La obsesión de Trump con Groenlandia: ¿estrategia geopolítica o desvarío imperialista?

El intento del expresidente de EE. UU. por adquirir Groenlandia levantó alarmas a nivel global, enfrentando a diplomáticos, legisladores y aliados de la OTAN en una de las mayores crisis diplomáticas recientes

Groenlandia, una vasta isla cubierta mayormente por hielo, ha pasado de ser un remoto territorio ártico a convertirse en el inesperado foco de tensiones geopolíticas globales. Esto, gracias a un polémico protagonista: el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien durante su mandato insistió repetidamente en adquirir este territorio danés. Lo que parecía una broma de mal gusto se transformó en una amenaza real, al punto de provocar una ola de diplomacia de contención entre legisladores estadounidenses, líderes daneses y los aliados de la OTAN.

¿Por qué Groenlandia?

Trump justificó su interés en Groenlandia por razones estratégicas y económicas. “Debido a los sistemas de armas modernos, la necesidad de adquirir es especialmente importante”, escribió en uno de sus mensajes en redes sociales. Aparentemente, consideraba que Groenlandia, por su ubicación geográfica y recursos naturales, podía convertirse en una pieza clave de dominación global. No era del todo erróneo: Groenlandia alberga importantes reservas de minerales estratégicos —como tierras raras— y su situación en el Ártico la posiciona como una base ideal para operaciones militares y de vigilancia.

Sin embargo, Trump no se limitó a expresar su interés. Su administración exploró la compra del territorio, e incluso valoró acciones más drásticas. Pero lo que realmente encendió las alarmas fue su amenaza, directa o indirecta, de posesión forzada, algo que políticos de ambos lados del espectro en Washington no podían aceptar en silencio.

Reacción en el Congreso: tropas, diplomacia y leyes

La respuesta en el Congreso fue rápida. El senador demócrata Chris Coons, junto a republicanos como Lisa Murkowski (Alaska) y Thom Tillis (Carolina del Norte), viajó a Copenhague en un intento por calmar las aguas. “Cuando la nación militar más poderosa del planeta amenaza repetidamente tu territorio, empiezas a tomarlo en serio”, dijo Coons tras su visita.

En paralelo, se impulsaron proyectos de ley para evitar que se utilicen fondos del Departamento de Defensa en una posible operación contra un territorio de un aliado de la OTAN sin su consentimiento. El senador Tillis manifestó su oposición: “Los aranceles propuestos son malos para Estados Unidos, para nuestros negocios y aliados”.

El temor era claro: si Estados Unidos tomaba unilateralmente Groenlandia (o intentaba hacerlo), podría significar la disolución de la OTAN, establecida en 1949 como un pacto de defensa colectiva.

Factores estratégicos: China, Rusia y los minerales

Uno de los argumentos de Trump para justificar su agresiva política hacia Groenlandia era evitar que Rusia o China tomaran ventaja sobre el territorio. Washington cree que tanto Moscú como Pekín tienen ambiciones crecientes en el Ártico.

No obstante, los representantes daneses —incluyendo al ministro de exteriores Lars Løkke Rasmussen y su contraparte groenlandesa Vivian Motzfeldt— aclararon que no existía evidencia de presencia alguna de Rusia o China en la isla. En cambio, ofrecieron fortalecer la cooperación militar y en sectores como la minería estratégica, pero siempre dentro del marco mutuo del respeto y la legalidad.

Tarifas contra aliados: ¿sanción diplomática o presión comercial?

En un intento por castigar la oposición europea, Trump anunció un arancel del 10% sobre productos provenientes de ocho naciones del continente. Esta medida fue muy criticada por senadores republicanos y demócratas, preocupados por las relaciones internacionales del país.

El líder republicano del Senado, Mitch McConnell, advirtió en el pleno que “un intento de apropiarse de Groenlandia destruiría la confianza de nuestros aliados y mancharía permanentemente el legado de Trump con una política exterior desastrosa”.

Groenlandia: historia del interés estadounidense

El interés de Estados Unidos por Groenlandia no es nuevo. Durante la Segunda Guerra Mundial, EE. UU. estableció bases aéreas en la isla. En 1946, el presidente Harry Truman ofreció comprar Groenlandia por 100 millones de dólares. Dinamarca se negó. En 1951, ambos países firmaron un acuerdo de defensa que concedía a EE. UU. el derecho a presencia militar en Thule, aún activa hoy.

Es decir, la visión estratégica estadounidense respecto a Groenlandia tiene arraigo histórico. Pero jamás había alcanzado el descaro de la propuesta o imposición de Trump.

La OTAN tambaleante

La postura de Trump también revivió dudas sobre su compromiso con la OTAN. El artículo 5 de la organización establece que un ataque contra un miembro es un ataque contra todos. ¿Qué ocurriría si EE. UU. ataca a Dinamarca, como insinuó Trump? El senador John Thune dijo que “no hay apetito aquí para las opciones que se están considerando”.

Lisa Murkowski fue contundente: “Nuestros aliados de la OTAN están siendo forzados a redirigir atención y recursos a Groenlandia, una dinámica que favorece directamente a Putin y amenaza la estabilidad de la coalición democrática más fuerte que el mundo haya visto”.

Consecuencias políticas: ¿impeachment parte II?

Algunos legisladores incluso sugirieron que una invasión a Groenlandia justificaría un nuevo juicio político. El representante republicano Don Bacon, de Nebraska, dijo que tal acción lo empujaría “a considerar apoyar el impeachment”.

Los republicanos que más se han manifestado contra este plan están, curiosamente, de salida del Congreso. Tillis fue especialmente duro con los asesores de Trump: “Que un pequeño grupo esté promoviendo acciones coercitivas contra el territorio de un aliado es más allá de estúpido”.

Un despropósito con tintes de realpolitik

Los comentarios de Trump no fueron, como algunos sugieren, simples provocaciones mediáticas. Sus amenazas provocaron acciones diplomáticas reales, reformas legislativas y tensiones militares. Dinamarca desplegó tropas adicionales, líderes europeos condenaron públicamente los aranceles, y se cuestionó el liderazgo global de EE. UU.

Aunque al final la adquisición no ocurrió, los daños ya estaban hechos. La imagen de Estados Unidos como socio confiable fue debilitada. Y el mundo se acercó, una vez más, a un conflicto innecesario por la vanidad imperial de un solo individuo.

Groenlandia seguirá siendo pieza geopolítica clave. Pero este episodio quedará registrado como uno de los más absurdos e inquietantes intentos de apropiación de territorio en tiempos modernos.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press