícil de verificar por el apagón digital impuesto por Teherán.

Este contexto de represión ha reavivado la actividad de grupos disidentes, muchos de ellos con bases en la región autónoma kurda del norte de Irak. El más visible en esta coyuntura es el Partido por la Libertad de Kurdistán (PAK), formación separatista kurda-iraní que ha declarado haber lanzado ataques contra la Guardia Revolucionaria en represalia por la muerte de manifestantes en las provincias kurdas de Irán.

PAK: entre la lucha armada y el exilio

El portavoz del PAK, Jwansher Rafati, declaró que sus combatientes actuaron directamente en Kermanshah, Ilam y Firuzkuh, respondiendo al asesinato indiscriminado de civiles por parte del régimen:

“Cuando supimos que la Guardia Revolucionaria estaba disparando directamente a manifestantes, nuestras unidades en Irán respondieron con operaciones armadas que causaron daños significativos.”

Si bien el grupo asegura que no ha movilizado fuerzas desde Irak —para evitar probables represalias—, sí anticipa que Irán podría lanzar ataques sobre sus bases en territorio iraquí.

La actividad armada del PAK marca una diferencia respecto de otros momentos de tensión, como durante la guerra entre Israel e Irán en 2025, cuando ni este grupo ni otros opositores recurrieron a las armas. De hecho, tras un acuerdo bilateral entre Bagdad y Teherán en 2023, estos grupos habían sido desmovilizados y reubicados en campamentos más alejados de la frontera. Pese a ello, permanecieron políticamente activos y, como ahora queda demostrado, militarmente listos.

La diáspora iraní: impotencia, protesta y esperanza

El eco de la represión no se queda en Irán. En Berlín, París, Londres y otras capitales europeas, miles de iraníes exiliados no han cesado de manifestarse. Anahita Safarnejad, de 34 años, se ha convertido en una figura destacada en estas protestas. “¡No más dictadura en Irán, los mulás deben caer!”, gritó ante cientos de compatriotas en una reciente manifestación en Berlín.

La angustia personal impulsa su activismo. Desde que se interrumpieron las comunicaciones con Irán, no ha podido contactar a su hermano, también manifestante. “Revisar videos de cuerpos apilados esperando no encontrarlo entre ellos se ha convertido en parte de mi rutina”, compartió entre lágrimas.

Más de 300.000 iraníes en Alemania viven con esa dualidad: la aparente normalidad de exilio y la ansiedad constante por el destino de sus seres queridos. Cafeterías como el Hedayat Café, fundado por Mehregan Maroufi, se han transformado en refugios psicológicos para compartir el dolor y la esperanza.

El dilema del futuro político

Mientras la urgencia de derrocar al régimen islámico une a los exiliados, el futuro que imaginan para Irán aún genera debates encendidos. Algunos, como Adeleh Tavakoli, de 62 años, militante en Londres, claman por el retorno del Príncipe Reza Pahlavi, hijo del último Shah de Irán:

“Nuestro país fue secuestrado por terroristas. Queremos recuperar nuestra libertad. Estoy lista para el primer vuelo de regreso si vuelve nuestra monarquía.”

Desde una visión más institucional, Maral Salmassi, fundadora del Zera Institute en Berlín, sostiene que Irán necesita una monarquía constitucional: “Nuestra identidad cultural gira en torno a figuras reales. Necesitamos una institución simbólica que una a todos los pueblos iraníes.”

No todos coinciden. Maryam Nejatipur, de 32 años, considera que la concentración de poder en una sola figura es parte del problema: “No más cultos de personalidad como con Jomeini o Jamenei. Queremos democracia real.”

El rol de Irán en Siria: un frente paralelo

Mientras lidia con la disidencia interna, Irán también mantiene su influencia regional, especialmente en Siria. En la ciudad siria de Deir Hafer, recientemente se registró el desplazamiento de miles de civiles huyendo de posibles enfrentamientos entre fuerzas sirias pro-gobierno e insurgentes kurdos liderados por las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF), aliadas de EE.UU.

Las SDF están compuestas en parte por kurdos sirios y tienen lazos con grupos separatistas kurdos en Irán, lo que agrava la presión geopolítica sobre Teherán. La evacuación forzosa de civiles y la posible ofensiva militar por parte del gobierno sirio, apoyado por Irán, refuerzan el argumento de que la lucha kurda por autonomía es regional, no exclusivamente iraní.

Mientras tanto, los intereses de EE.UU. en la zona apuntan a contener las tensiones. Un convoy militar estadounidense fue avistado recientemente en Deir Hafer, aunque su rol y permanencia siguen siendo inciertos.

Las raíces del conflicto: décadas de represión

La historia reciente de Irán no puede entenderse sin remontarse a la Revolución Islámica de 1979, que derrocó al Shah y dio lugar a una teocracia chiita encabezada por el Ayatolá Ruhollah Jomeini. Desde entonces, las libertades civiles han estado sometidas a una férrea vigilancia, particularmente para las mujeres y las minorías étnicas como los kurdos, baluchis y árabes de Khuzistán.

Cada pocos años estalla una ola de protestas: en 1999, 2009, 2017 y 2019. Sin embargo, la actual se diferencia por su amplitud y persistencia. La participación masiva de mujeres, jóvenes y minorías ha roto barreras socioculturales y apuntalado un sentimiento nacional que exige dignidad, libertad y derechos humanos.

La represión se ha intensificado con los años: cierre de internet, ejecuciones públicas y arrestos masivos. Organizaciones como Iran Human Rights han documentado violaciones sistemáticas a los derechos humanos, mientras que organismos internacionales condenan la escalada de violencia de Teherán.

Kurdiscat: autonomía o independencia

Entre los kurdos, la lucha por un “Kurdistán libre” implica tanto ambición cultural como prerrogativas políticas. Con una población estimada de 30-40 millones repartida entre Turquía, Irán, Siria e Irak, los kurdos son una de las mayores naciones sin Estado del mundo.

Grupos como el PAK arguyen que sin autonomía política y reconocimiento de la lengua y cultura kurda, la represión jamás cesará. No todos abogan por la independencia total: algunos buscan el federalismo dentro de Irán; otros apuestan por alianzas tácticas con movimientos nacionales iraníes para un cambio de régimen.

Sin embargo, la presencia histórica de los kurdos en conflictos armados —como contra el Estado Islámico, donde lucharon junto a EE.UU. y milicias chiitas proiraníes— les brindó experiencia militar, pero también los puso en la mira de Ankara, Damasco y Teherán.

¿Una primavera iraní?

Con un régimen presionado interna y externamente, y con el PAK incrementando su actividad armada, la pregunta clave es si esta rebelión podrá derrocar al sistema clerical imperante.

El miedo de muchos, tanto dentro como fuera de Irán, es que una transición mal gestionada repita errores como los cometidos en la Primavera Árabe. Aun así, la energía y la valentía mostradas por los jóvenes, mujeres y minorías hace pensar que un nuevo Irán es posible. Como dijo Anahita Safarnejad:

“No pertenezco a ningún partido. Solo estoy aquí por los derechos humanos, por la libertad.”

En las manos del pueblo —y no de mesas de negociadores extranjeros— parece residir la verdadera llave del futuro del país persa.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press