La guerra contra la energía: cómo Rusia convierte el invierno en un arma en Ucrania
Ataques sistemáticos, crisis eléctrica y ensayos de diplomacia: el frente invisible del conflicto en Ucrania
En el corazón del invierno europeo, mientras la nieve cubre los campos de Ucrania y las temperaturas descienden a niveles gélidos, se libra otra batalla más allá del conflicto armado: la guerra energética. Moscú ha intensificado su ofensiva contra la infraestructura eléctrica ucraniana, afectando no sólo a zonas bajo control gubernamental, sino también a regiones ocupadas, como parte de una estrategia donde el frío se convierte en un arma.
Apagones masivos en el sur ocupado
Más de 200.000 hogares en la región de Zaporizhzhia, actualmente ocupada por fuerzas rusas, quedaron sin electricidad este domingo, según el gobernador impuesto por el Kremlin, Yevgeny Balitsky. En una publicación en Telegram, Balitsky afirmó que hasta 400 asentamientos estaban afectados debido a los daños sufridos por ataques ucranianos con drones a la red eléctrica.
Paradójicamente, estas áreas no son inmunes a los efectos de la contraofensiva ucraniana, que busca desmantelar la logística rusa. Pero mientras las autoridades prorrusas denuncian sabotajes, en el resto del país Rusia lleva a cabo una campaña sistemática de bombardeos contra instalaciones críticas.
Una estrategia con historia: “convertir el invierno en arma”
No es nuevo que Moscú ataque infraestructuras energéticas; desde el inicio de la invasión en febrero de 2022, uno de los objetivos prioritarios ha sido el sistema eléctrico ucraniano. Esta táctica se acentúa durante los meses más fríos, con la clara intención de provocar apagones prolongados, paralizar ciudades, interrumpir hospitales y debilitar la moral de la población.
En palabras de las autoridades de Kiev, el Kremlin ha puesto en práctica una forma moderna de asedio medieval: si no puedes conquistar una ciudad directamente, hazla inhabitada. El ministro de Energía de Ucrania ha hablado abiertamente sobre el uso del invierno como un “arma de guerra”, calificando esta estrategia de terrorismo energético.
Un país bajo fuego constante
Durante la última semana, más de 1.300 drones, 1.050 bombas aéreas guiadas y 29 misiles de distintos tipos fueron lanzados por Rusia contra objetivos en toda Ucrania, según informó el presidente Volodímir Zelenski. Los ataques han dejado al menos dos muertos y varios heridos en regiones como Sumy, Odesa, Dnipropetrovsk, Járkiv y Jmelnitskyi.
Los ataques más recientes incluyeron bombardeos a la infraestructura energética en Odesa, donde se desató un incendio posteriormente controlado, y a Dnipropetrovsk, donde se reportaron al menos seis personas heridas. Estas ofensivas están lejos de ser incidentes aislados; forman parte de una estrategia militar con objetivos civiles.
Kiev resiste… y responde
A pesar del colapso parcial del suministro eléctrico, Zelenski se muestra determinado a reparar la infraestructura lo más rápido posible. “Aunque la reparación del sistema energético del país es un desafío continuo, hacemos todo lo posible para restaurarlo cuanto antes”, escribió el mandatario en Telegram.
Kiev no sólo responde en el terreno militar, también en el diplomático. Una delegación ucraniana llegó este fin de semana a Estados Unidos para avanzar en un esfuerzo de paz con respaldo internacional. Según Zelenski, el objetivo es finalizar documentos con autoridades estadounidenses en torno a una posible resolución postguerra, garantías de seguridad y recuperación económica.
¿Una paz a la vista?
Si se concretan los acuerdos, podrían firmarse la próxima semana en el Foro Económico Mundial en Davos, evento al que Trump también ha confirmado su asistencia. La firma, sin embargo, requerirá que Moscú sea consultado. Mientras tanto, Rusia y sus aliados insisten en que Ucrania está bloqueando los avances hacia la paz, una afirmación que Kiev califica como táctica dilatoria.
“Si Rusia retrasa deliberadamente el proceso diplomático, la respuesta del mundo debe ser firme: más ayuda para Ucrania y más presión sobre el agresor”, declaró Zelenski en una rueda de prensa junto al presidente checo Petr Pavel.
Impacto humanitario silencioso
Más allá de las cifras y declaraciones políticas, los ataques contra la energía tienen un costo humano que no siempre se visibiliza. Millones de ucranianos enfrentan bajas temperaturas sin calefacción, cortes de agua, pérdida de alimentos por la falta de refrigeración y la imposibilidad de cargar teléfonos móviles o acceder a internet.
Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, más del 40% del sistema eléctrico ucraniano ha sufrido daños o ha sido completamente destruido durante la guerra. La organización reportó que al menos 15,7 millones de personas en Ucrania necesitan asistencia humanitaria urgente, muchas de ellas debido al colapso eléctrico.
El futuro inmediato: ¿una carrera contra el tiempo?
A medida que se alargue el invierno, la presión sobre las autoridades ucranianas y sus aliados aumentará exponencialmente. No sólo en términos de defensa aérea o reconstrucción de subestaciones, sino también en mantener el respaldo político internacional. Con la atención mundial dispersa entre conflictos múltiples —como Gaza o Taiwán—, el reto es mantener a Ucrania como una prioridad estratégica.
Además, los apagones también afectan a los centros de producción militar y logística. Rusia lo sabe y sigue apostando a una estrategia de desgaste. Según un reporte de The Washington Post, Ucrania ha tenido que redistribuir miles de generadores de emergencia donados por socios europeos y procede a reparar media docena de plantas termoeléctricas con presupuesto internacional.
El simbolismo detrás de la luz
Mantener la luz encendida en Ucrania se ha convertido en un acto de resistencia simbólica. En ciudades como Leópolis y Kiev, edificios emblemáticos lucen con generadores privados que alimentan iluminación exterior como un gesto de desafío. “Si apagamos todas las luces, estamos diciendo que nos han vencido. La luz en la oscuridad es la esperanza de que seguimos vivos”, dijo el poeta ucraniano Serhiy Zhadan en una entrevista.
En este sentido, la batalla energética no solo define una guerra militar, sino una guerra moral y psicológica. Rusia apuesta por quebrar el espíritu de un país entero a través del frío y la oscuridad. Pero a cada bombardeo, Zelenski responde con un mensaje y una reconstrucción. A cada torre caída, se erige un nuevo generador, como si el pulso de Ucrania fuese un latido eléctrico que se niega a morir.
Por qué este nuevo frente importa a todos
El conflicto en Ucrania, más allá de sus fronteras, redefine el modo en que comprendemos la guerra moderna. El uso de infraestructura crítica como blanco, el rol de la energía como factor estratégico y la movilización global para mantener funcionando un país bajo ataque son ya características de los conflictos del siglo XXI.
La pregunta, claro está, es cuánto puede soportar Ucrania sin colapsar. Y cuán lejos está dispuesto el mundo a llegar para evitarlo.
