Guerra al este del Éufrates: ¿Quién controla realmente Siria hoy?

Tras la ofensiva sobre Tabqa, el nuevo gobierno sirio redibuja el mapa político con una estrategia que enfrenta a kurdos, tribus y potencias extranjeras en un escenario cada vez más volátil

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Un nuevo capítulo en la guerra infinita de Siria

La reciente captura por parte de las fuerzas gubernamentales de Tabqa, una ciudad estratégica en la provincia de Raqqa, marca un punto de inflexión en un conflicto sirio que persiste a pesar de múltiples reconfiguraciones políticas y militares. Esta ofensiva refleja no solo el deseo del recién instalado presidente Ahmad al-Sharaa de consolidar su poder, sino también las crecientes tensiones con las fuerzas kurdas lideradas por la Fuerza Democrática Siria (SDF, por sus siglas en inglés), apoyadas por Estados Unidos.

Tabqa: clave geográfica y simbólica

La ciudad de Tabqa no es una pieza más en el ajedrez sirio. Ubicada al oeste de Raqqa y al borde del río Éufrates, alberga la represa más importante del país, critica para la distribución de agua y electricidad en el norte y centro de Siria. Su captura significa un control logístico clave para el gobierno, especialmente en un país donde los recursos están cada vez más centralizados en zonas de conflicto.

Además, Tabqa posee una base aérea que durante años fue ocupada por diferentes facciones: desde el Estado Islámico en sus años de auge (2014-2017), pasando por las SDF tras su liberación, hasta ahora caer nuevamente bajo el control de Damasco. Esta base es importante tanto para operaciones militares futuras como para mostrar capacidad organizativa ante la comunidad internacional.

El frágil pacto entre las SDF y el gobierno

Desde marzo, el gobierno sirio y las SDF mantenían un acuerdo de reintegración en el cual las fuerzas kurdas conservarían autonomía limitada a cambio de alinearse con el gobierno central. Sin embargo, tras los enfrentamientos registrados en Alepo —que dejaron al menos 23 muertos y provocaron el desplazamiento de decenas de miles— el pacto quedó prácticamente roto.

Este mes, tras las tensiones en Alepo, el líder de las SDF, Mazloum Abdi, anunció una retirada progresiva de sus fuerzas hacia el este del Éufrates. Simultáneamente, Al-Sharaa prometió más garantías para los derechos kurdos, aunque estos gestos aún no se traducen en acciones concretas o confianza por parte de las comunidades afectadas.

Estados Unidos: ¿mediador o actor parcial?

Durante años, Washington ha mantenido una cooperación estratégica con las SDF, sobre todo en la lucha contra ISIS. Muchas de las operaciones claves que condujeron a la caída del “califato” se ejecutaron gracias a este apoyo conjunto. Como parte de su política exterior, EE.UU. busca conservar a las SDF como una fuerza de equilibrio frente a Irán y Turquía.

Sin embargo, desde el ascenso al poder de Ahmad al-Sharaa y el desplazamiento de Bashar al-Ásad, también ha intentado acercamientos con el nuevo gobierno sirio, con el objetivo de estabilizar la región. Esta dualidad ha sido duramente criticada por expertos. “Estados Unidos está jugando un peligroso doble papel que podría radicalizar aún más a las partes”, afirma Lina Khatib, analista del Middle East Institute.

Hasta ahora, Washington ha llamado públicamente a la calma, sin tomar acciones significativas para frenar la ofensiva de Damasco ni reforzar la autonomía kurda. Esto ha fomentado la percepción de abandono entre las SDF, que enfrentan múltiples frentes, desde el ejército sirio hasta milicias árabes locales descontentas.

¿Motín tribal en Deir el-Zour?

Los focos del conflicto no se agotan en Raqqa. En la provincia de Deir el-Zour, más al este, las tensiones entre milicias kurdas y tribus árabes están desbordándose, especialmente en las zonas ricas en petróleo como los campos de Al-Omar y Conoco. Ambas instalaciones energéticas están custodiadas por tropas estadounidenses, pero últimamente han sido atacadas por grupos armados locales que las consideran ilegítimas.

El Observatorio Sirio de Derechos Humanos ha registrado la retirada de fuerzas kurdas de más de una docena de aldeas en la zona rural este de Deir el-Zour, lo que sugiere que la presión tribal, posiblemente apoyada por agentes externos o internos, está ganando terreno.

Presuntas atrocidades: propaganda cruzada

Uno de los episodios más controvertidos tras la caída de Tabqa fue la publicación de un video grabado en la prisión local, donde se ve a milicianos civiles —presuntamente aliados del régimen— tomar el control de las instalaciones, acompañados por gritos de “¡Liberamos la prisión de Tabqa!”. Medios estatales acusaron a las SDF de haber ejecutado a los prisioneros antes de huir, una acusación que la organización kurda niega tajantemente.

Según las SDF, los prisioneros fueron trasladados antes de la retirada y responsabilizan al ejército sirio de atacar el complejo penitenciario. Hasta ahora, no hay pruebas forenses públicas que respalden ninguna de las acusaciones, pero el incidente refleja la intensidad de la guerra propagandística paralela al conflicto armado.

El legado del conflicto: de ISIS a la fragmentación

La región que hoy disputan el ejército sirio y las SDF ya fue epicentro de intensa violencia durante la ocupación del Estado Islámico (ISIS), cuyos dominios llegaron en 2015 a ocupar más del 50% del territorio sirio. Fue precisamente Tabqa uno de los bastiones más sangrientos de ese “califato”, retomado por las SDF en 2017 con apoyo aéreo estadounidense.

Irónicamente, los territorios liberados del ISIS hoy enfrentan una nueva forma de caos: el vacío de poder, la fragmentación bajo múltiples banderas, y la pugna por el control de recursos vitales como el agua o el petróleo. Cada milicia local, cada tribu, cada actor regional busca asegurar su influencia en esta nueva fase de posguerra que parece no llegar.

Siria, ¿país reconciliado o territorio en disputa?

El presidente Ahmad al-Sharaa heredó un país dividido, arrasado y desconfiado tras más de una década de guerra civil bajo Bashar al-Ásad. Aunque su llegada fue celebrada por algunos sectores opositores como una renovación, sus primeros movimientos —incluida la agresiva campaña militar en el norte— podrían consolidar viejos temores sobre un régimen autoritario de base islamista.

Mientras tanto, tanto kurdos, árabes locales y la comunidad internacional observan con escepticismo. Los pasos dados hasta ahora, lejos de ser un camino hacia la reconciliación, parecen reproducir el ciclo de violencia que marcó la última década.

Si bien Tabqa es hoy una ciudad bajo control del régimen, la pregunta principal sigue vigente: ¿puede Siria ser gobernada desde Damasco sin una nueva guerra intestina?

Números de una guerra interminable

  • +500,000 muertos desde el inicio del conflicto en 2011.
  • 13 millones de desplazados internos y externos.
  • Más de 2 millones de personas viviendo en regiones bajo control kurdo al noreste.
  • 1.000 soldados estadounidenses todavía desplegados en el noreste sirio (según el Pentágono).

La historia aún se escribe, pero los avances de Damasco, la retirada kurda, y la creciente influencia tribal abren un nuevo tablero de juego en el que nadie parece tener la victoria asegurada.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press