¿Tope del 10% en tasas de tarjetas de crédito? Trump desafía a Wall Street
El plan del presidente para limitar las tasas de interés en tarjetas causa confusión, expectativas y resistencia en el sector financiero mientras se acerca la fecha límite
Un anuncio sorpresivo con amplio impacto
Hace apenas una semana, el presidente Donald Trump lanzó un bombazo económico al exigir públicamente que las compañías emisoras de tarjetas de crédito limiten sus tasas de interés a un máximo del 10%. Pero a solo días de la fecha límite, el 20 de enero, ni la industria, ni el Congreso ni los defensores de los consumidores parecen tener claro si esta idea va en serio, cómo se implementaría o si existe siquiera un plan concreto detrás de esta proclama.
Aunque la Casa Blanca no ha especificado aún qué consecuencias enfrentarían las empresas que no cumplan, la vocera de prensa Karoline Leavitt señaló el viernes que "el presidente tiene una expectativa, y francamente una demanda" de que se cumpla el tope del 10%.
¿De dónde viene esta idea?
La noción no es nueva: Trump ya había planteado esta propuesta durante su campaña presidencial de 2024. Investigadores que analizaron los efectos potenciales concluyeron que los estadounidenses podrían ahorrar alrededor de $100 mil millones anuales en intereses si este tope se concreta, sin que eso signifique necesariamente pérdidas para los bancos, aunque sí tendría consecuencias: el recorte de programas de recompensas y otros beneficios.
Un sistema que ya está en la mira
En Estados Unidos, el uso de tarjetas de crédito es masivo. De acuerdo a datos de la Reserva Federal, en 2023 los saldos totales acumulados por consumidores en tarjetas superaron los $1.13 billones, lo que representa un aumento histórico impulsado por la inflación postpandemia y el encarecimiento del crédito.
Las tasas actuales oscilan entre el 18% y el 30%, dependiendo del historial crediticio, los ingresos y el emisor. Imponer un tope del 10% sería una transformación radical de las reglas de juego.
El silencio estratégico de Wall Street
Los gigantes del dinero aún no saben cómo proceder. JPMorgan Chase, por ejemplo, indicó a través de su CFO Jeffrey Barnum que están preparados para usar “todos sus recursos” para evitar que este cambio prospere. Con unos $239.400 millones en saldos de tarjetas bajo su control, JPMorgan —con alianzas con United Airlines, Amazon e incluso Apple— tendría mucho que perder.
Citigroup, por su parte, fue más diplomático: si bien su CFO Mark Mason reconoció que “este tope no es algo que podamos apoyar”, también abrió la puerta a colaborar para buscar "soluciones a la asequibilidad".
Legislación, límites y realismo
Un gran obstáculo para Trump es el marco legal: la Ley Dodd-Frank (2010) prohíbe a ciertos reguladores imponer límites de usura en tarjetas emitidas por bancos nacionales. Cualquier imposición firme requeriría una ley del Congreso o una orden ejecutiva, ninguna de las cuales parece estar sobre la mesa —por ahora.
Trump ha optado históricamente por presionar públicamente a las industrias para que adopten sus deseos. Ya lo hizo con las farmacéuticas y compañías tecnológicas, con resultados mixtos. ¿Funcionará con Wall Street?
Divisiones políticas y legislativas
Mientras los portavoces republicanos en el Congreso han sido fríos o evasivos con respecto a legislar límites de tasas, hay propuestas bipartidistas pendientes, aunque congeladas. Demócratas y algunos republicanos moderados han introducido proyectos similares desde hace años, pero la dirigencia sigue sin agregar estos temas a las prioridades legislativas.
Paradójicamente, más allá del ruido político, la mayoría de los estadounidenses apoya algún tipo de tope a los intereses en tarjetas, según encuestas de Gallup y Pew Research. Incluso dentro del Partido Republicano, hay fracturas sobre hasta qué punto deben limitarse las prácticas de la industria financiera.
¿Y si las empresas no cumplen?
La gran incógnita es qué hará la Casa Blanca si el 20 de enero llega sin cambios. ¿Emitirá órdenes ejecutivas? ¿Habrá sanciones? Por ahora, todo se maneja en la ambigüedad del lenguaje político: "expectativas" y "exigencias", sin más.
Wall Street, acostumbrado a la desregulación de la era Trump, parece mostrarse reacio al combate abierto. Mientras tanto, el sistema de tarjetas sigue generando fortunas: las comisiones que los bancos imponen a comerciantes por cada transacción representan más del 15% de sus ingresos netos en tarjetas.
Algunas empresas nuevas avanzan
En un movimiento inesperado, la empresa fintech Bilt se adelantó a la industria lanzando una tarjeta que cifra en 10% la tasa durante un año. Aunque se trata de una promoción temporal, algunos analistas creen que esto podría marcar una “nueva era de presión pública” capaz de torcer el modelo bancario.
“Si el tope va a suceder, preferimos estar a la cabeza”, dijo su CEO Ankur Jain. Un mensaje que los demás emisores —bancos tradicionales incluyendo Bank of America y Capital One— no han acogido aún.
¿Una estratagema electoral?
Muchos analistas consideran que esta propuesta de Trump forma parte de una estrategia populista-electoral. Al atacar a las "grandes finanzas", intenta reconectar con la clase media trabajadora que sufre directamente el impacto de las tasas abusivas.
Pero al mismo tiempo, esta misma clase media se beneficia de los programas de puntos y recompensas que peligrarían con un recorte extremo en el margen de ganancias de Visa, Mastercard y los emisores bancarios.
Así, el intento por quedar bien con todos podría provocar el efecto contrario: una industria resentida y consumidores con menos beneficios.
¿Es viable un tope real?
En varios países, como Canadá (tasa media de 20%), España (17%) o Brasil (44%), existen mecanismos regulatorios o subsidios que mantienen las tasas de tarjetas dentro de cierto rango. Pero ninguno impone un tope tan bajo como el 10% que propone Trump.
Economistas como Elisabeth Morrissey de la Universidad de Georgetown advierten que “Un tope inferior al riesgo percibido por los bancos simplemente reducirá el acceso al crédito para los grupos más vulnerables.” Esto implicaría una mayor dificultad para que millones de estadounidenses obtengan tarjetas o líneas de crédito.
¿Y el futuro inmediato?
Mientras se acerca el 20 de enero, todo parece indicar que la iniciativa quedará en la incertidumbre. Sin una medida formal, los bancos no están legalmente obligados a reducir sus tasas. Aunque un puñado de empresas fintech podrían seguir por la vía de Bilt, las grandes instituciones financieras esperarán señales más decisivas de la administración federal.
Pero si Trump logra colocar este tema en el centro del debate político —cosa que ya hizo—, podría arrastrar a sus oponentes y aliados a posicionarse en un terreno incómodo: ¿defiendes a las megabancos o a los consumidores endeudados?
La jugada es de alto riesgo, pero podría convertirse en una de las promesas más disruptivas de su mandato.
