Ucrania y Rusia: Una guerra energética en pleno invierno

Los ataques sistemáticos de Rusia contra la infraestructura eléctrica ucraniana agravan aún más una crisis humanitaria en medio de temperaturas gélidas

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La energía como arma de guerra en el conflicto ruso-ucraniano

En medio de un crudo invierno que ha registrado temperaturas de hasta -18°C, Ucrania enfrenta uno de sus mayores desafíos: mantener el suministro de energía tras más de 600 ataques rusos a su infraestructura eléctrica desde el inicio de la guerra en 2022. Así lo denunció recientemente el primer ministro ucraniano Denys Shmyhal ante el Parlamento.

"Nadie en el mundo ha enfrentado un desafío así", dijo Shmyhal, subrayando una verdad escalofriante: ninguna planta eléctrica ucraniana ha quedado al margen de esta ofensiva.

Esta nueva fase del conflicto, calificada por funcionarios ucranianos como una estrategia para “usar el invierno como arma”, intensifica el sufrimiento humano y busca socavar la moral del pueblo ucraniano frente a la agresión del Kremlin. En esta batalla energética, la electricidad se ha convertido en un bien tan preciado como el alimento o las armas.

Sin calefacción y sin luz: el nuevo rostro del sufrimiento civil

Para millones de ucranianos, la vida cotidiana está cada vez más marcada por apagones prolongados, ausencia de calefacción y el miedo constante de los bombardeos nocturnos. Las condiciones han empeorado considerablemente con las temperaturas azotando las regiones invadidas, configurando la que podría ser, según Cruz Roja, “el invierno más duro desde el inicio del conflicto”.

Jaime Wah, vicepresidente de la delegación del Comité Internacional de la Cruz Roja en Kyiv, advirtió que se trata de una “crisis humanitaria al borde del colapso con millones de personas al límite tras años de violencia y escasez económica”.

Shmyhal ha exhortado a toda la población a conservar energía. Propuso una campaña ciudadana donde los negocios apaguen luces y decoraciones exteriores con el lema: “Si tienes energía de sobra, dásela al pueblo”.

Medidas extraordinarias ante una emergencia sin precedentes

En respuesta al colapso energético, el gobierno ucraniano ha adoptado medidas de emergencia como:

  • Flexibilización de los toques de queda para permitir a la población acceder a centros de calefacción públicos.
  • Prioridad eléctrica para hospitales, escuelas y servicios esenciales.
  • Instrucciones a empresas estatales como Naftogaz y Ukrzaliznytsia de importar suficiente energía para cubrir al menos el 50% de su consumo.

En paralelo, la ayuda internacional sigue siendo vital. Reino Unido, por ejemplo, anunció el viernes un apoyo adicional de 20 millones de libras esterlinas (unos $27 millones) para reparación de la infraestructura energética ucraniana, como parte de su “asociación de 100 años” con Ucrania.

El caso Euroclear: activos rusos congelados en juego

Mientras Ucrania trata de resistir, el frente económico del conflicto también se calienta. Este viernes comenzó en Moscú un juicio entre el Banco Central de Rusia y la cámara de compensación financiera Euroclear, con sede en Bruselas. Rusia reclama la devolución de 18,2 billones de rublos (unos $232.000 millones) en pérdidas tras el congelamiento de sus activos como parte de las sanciones impuestas por la Unión Europea.

La UE ha bloqueado un total de 210.000 millones de euros en activos rusos desde 2022, de los cuales unos 193.000 millones están en manos de Euroclear. Moscú considera esta acción como una violación al principio de inmunidad soberana de los activos y planea contraatacar judicialmente.

En un giro reciente, Bruselas abandonó la propuesta inicial de utilizar directamente estos fondos congelados para ayuda ucraniana y optó por emitir bonos por €90.000 millones, una alternativa que busca reducir el riesgo de represalias rusas.

Una guerra prolongada con líneas de batalla visibles e invisibles

La línea de frente militar se extiende por más de 1.000 kilómetros, pero la verdadera lucha parece desplazarse también al terreno económico y de infraestructura. Desde 2014, y más agresivamente tras febrero de 2022, Rusia ha conseguido controlar menos del 20% del territorio ucraniano. A falta de avances significativos en el campo de batalla, ha intensificado bombardeos selectivos contra la red eléctrica en un intento por debilitar la resistencia civil de largo plazo.

El contexto geopolítico y las dudas en Occidente

La ofensiva energética de Rusia se produce en un momento en que las perspectivas de resolución del conflicto siguen nubladas. A pesar de los esfuerzos diplomáticos liderados por Estados Unidos y Europa, no hay señales claras de una salida negociada. Incluso desde Rusia, el Kremlin se alinea con las declaraciones de Donald Trump respecto a que Ucrania estaría retrasando un eventual acuerdo de paz.

Esta narrativa encuentra eco en ciertos sectores de Occidente que comienzan a cuestionar el nivel de inversión militar y económica en Ucrania, justo en un año electoral clave en EE.UU., donde el discurso sobre “cuánto más apoyar” empieza a resonar en el Congreso.

¿Qué viene ahora?

Ucrania tiene ante sí una de las pruebas más difíciles de su historia reciente. La reconstrucción de su red eléctrica no solo dependerá de fondos y tecnología, sino de resiliencia social. Las ciudades están aprendiendo a organizarse con generadores colectivos, los ciudadanos adaptan sus rutinas y el gobierno trabaja sin descanso para evitar un colapso generalizado.

Queda por ver si el apoyo internacional continuará con la misma intensidad en 2024. En lo inmediato, lo que está claro es que la crisis energética, más allá de ser consecuencia del conflicto, es ya una herramienta de guerra en sí misma: fría, constante y eficaz.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press