La economía de China camina en la cuerda floja: crecimiento, desafíos y el peso de la geopolítica
A pesar de un crecimiento del 5% en 2025 y un superávit comercial récord, el gigante asiático enfrenta retos estructurales y presiones internacionales
En 2025, la economía china logró alcanzar uno de sus principales objetivos: crecer un 5% anual. Este crecimiento, en línea con el objetivo oficial del gobierno, fue impulsado principalmente por un factor inesperado ante un escenario global desafiante: las exportaciones. Sin embargo, la sostenibilidad de este motor económico está en duda mientras los problemas internos se acumulan y las presiones externas aumentan.
Exportaciones: el bastión inesperado del crecimiento
China cerró el año con un récord histórico de superávit comercial de 1,2 billones de dólares, gracias a una notable demanda de productos chinos en mercados fuera de EE. UU. Esto es notable considerando que el regreso de Donald Trump al poder llevó al restablecimiento de aranceles punitivos sobre bienes chinos. Aunque las exportaciones al mercado estadounidense sufrieron, China logró redirigir sus flujos comerciales hacia otros destinos como América Latina, África y países del Sudeste Asiático.
Según Lynn Song, economista jefe para la Gran China en ING, "la gran pregunta es por cuánto tiempo este motor impulsado por las exportaciones puede mantenerse como principal fuente de crecimiento". La creciente dependencia en el comercio exterior como sostén de la economía preocupa a muchos observadores internacionales.
La otra cara del superávit: consumo e inversión estancados
Aunque el comercio exterior batió récords, el consumo interno y la inversión empresarial siguen debilitados. La debilidad del mercado inmobiliario —uno de los sectores clave de la economía en décadas pasadas— afecta drásticamente la confianza del consumidor.
Chi Lo, estratega de mercados en Asia Pacífico para BNP Paribas Asset Management, apunta que la clave para dinamizar el consumo es lograr "una estabilización, no necesariamente recuperación, del mercado inmobiliario doméstico". De hecho, el desplome de importantes promotoras inmobiliarias como Evergrande continúa afectando la inversión privada y la disposición de los hogares a gastar.
Medidas de estímulo y sus limitaciones
Durante 2025, el gobierno implementó varias medidas de estímulo, como subsidios para reemplazo de electrodomésticos y vehículos con modelos más eficientes. También se facilitaron créditos para impulsar pequeños negocios y estimular la producción industrial.
No obstante, como advierte Weiheng Chen de J.P. Morgan Private Bank, es poco probable que dichas políticas se intensifiquen en 2026. De hecho, podrían reducirse ante la limitada eficacia demostrada y restricciones presupuestarias. A pesar de los esfuerzos, 2025 cerró con un crecimiento del 4.5% en el último trimestre, la tasa trimestral más baja desde finales de 2022 durante la pandemia.
Inversiones en tecnología: la carta a largo plazo
Frente al estancamiento del consumo y la incertidumbre inversionista, el Partido Comunista Chino ha redoblado sus esfuerzos por fomentar sectores estratégicos de alta tecnología como la inteligencia artificial, el desarrollo de semiconductores y la ciberseguridad. Esta estrategia tiene como fin la autosuficiencia tecnológica frente a las crecientes restricciones que impone Estados Unidos en exportaciones de chips avanzados.
Estos sectores no solo buscan preparar a China para rivalizar directamente con EE. UU., sino también funcionar como catalizadores de nuevo crecimiento económico sin depender tanto del sector inmobiliario o la manufactura tradicional.
Presión externa: el efecto dominó de los aranceles
El retorno de Trump a la presidencia estadounidense trajo consigo una escalada arancelaria. Sin embargo, la presión comercial contra China se extendió más allá de Washington. México y la Unión Europea también comenzaron a aplicar o amenazar con aranceles similares con el objetivo de proteger industrias locales frente a la avalancha de productos chinos económicos.
Song advierte que si más economías adoptan medidas proteccionistas, China podría enfrentar un apretón más severo en 2026. Aunque el país ha cultivado relaciones comerciales con otras regiones, múltiples frentes hostiles podrían comprometer la sólida posición exportadora que sostuvo su crecimiento reciente.
Crecimiento real vs cifras oficiales: ¿se infla la economía?
A pesar de los datos ofrecidos por el Buró Nacional de Estadísticas, algunos analistas dudan de la precisión del crecimiento reportado. El grupo Rhodium Group estimó que el crecimiento real en 2025 pudo rondar entre un modesto 2.5% y 3% —muy por debajo del declarado 5%—.
Estas diferencias suelen atribuirse a prácticas de ajuste estacional cuestionables, presión política sobre las estadísticas oficiales e incluso a métodos de cálculo divergentes con estándares occidentales.
Tensiones laborales y desigualdad persistente
Mientras las cifras macroeconómicas lucen razonablemente saludables, el ciudadano promedio chino continúa enfrentando incertidumbre. Desempleo creciente, especialmente entre los jóvenes, escasos aumentos salariales y una inflación que mina el poder adquisitivo son algunos de los retos más palpables.
La creciente desigualdad y el escepticismo sobre la movilidad social están provocando una pérdida de confianza en el futuro, especialmente entre las nuevas generaciones urbanas. Estas tensiones sociales podrían volverse una amenaza estratégica si no se abordan con reformas estructurales sinceras.
Mirando hacia 2026: proyecciones y metas a largo plazo
Para 2026, Deutsche Bank espera un crecimiento de apenas 4.5%, reflejo de expectativas más modestas ante los vientos en contra tanto internos como internacionales. Más allá del corto plazo, el gobierno chino mantiene en la mira su objetivo de alcanzar un PIB per cápita de 20.000 dólares para 2035.
Para lograr esta meta, según Neil Thomas, investigador del Asia Society Policy Institute, China debería mantener un crecimiento anual mínimo del 4% al 5%. Esta es una vara difícil frente a una población envejecida, bajo dinamismo del consumo interno y limitaciones fiscales.
Conclusión implícita: ¿una transición o una encrucijada?
China no se encuentra en crisis, pero sí en una fase crítica de transición. El modelo económico que sostuvo su auge durante décadas —impulsado por inversiones masivas y exportaciones intensivas— está llegando a sus límites.
Sin una reactivación efectiva del consumo interno, una recuperación sostenible del sector inmobiliario y una estrategia tecnológica exitosa, el crecimiento de China corre el riesgo de estancarse. Uno de los gigantes económicos del siglo XXI está ante una encrucijada: o reinventa con éxito su modelo económico para adaptarse a nuevos tiempos, o quedará atrapado en una trampa de ingresos medios, con consecuencias globales inevitables.
