Gaza, Trump y la apuesta internacional por un plan de paz sin precedentes

Con un elenco de aliados insospechados y maniobras diplomáticas arriesgadas, Donald Trump impulsa un plan radical para una Gaza posbélica. ¿Será viable o una ilusión geopolítica más?

Por primera vez en años, Gaza podría estar al borde de una paz estructurada bajo liderazgo estadounidense. Lo que hasta hace poco parecía una posibilidad remota, ahora toma forma bajo el mandato de Donald Trump en su segundo período presidencial. A través de la creación del llamado “Board of Peace” (Consejo de Paz), una red de líderes globales y representantes regionales con conexiones clave buscan implementar un alto al fuego en Gaza, desmantelar a Hamás, reconstruir el territorio y restablecer el orden institucional palestino.

La Fase Dos del Plan Trump

El plan de paz propuesto por la Casa Blanca cuenta con distintas fases, y actualmente se encuentra en su segunda etapa. Esta incluye la formación de un comité palestino para gestionar Gaza y un comité ejecutivo internacional encargado de supervisar la transición. A esto se suma el despliegue de una fuerza multinacional de seguridad, la gradual “neutralización” militar de Hamas y un plan de reconstrucción económica y social para el enclave costero.

Un Consejo de Paz a la medida de Trump

Bajo el liderazgo del propio Donald Trump, el “Board of Peace” se presenta como una alianza sin precedentes de figuras políticas y económicas con influencia regional. Aunque no todos los nombres han sido revelados, los que sí lo han sido destacan por su perfil político o estratégico:

  • Marco Rubio, secretario de Estado y asesor de seguridad nacional de EE.UU.
  • Jared Kushner, asesor omnipresente de Trump y cerebro de los Acuerdos de Abraham.
  • Tony Blair, ex primer ministro británico con experiencia como enviado del Cuarteto para el Medio Oriente.
  • Maj. Gen. Jasper Jeffers, designado comandante de las fuerzas internacionales de estabilización.
  • Hakan Fidan, ministro de Relaciones Exteriores de Turquía, nexo entre Hamas y potencias occidentales.
  • Ali Al-Thawadi, diplomático qatarí y mediador clave durante el conflicto.
  • Gen. Hassan Rashad, jefe de inteligencia egipcia, garante crucial para el alto al fuego.

Otros nombres incluyen empresarios, banqueros y diplomáticos de alto nivel como:

  • Ajay Banga, presidente del Banco Mundial
  • Marc Rowan, CEO de Apollo Global Management
  • Sigrid Kaag, ex vice primera ministra de Países Bajos y coordinadora humanitaria de la ONU para Gaza
  • Ali Shaath, ingeniero gazatí y nuevo jefe del comité palestino que administrará Gaza

¿Por qué este plan es distinto a todos los anteriores?

Muchos analistas creen que el enfoque de Trump, aunque polémico, es más pragmático que ideológico. Se basa en el poder del capital, la diplomacia de presión, y la influencia regional más que en una visión humanitaria tradicional. “Donald Trump nunca fue un pacifista, pero entiende que una región en guerra es una región inestable para el comercio y la influencia,” apunta el analista regional Farid Ayad de The Middle East Institute.

Un componente clave del plan es la participación de países árabes prooccidentales, como los Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Egipto y Turquía. Cada uno ofrece no solo influencia sobre Hamas o sobre la reconstrucción de Gaza, sino también una vía hacia la legitimación regional del plan.

Entre la esperanza y el escepticismo

A pesar del elenco estelar, las dudas sobre la implementación del plan son muchas. Hamas aún no ha expresado adhesión, y el gobierno israelí está dividido entre sectores de línea dura que rechazan dar protagonismo a actores internacionales y una élite militar que ve con buenos ojos al menos una fase de estabilidad.

Además, los vínculos de varios miembros del comité con intereses israelíes han levantado sospechas. Por ejemplo, Yakir Gabay, multimillonario israelí con inversiones inmensas en bienes raíces, ha sido nombrado en el comité ejecutivo, sin ser un actor diplomático formal. Esto genera preguntas sobre el verdadero equilibrio que busca la iniciativa.

Lecciones de intentos anteriores

La historia está llena de fracasos en la búsqueda de paz en Gaza. Los Acuerdos de Oslo en los 90 crearon esperanzas sin final feliz. El plan de desconexión israelí de 2005, que retiró asentamientos de Gaza, no impidió la toma del poder por parte de Hamas ni las múltiples guerras que vendrían después. La Primavera Árabe alteró todavía más el tablero regional, y ni la ONU, ni el Cuarteto, ni otros esfuerzos multilaterales han logrado una estabilización real.

La diferencia esta vez es triple:

  • La presencia de una fuerza internacional armada con mandato para imponer el acuerdo.
  • El músculo financiero involucrado, incluyendo a Apollo Global Management y al Banco Mundial.
  • La centralización en figuras con influencia directa sobre Trump, lo que podría evitar el engorroso proceso congresional estadounidense.

¿Y qué hay de los palestinos?

Uno de los puntos más polémicos es la escasa representación democrática palestina en el plan. Aunque Ali Shaath liderará el nuevo “comité técnico” en Gaza, este no fue electo ni representa a amplios sectores del pueblo palestino. Además, algunos observadores cuestionan su vínculo con la Autoridad Nacional Palestina (ANP), debilitada y percibida como corrupta por muchos ciudadanos.

Para el politólogo Ahmed Abu Zayed, “este plan no reconoce la autodeterminación del pueblo palestino, pero podría crear un modelo económico y de seguridad que eventualmente lleve a elecciones y estabilidad.”

¿Un plan colonizador o un modelo de transición?

Las comparaciones con planes de administración internacional anteriores, como el que impuso Naciones Unidas en Kosovo o el gobierno aliado en Irak tras la caída de Saddam, son inevitables. Con todo, Gaza es otra historia: superpoblada, empobrecida y radicalizada tras décadas de conflicto, aislamiento y trauma colectivo.

“La mejor posibilidad de éxito reside en su pragmatismo”, señala Mary Lovely, economista del Peterson Institute. “No se habla de establecer una democracia de inmediato, ni de desmantelar a Israel, ni de un Estado palestino formal. Se trata de construir desde lo práctico: seguridad, agua, electricidad, comercio, movimiento.”

Una ventana diplomática estrecha

Para que esta arquitectura funcione, todos los actores internacionales deben mantenerse alineados al menos por los próximos 12 meses. Y eso es sumamente difícil en un contexto global en el que los cambios abruptos son moneda corriente: elecciones en Estados Unidos, tensiones en Medio Oriente, guerra en Ucrania, precio volátil del petróleo y rivalidades internas en los países involucrados.

Además, se requerirá una intervención de capital estimada en más de $20 mil millones de dólares en los próximos cinco años, según estimaciones preliminares del Banco Mundial. Una parte significativa provendría de fondos privados, pero los gobiernos también tendrán que comprometerse.

¿Una oportunidad real o una estrategia electoral?

Algunos críticos deslizan que este plan es una estrategia de campaña disfrazada. Con elecciones por delante, Trump busca mostrarse como un “hacedor de paz” capaz de lograr lo que otros no pudieron. Sus asesores niegan esto, pero ni los aliados estadounidenses ni los socios de la región pueden asegurarlo con certeza.

Lo cierto es que Gaza está al borde de un experimento sin precedentes. El tablero internacional, las fuerzas regionales y las prioridades geoestratégicas están alineadas—por ahora—para hacerlo posible. Pero como siempre en Medio Oriente, la paz no es cuestión de voluntad… sino de timing.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press