Siria, una guerra en las sombras: ¿Qué revela la muerte de Bilal Hasan al-Jasim?

El reciente ataque estadounidense en Siria que eliminó a un líder terrorista lanza un mensaje claro: las operaciones antiterroristas continúan, pero ¿qué implicaciones geopolíticas tiene?

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Una sombra prolongada del conflicto sirio

La reciente muerte de Bilal Hasan al-Jasim a manos de un ataque aéreo estadounidense en el noroeste de Siria ha reavivado el enfoque en un conflicto que rara vez acapara titulares hoy, pero que sigue siendo un polvorín de implicaciones estratégicas y humanas. Al-Jasim era un líder afiliado a Al-Qaeda, vinculado de forma directa con el miembro del Estado Islámico que organizó la emboscada del 13 de diciembre de 2023, en la que fallecieron dos soldados estadounidenses y un intérprete civil.

El Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) confirmó que este ataque forma parte de una cadena de represalias coordinadas contra miembros del ISIS y otras células afiliadas. Lo que podría parecer un simple ataque quirúrgico es, en realidad, una señal inequívoca de que las operaciones estadounidenses en Siria están lejos de concluir.

El ataque de diciembre que despertó viejos demonios

El 13 de diciembre de 2023 fue una fecha que evocó recuerdos de campañas pasadas en Oriente Medio: el sargento Edgar Brian Torres-Tovar, el sargento William Nathaniel Howard y el intérprete Ayad Mansoor Sakat fueron asesinados durante una emboscada en Siria. Aunque el gobierno de Estados Unidos había minimizado su presencia en el país tras la derrota territorial del ISIS, estos eventos demuestran que la amenaza no ha desaparecido. Solo se ha mutado y descentralizado.

En palabras del almirante Brad Cooper, comandante de CENTCOM: “No hay refugio seguro para aquellos que conducen, planean o inspiran ataques contra ciudadanos y fuerzas estadounidenses”. Un mensaje que subraya una postura de tolerancia cero frente a los remanentes terroristas en la región.

¿Quién era Bilal Hasan al-Jasim?

Al-Jasim no era un actor desconocido para los servicios de inteligencia. Era considerado un veterano líder terrorista con vasta experiencia en la organización y planificación de ataques contra fuerzas extranjeras en Siria.

  • Vinculado a células de Al-Qaeda en Siria, particularmente en la región de Idlib, un enclave donde muchos líderes extremistas han encontrado refugio.
  • Contactos directos con operativos del Estado Islámico que permanecen activos en zonas rurales del norte de Siria, pese al fin del “califato”.

Su muerte, aunque simbólicamente poderosa, no implica el fin de la amenaza. De hecho, según el Consejo de Seguridad de la ONU, más de 10,000 combatientes del ISIS yihadistas podrían seguir activos en Irak y Siria.

Operación "Hawkeye Strike": una ofensiva multipartita

La actual campaña que culminó en la ejecución de al-Jasim forma parte de la Operación "Hawkeye Strike", una ofensiva conjunta de Estados Unidos en alianza con Siria, Jordania y otros aliados regionales.

Esta operación ha tenido como objetivo más de 100 infraestructuras del Estado Islámico, incluyendo depósitos de armas, centros de comando y rutas logísticas. Más allá de los objetivos tácticos, esta operación busca confirmar que las fuerzas armadas estadounidenses mantienen capacidad de respuesta en la región, a pesar de la retirada formal hace varios años.

Siria: fragmentación política y campo de batalla global

Para entender la persistencia de este conflicto, es crucial recordar que Siria lleva más de una década sumida en violencia. Desde el inicio de la guerra civil en 2011, tras la Primavera Árabe, el país se ha convertido en un tablero geopolítico donde varias potencias juegan a la guerra por medio de terceros.

Mientras el presidente Bashar al-Assad recuperaba terreno con ayuda de Rusia e Irán, grupos extremistas como el Estado Islámico y ramas de Al-Qaeda fortalecieron su influencia en zonas periféricas. Incluso con la caída del "califato" en 2019, la insurgencia persiste, particularmente en:

  • Idlib: última región en manos rebeldes, controlada en su mayoría por Hayat Tahrir al-Sham (HTS), un grupo antiguamente vinculado a Al-Qaeda.
  • Deir ez-Zor: zona estratégica rica en petróleo, frecuentemente disputada entre fuerzas kurdas, milicias proiraníes y remanentes del ISIS.
  • Frontera iraquí: corredores clandestinos usados por el ISIS para mover combatientes y armas.

¿Es esta una respuesta unilateral?

Muchos críticos han señalado que estas respuestas militares, aunque efectivas en el corto plazo, carecen de una estrategia política integral. ¿Qué plan tiene EE.UU. para evitar la reaparición del extremismo? El presidente Joe Biden ha optado por mantener una presencia limitada en la región (unos 900 soldados), pero depende en gran medida de las fuerzas kurdas (las Fuerzas Democráticas Sirias) para el control territorial.

Además, las tensiones con Turquía —que considera a parte de las fuerzas kurdas como terroristas— añaden un grado extra de complejidad. En este sentido, cualquier ataque quirúrgico como el que mató a al-Jasim interactúa con un entramado de lealtades cruzadas y realidades conflictivas.

La amenaza no es un recuerdo: sigue vigente

Según el informe del Center for Strategic and International Studies (CSIS), el ISIS ha intensificado sus operaciones de manera puntual y se mantiene como una estructura descentralizada pero aún peligrosa. De hecho, en 2023 hubo al menos 600 ataques reportados en Siria e Irak atribuidos a fieles del grupo yihadista.

Como explicó el experto en seguridad internacional Bruce Hoffman: “La derrota del califato no significó la muerte del ISIS. Solo lo empujó a la clandestinidad”.

Implicaciones para la política exterior de EE.UU.

Una acción como la muerte de al-Jasim siempre levanta preguntas sobre la legitimidad y dirección de la política exterior estadounidense. Aunque la administración Biden ha mantenido un perfil más reservado que su predecesor, estos ataques demuestran una continuidad estratégica con decisiones iniciadas por el expresidente Donald Trump.

En un giro geopolítico curioso, Trump había asegurado que "Siria está luchando junto con nuestras tropas", una frase que muchos analistas vieron como una aceptación tácita del gobierno de Assad como un mal necesario frente al extremismo. Así, se produce la paradoja moral y estratégica: Estados Unidos combate terroristas en el mismo terreno que un régimen acusado de crímenes de guerra.

Un conflicto que no se apaga

La eliminación de líderes como Bilal Hasan al-Jasim puede ser vista como una victoria táctica. Sin embargo, el conflicto en Siria, erosionado por actores no estatales, agendas cruzadas y rivalidades regionales, parece aún lejos de alcanzar una solución duradera.

Cada ataque, cada emboscada y cada muerte refleja un sistema geopolítico cuya estabilidad sigue en entredicho. Con más de medio millón de muertos desde el inicio de la guerra y más de 13 millones de desplazados, según cifras de ACNUR, Siria continúa siendo uno de los epicentros más sangrientos e irresueltos del siglo XXI.

La guerra en Siria no es un lugar para finales fáciles. La obra sigue, el telón no ha caído.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press