Junta por la Paz: ¿Una alternativa a la ONU o una fantasía geopolítica?
La ambiciosa propuesta de Donald Trump busca reformular el orden mundial mediante una nueva organización internacional, pero enfrenta escepticismo, geopolítica y sombras del pasado
¿Una ONU 2.0 con sello trumpista?
En un movimiento que ha causado asombro, críticas y un desconcierto diplomático global, el expresidente Donald Trump ha comenzado a impulsar una iniciativa geopolítica denominada "Junta por la Paz" (Board of Peace). Esta iniciativa, nacida como parte de un plan de 20 puntos para un alto al fuego en Gaza, ha sido presentada ahora como un ambicioso intento de crear una nueva organización internacional que aspira —según palabras del mismo Trump— a ser "la junta más impresionante y trascendental jamás reunida".
Lejos de limitarse al conflicto Israel-Hamás, esta Junta busca asumir un rol comparable, o incluso superior, al de las Naciones Unidas. Desde su anuncio, la propuesta ha acaparado titulares, no solo por su contenido, sino por quienes ya han recibido invitaciones para convertirse en miembros fundadores: desde el presidente argentino Javier Milei hasta el turco Recep Tayyip Erdogan, pasando por el premier canadiense Mark Carney.
¿Qué propone exactamente la Junta por la Paz?
Trump no se ha limitado a un llamado simbólico. El proyecto plantea:
- Establecer un organismo con poderes transitorios de gobernanza internacional.
- Actuar en zonas de conflicto donde la ONU ha fallado o está paralizada por vetos geopolíticos.
- Aglutinar a líderes "simpatizantes de la paz global" y figuras del sector privado como el CEO de Apollo Global Management, Marc Rowan.
- Utilizar un enfoque empresarial y "pragmático" sobre resolución de conflictos, con poca tolerancia a la burocracia o al "wokeism" (como lo plantea Trump).
Pero más allá del discurso, el anuncio plantea preguntas fundamentales sobre soberanía, legitimidad y geopolítica. ¿Es viable esta organización sustituta? ¿Puede competir con el aparato diplomático construido tras la Segunda Guerra Mundial?
La ONU: ¿desechable o perfectible?
Fundada en 1945 con 51 miembros, la Organización de las Naciones Unidas hoy cuenta con 193 estados miembros. Su misión no es una tarea menor: preservar la paz internacional, fomentar la cooperación entre países, proteger los derechos humanos y asistir en crisis humanitarias.
Sin embargo, la ONU ha sido fuertemente criticada en las últimas décadas. Las razones varían:
- Veto frecuente de países como Rusia y China en el Consejo de Seguridad, paralizando intervenciones.
- Congelamientos e ineficiencia en respuestas a genocidios como el de Srebrenica (1995) o más recientemente, Siria.
- Inoperancia frente al cambio climático más allá de acuerdos protocolares como París.
No obstante, ningún líder global había propuesto una alternativa completa hasta ahora. Trump sí lo ha hecho, cuestionando la estructura y financiamiento de la ONU desde su presidencia.
La geopolítica imposible de evitar
La viabilidad del proyecto de Trump está plagada de obstáculos:
- China y Rusia se opondrán tajantemente a cualquier ente que disminuya el poder del sistema de veto del que se benefician.
- Naciones pequeñas temen que una “Junta por la Paz” reemplace la estructura igualitaria de la ONU, donde cada país tiene un voto.
- La propia delegación israelí ha manifestado críticas, señalando que el plan no fue coordinado con ellos —un punto especialmente sensible dada la génesis del proyecto en Gaza.
Esta iniciativa también resucita antiguas tensiones históricas. Crear una gran coalición global paralela trae ecos del Pacto de Locarno o los fracasos de la Sociedad de Naciones, creada antes de la ONU pero incapaz de frenar la Segunda Guerra Mundial.
¿Quiénes están en la mesa?
Aunque muchos líderes aún no han respondido, algunos nombres anunciados por la Casa Blanca (fuera del marco de Naciones Unidas) incluyen:
- Marco Rubio, Secretario de Estado designado por Trump.
- Steve Witkoff, enviado especial con destacada carrera como empresario inmobiliario.
- Ajay Banga, presidente del Banco Mundial.
- Tony Blair, ex primer ministro británico.
No deja de llamar la atención que la Junta mezcle líderes gubernamentales con figuras corporativas y emprendedores. Esto hace pensar más en un foro de Davos con vocación de gobierno que en una estructura diplomática tradicional.
¿Paz o hegemonía?
Los críticos más ferozmente opositores han sugerido que este intento representa un mecanismo de neohegemonía estadounidense, un “gobierno del mundo” con rostro empresarial y sello conservador.
En palabras del analista político Fareed Zakaria: “Trump detesta cualquier cosa que no pueda controlar. Su Junta por la Paz no es una entidad internacional; es una plataforma de propaganda exterior.”
Por su parte, países como Francia y Noruega han mostrado reservas en privado, aunque aún no hacen declaraciones oficiales.
¿Es ético crear un nuevo orden internacional a medida?
El debate no es nada nuevo. Desde Niebuhr hasta Arendt, la tensión entre el realismo político y un orden internacional regido por normas comunes ha sido tema de teoría política y diplomática por décadas.
Crear un nuevo organismo ex nihilo sin consulta multilateral revoca ese principio consensuado. Aunque la ONU tenga fallas, su carácter universal la mantiene viva.
Tal vez el éxito o fracaso de la Junta por la Paz no gire en torno a su utilidad, sino a su naturaleza unilateral. Si no puede responder a las grandes preguntas de soberanía, representatividad, imparcialidad y acción colectiva, estará destinada a ser una nota de pie de página en los libros de relaciones internacionales.
La otra cara del conflicto: política interior y protestas
Los movimientos geopolíticos de Trump ocurren en un contexto de fuerte tensión dentro de EE. UU. Operativos de inmigración, como los vividos en Minneapolis, se han intensificado con incidentes polémicos. Uno de ellos incluye la reutilización de gases lacrimógenos contra una familia con seis niños en su SUV, lo que generó protestas y reclamos por violación de derechos civiles.
Al mismo tiempo, personas como Garrison Gibson, un refugiado liberiano, han sido detenidas arbitrariamente, según dictaminó un juez federal. A pesar de su liberación, volvió a ser arrestado tras lo que presuntamente fue una orden directa de la Casa Blanca. El Departamento de Seguridad Nacional negó esta acusación.
Estas situaciones muestran una contradicción: ¿se puede abogar por un nuevo orden global en nombre de la paz mientras se promueve una política interna de represión y exclusión?
Epílogo para una Junta aún en pañales
Mientras Trump se prepara para presentar la Junta por la Paz en el próximo Foro Económico Mundial en Davos, el mundo observa con cautela. Para muchos diplomáticos, el anuncio se ve más como una carta de campaña hacia 2028 que como un intento real de reforma global.
Una organización internacional no puede surgir por deseo unilateral ni por impulso empresarial. Requiere legitimidad, voluntad compartida y más que todo, confianza entre pueblos.
La ONU puede estar enferma, pero aún no hay reemplazo. Y Trump, al menos por ahora, ofrece más preguntas que respuestas.
