Asentamientos y violencia: la escalada sin freno de los colonos israelíes en Cisjordania

Una mirada profunda al impacto de los ataques colonos sobre aldeas palestinas, la respuesta estatal israelí y el papel menguante de organismos internacionales en medio de tensiones crecientes

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Por décadas, la región de Cisjordania ha sido escenario de tensiones entre colonos israelíes y comunidades palestinas. Sin embargo, en los últimos meses, los ataques se han intensificado a niveles preocupantes, reflejando una dinámica que, lejos de disminuir, parece institucionalizarse con respaldo político.

Un nuevo episodio de violencia: Khirbet al-Sidra en llamas

En la noche del pasado sábado, un grupo de colonos israelíes protagonizó otro devastador ataque contra la pequeña aldea beduina de Khirbet al-Sidra, ubicada al norte de Jerusalén. Imágenes obtenidas de cámaras de seguridad, grabadas aproximadamente a las 10:00 p.m., muestran cómo varias edificaciones son envueltas en llamas mientras se escuchan disparos, gritos y la frenética actividad de los asaltantes.

Según la Gobernación de Jerusalén de la Autoridad Palestina, los colonos quemaron ocho casas y al menos dos vehículos, dejando a decenas de personas sin hogar. Además del ataque material, se reportaron agresiones físicas contra palestinos e incluso activistas internacionales que se encontraban en la zona.

Una respuesta militar pasiva

El ejército israelí informó haber encontrado un vehículo israelí con garrotes en su interior durante su intervención en la zona atacada. Aunque se reconoció la presencia de civiles israelíes armados y hubo heridos entre palestinos y extranjeros, al cierre del domingo no se había reportado ninguna detención.

Esta inacción ha sido duramente criticada por organizaciones de derechos humanos, que señalan una creciente complicidad entre autoridades militares y los asentamientos más radicalizados.

Colonización creciente e ilegalidad internacional

Actualmente, cerca de 500,000 israelíes viven en asentamientos en Cisjordania, una zona que fue ocupada por Israel en 1967 tras la guerra de los Seis Días. Estos asentamientos son considerados ilegales por el derecho internacional, según resoluciones de organismos como Naciones Unidas. A pesar de ello, el proceso de colonización continúa, muchas veces con subsidios estatales y protección militar.

“El statu quo no sólo amenaza la viabilidad de un futuro estado palestino, sino que refleja una ocupación que se afianza mediante políticas sistemáticas de despojo”, — Human Rights Watch.

Gobierno radical y desinterés por frenar la violencia

El actual gobierno israelí, encabezado por partidos de ultraderecha y con fuerte representación de líderes colonos, ha minimizado la violencia, atribuyéndola a una "minoría radical". Sin embargo, las cifras reflejan otra historia: sólo entre enero y abril de 2024 se han documentado más de 1.400 incidentes violentos de colonos, según un informe de la ONU.

Lejos de condenar públicamente estos actos, altos funcionarios han impulsado leyes que restringen la actuación de organismos internacionales como la UNRWA (Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos), lo cual debilita la capacidad de respuesta y protección de las comunidades afectadas.

La embestida contra la UNRWA

En paralelo a los ataques colonos, el gobierno israelí ha intensificado sus esfuerzos para cerrar las instalaciones de UNRWA en Jerusalén Este. El ministro de Energía, Eli Cohen, anunció el corte de agua y electricidad a las instalaciones de la organización, lo que podría forzar el cierre de los últimos centros operativos que aún funcionan.

UNRWA atiende a más de 5,5 millones de refugiados palestinos en Gaza, Cisjordania, Siria, Líbano y Jordania. Su labor incluye educación, salud y asistencia alimentaria. Israel sostiene que la agencia está "infiltrada por Hamas", acusación rechazada por la ONU y muchos expertos internacionales, que ven en la medida un intento por debilitar la narrativa palestina y la ayuda humanitaria.

¿Un nuevo orden global para la paz?

En medio de este panorama, ha surgido un nuevo actor: el "Consejo de Paz" promovido por el expresidente estadounidense Donald Trump. Con países como Grecia, Jordania, Egipto y Turquía entre los invitados, este cuerpo pretende asumir un papel más proactivo en la resolución del conflicto Israel-Gaza y otros escenarios globales. Pero su legitimidad y objetivos son objeto de dudas.

“El Consejo busca ser una alternativa audaz a los mecanismos de paz tradicionales, con capacidad de acción real y recursos para implementar soluciones”, se lee en las invitaciones dirigidas a líderes mundiales.

Según fuentes anónimas, una contribución de 1.000 millones de dólares garantiza membresía permanente, provocando comparaciones con una "oligarquía diplomática" corporativa más que con un organismo neutral.

La comunidad internacional, entre la crítica simbólica y la parálisis

La ONU y la Unión Europea han emitido múltiples condenas por la violencia de colonos y las restricciones a la UNRWA, pero las acciones concretas brillan por su ausencia. Mientras tanto, la situación humanitaria para los palestinos se agrava día a día. Más de 300 palestinos han muerto en Cisjordania en incidentes relacionados con seguridad en lo que va del año.

Los mecanismos legales internacionales, como la Corte Penal Internacional, han comenzado investigaciones por posibles crímenes de guerra tanto del ejército israelí como de Hamas. Aun así, el escenario actual parece dominarlo una impunidad rampante.

La realidad sobre el terreno

En aldeas como Khirbet al-Sidra, la esperanza se apaga entre cenizas ennegrecidas. La constante amenaza de ataques, el miedo a represalias, la falta de protección y el desplazamiento forzoso pintan un futuro sombrío. Jóvenes palestinos se enfrentan a un panorama asfixiante sin perspectivas de paz ni desarrollo.

Mientras tanto, colonos extremistas, amparados en parte por el Estado y las instituciones, continúan expandiendo su control sobre tierras palestinas y sembrando terror bajo el amparo de la noche… y del silencio.

¿Hacia un nuevo paradigma o más de lo mismo?

La existencia del Consejo de Paz y la radicalización del gobierno israelí plantean una pregunta de fondo: ¿existen nuevos marcos posibles para alcanzar la paz a largo plazo, o estamos ante una reedición de modelos que perpetúan la ocupación y la exclusión?

Mientras Occidente redefine sus prioridades geopolíticas y el sistema multilateral parece erosionarse, la población palestina vive en carne propia las consecuencias de décadas de promesas rotas, soluciones parciales y realpolitik.

El tiempo dirá si surgirán actores con verdadera voluntad de fomentar una paz justa. Pero por ahora, la violencia sigue escribiendo la historia de cada noche en Cisjordania.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press