Canadá y China reescriben su relación: autonomía estratégica en tiempos de turbulencia global
La visita de Mark Carney a Pekín marca un giro en la política exterior canadiense: reapertura comercial, distanciamiento de Washington y una apuesta por la estabilidad en un mundo cada vez más incierto
Pekín, 2026 — La reciente visita del Primer Ministro de Canadá, Mark Carney, al presidente chino Xi Jinping no fue solamente una gira diplomática rutinaria. Fue, ante todo, una declaración de principios: Canadá está reconfigurando su política exterior y diversificando sus relaciones comerciales, lejos del tradicional eje Washington-Ottawa.
Una relación congelada, ahora descongelándose
Tras más de una década de desencuentros diplomáticos, Canadá y China se han embarcado en un proceso de acercamiento que pocos preveían tan pronto y con tanta claridad. Desde la detención de ejecutivos de Huawei en territorio canadiense en 2018 —lo que desató un ciclo de tensiones bilaterales— hasta las restricciones comerciales que golpearon exportaciones clave como la canola, ambos países han experimentado años de frialdad.
Pero la agenda de Carney mostró otro tono. Durante su visita oficial a China, celebrada entre el 14 y el 17 de enero, el mandatario insistió en la necesidad de forjar relaciones “predecibles y mutuamente beneficiosas” con el segundo socio comercial de Canadá, detrás de Estados Unidos.
Un Donald Trump ausente… pero presente
Aunque no estuvo físicamente en Pekín, el expresidente Donald Trump fue una figura omnipresente. Sus declaraciones incendiarias —llegando a bromear sobre convertir a Canadá en el estado número 51— y su enfoque proteccionista han tenido un efecto dominó en la diplomacia canadiense.
No es casualidad que esta reapertura con China se dé en un contexto de creciente incertidumbre sobre el futuro de la relación bilateral con EE.UU., especialmente si Trump logra regresar a la Casa Blanca. Como explicó Nelson Wiseman, profesor emérito de la Universidad de Toronto: “China está consiguiendo abrir una cuña entre Canadá y Estados Unidos. Es una jugada diplomáticamente astuta.”
Autonomía estratégica: ¿una nueva doctrina?
Durante su intervención en la conferencia de prensa en Pekín, Carney habló abiertamente de un concepto hasta ahora reservado a debates académicos o análisis geopolíticos: la autonomía estratégica.
“Necesitamos pilares adicionales que sostengan nuestra arquitectura internacional,” dijo el primer ministro. “La volatilidad de ciertos socios tradicionales requiere un replanteamiento profundo de nuestras alianzas.”
Traducido: Canadá ya no puede depender exclusivamente de Estados Unidos.
Resultados concretos: autos eléctricos por agricultura
Más allá de la retórica, la visita trajo resultados tangibles. Canadá accedió a reducir drásticamente su arancel del 100% sobre los automóviles eléctricos chinos: ahora aceptará hasta 49.000 EVs por año con una tarifa reducida del 6.1%, cifra que se incrementará a 70.000 en cinco años. A cambio, China bajará sus tarifas sobre la importación de semillas de canola canadienses del 84% al 15%.
La canola forma parte esencial de las exportaciones agroindustriales de Canadá: en 2022 representó más de $10.000 millones CAD en ingresos por exportación, siendo China un cliente crítico hasta que el conflicto arancelario lo interrumpió (Statistics Canada).
Beijing y Vancouver: más cerca de lo que parece
En el fondo, este acercamiento también responde a dinámicas internas. Más de 1.9 millones de canadienses se identifican como de origen chino, según el censo de 2021, y muchas de sus comunidades se concentran en la costa oeste, especialmente en Vancouver. Allí, las relaciones sino-canadienses se sienten en la vida cotidiana, desde la gastronomía hasta la educación y los negocios inmobiliarios.
Como destacó un análisis del medio estatal chino Xinhua, “las relaciones con Canadá son críticas en un momento de fragmentación económica y tensiones geopolíticas exacerbadas”. Una forma diplomática de referirse —sin referirse— a Estados Unidos.
El factor Trump y la política canadiense
La figura de Trump también repercute al interior de Canadá. La hostilidad verbal del expresidente, sumada a su alejamiento de compromisos multilaterales como el TPP o el Acuerdo de París, ha sembrado alarma en Ottawa. Canadá no solo necesita nuevos aliados, sino resguardarse ante una eventual tormenta proteccionista.
Robert Bothwell, profesor de historia internacional de la Universidad de Toronto, sintetizó así la divergencia: “Mientras que China quiere un Canadá funcional y autónomo —un socio fuerte y predecible—, Trump prefiere un Canadá fragmentado, fácil de presionar.”
Las tensiones con los derechos humanos siguen latentes
Que haya acercamiento comercial no significa que Ottawa y Pekín piensen de la misma manera. Carney lo dejó claro al ser interrogado sobre derechos humanos en China: “Tenemos diferencias culturales y en nuestras formas de vida”, respondió diplomáticamente.
Este matiz forma parte de la llamada diplomacia pragmática: hacer negocios, sí. Respaldar ciegamente regímenes autoritarios, no. Pero el liderazgo canadiense reconoce que la lucha global ya no es de buenos contra malos, sino entre bloques interdependientes con agendas complejas.
¿Y ahora qué? Los escenarios futuros
- Si Trump retorna al poder, es probable que acelere la presión sobre Canadá en múltiples frentes: comercio, migración, e incluso militar.
- China expandirá su rol como contrapeso al poder estadounidense, fortaleciendo alianzas con países que buscan mayor autonomía estratégica.
- Canadá podría liderar una nueva vía intermedia en la diplomacia global, sirviendo de puente entre Asia y Occidente, tal como lo hizo en escenarios del siglo XX.
El enfoque actual parece dispuesto a preservarse mientras sea útil y viable políticamente. Carney dijo durante su última conferencia en China: “Nuestra relación con EE. UU. es multifacética, pero con China todo se ha vuelto más predecible.”
¿Se refería a una China más confiable o a una Casa Blanca más volátil? No lo aclaró. Pero en diplomacia, el subtexto a menudo dice más que las palabras.
Un nuevo capítulo
Como lo expresó Xi Jinping tras la reunión: “Nuestra cumbre del año pasado abrió un nuevo capítulo para mejorar las relaciones bilaterales.” Y aunque esa oración suene a manual diplomático, hay verdad en ella.
En un mundo donde el multilateralismo tambalea y las certezas son escasas, una pequeña dosis de previsibilidad —incluso entre países con tanta distancia cultural— puede ser oro puro.
El juego apenas comienza. Y Canadá acaba de mover su torre hacia Oriente.
